Crítica de ‘Nameless Gangster’: Cuando el cine asiático revitaliza un género

Las críticas de David Pérez “Davicine”: Nameless Gangster
Claramente, el mejor momento en todas las películas sobre crimen organizado se produce cuando el aspirante a gángster se convierte en uno. En  Uno de los nuestros es cuando Henry regresa de su primer arresto y es recompensado por sus compañeros mafiosos por no delatarlos. En El Padrino es cuando Michael Corleone pone una bala en la cabeza de Sollozzo. En este épico drama coreano  es cuando Choi Ik-hyun (Choi Min-sik) va a un bar de karaoke de alto standing.
Allí, Ik-hyun se topa con su exjefe después de una noche celebrando su primer negocio con drogas. Palabras duras conducen a golpes e Ik-hyun da al hombre una paliza terrible. La música se detiene. Los ojos de todo el bar caen sobre él. Ik-hyun se queda en estado de shock, y luego, como si un peso se hubiera quitado, sonríe y camina hacia la puerta. En ese momento nace un gángster, y con él, una nueva gran película de gángsters.

Nameless Gangster ha sido una de las películas más exitosas del año 2012 en Corea del Sur, con más de 4 millones y medio de espectadores y 32 millones de dólares recaudados en taquilla, siendo la segunda colaboración entre el actor Ha Jung-woo y el director Yun Jong-bin tras The Unforgiven y Beastie Boys, y el retorno a la gran pantalla del inconmensurable Choi Min-sik después de dos años de descanso tras su histórica interpretación en Encontré al Diablo de Kim Jee-woon. Muchos la han comparado con el mejor trabajo de Martin Scorsese. 
La película nos cuenta como en 1982 Ik-hyun (Choi Min-sik) es un funcionario de aduanas corrupto que está a punto de ser despedido. Decidido a dar un último gran golpe, al intentar vender una bolsa llena de heroína termina aliado con uno de los jefes mafiosos más importantes de Busan, Hyung-bae (Ha Jung-woo). Ik-hyun se gana la confianza de Hyung-bae de inmediato gracias a su imparable verborrea, y así la fuerza de uno y las habilidades del otro permitirán a ambos convertirse en los amos de Busan. Pero al llegar los años 90, el gobierno anuncia la guerra abierta contra el crimen organizado, y es entonces cuando empiezan a aparecer grietas en su relación. La guerra abierta por el poder absoluto ha comenzado.
Nameless Gangster  está llena de guiños a los clásicos americanos como Atrapado por su pasado y El padrino,  incluso con secuencias a cámara lenta de la banda criminal caminando por la calle. Aunque la película en sí puede seguir muchas de las convenciones del género, el inusual personaje que supone Ik-hyun nos atrae y es muy convincente. La magistral actuación de Min-sik no coge por sorpresa a nadie, pues es uno de los actores más famosos de Corea, convertido en alguien mundialmente conocido por Encontré al diablo y Lady Vengeance. El actor logra que nunca estemos seguros de si el funcionario público con mal genio tiene un cerebro retorcido o es un bobo que tuvo suerte, pero lo que sí que sabemos es que él tiene un código moral mucho más inestable que el de sus compañeros mafiosos.
El protagonista se desliza a través de los bajos fondos y los niveles de corrupción del gobierno, manipulando sus incontables conexiones familiares que apuntalan la sociedad coreana y, en ocasiones, recurre a una violencia extrema.
La compleja interacción entre los dos protagonistas constituye el núcleo de este drama, aunque las interpretaciones son realizadas muy uniformemente y con gran acierto de forma independiente. 
Lo que sí está claro es que incluso las películas que revitalizan un género a menudo son víctimas de algunas de sus deficiencias más comunes. Al igual que la mayoría de películas de crimen organizado, las mujeres de Nameless Gangster son relegados a un segundo plano, a pesar de que Kim Hye-eun se las arregla para distinguirse como una mujer de sangre fría propietaria de una discoteca, la cual tiene un momento extraño con Ik-hyun, pero su difícil relación no es coherente. La escena del asunto en sí tiene un propósito, pues permite a Ik-hyun revelar sus aspiraciones más íntimas, pero uno no puede dejar de preguntarse si se perdió algún potencial.
El joven director Yun Jong-bin ha logrado crear un mundo completo y sombrío, donde la corrupción se ha infiltrado en todos los rincones de la sociedad, y logra una película que reflexiona sobre lo que significa ser un tipo duro cuando todo el mundo parece tener algo de gángster en el fondo.
Nota: La edición empleada para la reseña ha sido el DVD editado por Mediatres Estudio que se puede adquirir aquí.

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