Crítica de ‘Posesión Infernal: Evil Dead’: Un digno remake de terror en estado puro

Las crítica de David Pérez “Davicine”: Posesión Infernal: Evil Dead

Casi al inicio de la película, uno de sus protagonistas,David (Shiloh Fernández), dice: “Esperemos que todavía funcione”,  mientras pone la llave en la cerradura de la vieja cabaña de su familia en el bosque, pero queda claro que hay un doble sentido en esa frase, y es una referencia a la idea de rehacer la película original de The Evil Dead (Posesión infernal) de 1981, un clásico de culto que lanzó al estrellato al guionista y director Sam Raimi, quien se mantiene detrás de esta película como productor, así como el protagonista de la original, Bruce Campbell, para no alejarse de los millones de fans que tienen en su emblemática saga de terror. 

El tiempo ha pasado, y treinta son muchos años para que los gustos se mantengan, además de haberse realizado un sinfín de películas basadas en cabañas en el bosque, quemando esta idea hasta la saciedad, y provocando que poca novedad aporte esta historia a nuestra década, por lo que mucho teníamos que confiar en que esta historia, presentada de nuevo, funcionara como la original, bajo la batuta de un director novato, Fede Álvarez, llegado del mundo del cortometraje… Pero sí, lo han conseguido, la idea funciona, la película funciona, y se ha adaptado al gusto actual de los amantes del cine de terror, sin olvidarse de la esencia de la original.
Posesión infernal: Evil Dead es un auténtico peliculón de terror, con más gore, más vómitos, más desmembramientos y más salvajismo que la original, respetando el espíritu de ésta, para provocar que pasemos un mal rato en el cine, y manteniendo la base de la trama de The Evil Dead: Cinco amigos, una vieja cabaña aislada del mundo, un precioso libro de los Muertos con una bonita funda de cuero, un demonio rondando por el bosques, al que le gusta realizar posesiones, y donde no faltan desmembramientos y un árbol salido con ganas de marcha (ya me entenderéis cuando la veáis).
La que sí ha cambiado es el motivo por el que los cinco amigos marchan a la cabaña, pues un buen motivo tendrían que tener para no huir a la primera de cambio de un lugar tan tenebroso e inhóspito. David, su novia Natalie (Elizabeth Blackmore), y sus viejos amigos Eric (Lou Taylor Pucci) y Olivia (Jessica Lucas) se reúnen allí para ayudar a Mia (Jane Levy), la hermana de David, a quitarse de su adicción a la droga. Los personajes están muy bien presentados, nos cuentan los detalles justos para que nos pongamos en situación, y conozcamos lo suficiente del pasado de cada uno de ellos para comprender sus reacciones.

Los actores son más profesionales que en la original, aunque Bruce Campbell siempre estará en nuestros corazones. Pero en ningún momento se decantan por quien acabará siendo el protagonista absoluto, compartiendo bastante tiempo en pantalla todos ellos, aunque especial atención en el reparto merece Jane Levy, quien logra asimilar perfectamente su rol de poseída  y mantener el ritmo que el director requiere de esta película, jugando con la ambigüedad de belleza e inocencia a la vez que asusta y desagrada. Poner a Levy (de la serie de televisión Suburgatory) en el papel de Mia puede ser de lo mejor de una buena remesa de películas de terror desde que se puso a Naomi Watts en The Ring. Realiza una interpretación memorable, repleta de energía, ya sea en momentos de nerviosismo, frenética, asustada… todo ello es contagioso, consiguiendo que nos sintamos como si experimentáramos todo lo que ella padece. 

Pero regresando a la trama, obviamente la cabaña no es la “bonita” cabaña que recordaban de su pasado, y en ella ha sucedido algo malo, algo que dejan claro desde el principio con las cosas que encuentran en el sótano  lugar donde aparece el detonante de la historia, el famoso libro de los muertos, el Necronomicón, el cual, tras ser leído, pues siempre alguien hace el tonto y lo lee, como en todas las películas, se desata la maldad que se nos narra en la película.
En el momento en el que se desata el mal, dejamos de considerar Posesión Infernal: Evil Dead una película normal para ser una especia de llamada de socorro de nuestros sentidos, pues las secuencias de brutalidad, violencia explícita, uso de cualquier objeto para desmembrar y dañar al prójimo o a sí mismo, crece por momentos, siendo sólo un plato de buen gusto para los amantes del terror y del gore.
El debut de este cineasta deja claro que tiene un gran talento para narrar con gran ritmo escenas con imágenes horribles, en las que no sólo encontramos el gore necesario para girar la cabeza, sino que también ha mamado del terror japonés, con secuencias muy “made in Japan” que tantos remakes ha dado en los últimos años. Esa fusión de estilos provoca que sea difícil encasillar esta película en un tipo de terror en concreto, pero sí que podemos decir que es “terror en estado puro”.
Y si somos amantes de la trilogía original, tendremos nuestra dosis de homenajes y guiños, pues nos dejan ver escopetas y motosierras e ilustraciones del Necronomicón que se parecen mucho, pero sin lugar a dudas, lo mejor llega al final de los créditos, así que ya sabéis que debéis esperar. 
Esta película no es una comedia de terror, al igual que las secuelas de Sam Raimi, pero coincide con la original en la creación de momentos ocasionales y sorprendentes de humor en medio de lo que es el terror en sentido estricto. Una secuencia particularmente buena implica una pistola de clavos, y un buen chiste macabro tras una autoamputación es bastante eficaz a la hora de difuminar la línea entre las dos. Sustos efectivos, guiños respetuosos y nuevos giros que hacen de ésta una buena película de terror empapada de sangre.
Incluso siendo una versión ligeramente modificada y actualizada de una película que hemos visto muchas  veces, logra labrarse su propio y memorable lugar en la historia de esta saga.

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