Crítica de ‘Jack, el caza gigantes’: Mucho espectáculo y poca chicha

Las críticas de David Pérez “Davicine”: Jack, el caza gigantes

Bryan Singer presenta su particular visión del clásico cuento de “Las habichuelas mágicas”, pero que a diferencia de otras adaptaciones de fábulas y cuentos populares que se comportaron como huevos de oro para los estudios, ésta realmente es una película aburrida que no aportará nada a la pantalla grande. En plena ola de películas de acción y aventuras de fantasía, vemos que provienen de gran número de fuentes diversas: muchas de cuentos de hadas antiguos, otras de novelas de Tolkien, e incluso de películas kitsch de los 80 como Furia de Titanes. Todas ellas parecen, de alguna manera, realizarse para el espectáculo visual y un trabajo digital brillante, con las mismas batallas esenciales repletas de monstruos, que ofrecen intermitentemente escenas divertidas y frenéticas, pero que con demasiada frecuencia no aportan mucho más, como es el caso.
Si analizamos la película para un público adulto, es demasiado infantil el tratamiento de los personajes, al igual que muy básico el argumento, lo que refuerza la sensación de indiferencia ante la película. Pero si la propuesta la vemos como una película para los pequeños, contiene demasiada violencia y un uso excesivo de los clichés habituales  como el de princesa que debe ser rescatada por el héroe, el campesino que aspira a pertenecer a la realeza,… Por lo que no sabemos encajar el público al que va destinada.

La película se inicia con el joven Jack tumbado en la cama mientras su padre recita su leyenda favorita de un librito muy manoseado. Mientras tanto, en el palacio, la princesa Isabel escucha atentamente la misma historia contada por su madre. Ambos están igualmente atrapados por circunstancias muy diferentes, y buscan desesperadamente salir y vivir aventuras.
Ahora bien, no es hasta diez años después cuando la historia central de la película tiene lugar, momento en el que Jack (Nicholas Hoult) pretende vender el caballo de su familia mientras Isabel (Eleanor Tomlinson) huye del palacio después de haber sido prometida a Roderick, el intrigante consejero del Rey, interpretado por Stanley Tucci. Y es en el momento del encuentro entre Isabel y Jack bajo la tormenta, cuando realmente la película se supone que arranca la trama, el momento en el que hacen acto de presencia las semillas mágicas que accidentalmente provocan un enlace de comunicación entre la tierra de los humanos y la de los gigantes, donde se vivirán las aventuras principales.
Singer es ahí, en las nubes, donde plantea llevar la diversión al espectador, jugando con la escala de una serie de jugadas a balón parado divertidas e ingeniosas reforzadas por el uso inteligente del 3D.  Nos encontramos con gigantes que son un conjunto de trolls  sarnosos, como los trolls de El Hobbit, aunque en este caso los efectos de captura de movimiento son aún más individualizados visualmente, viendo como uno se mete el dedo en la nariz y se asemeja a un desecado Max von Sydow, otro que tiene el pelo de Questlove, y el líder, el General Fallon (interpretado por Bill Nighy), es en realidad una especie de troll guapo, o al menos de cara al gusto de los trolls, con su segundo de a bordo pegado a su hombro derecho. Los gigantes son duros de ver, pero cuando hablan más bien podrían ser hooligans de fútbol en un bar. Cualquier sentimiento de asombro espantoso rápidamente se desvanece. Al menos es emocionante ver como un desafortunado guardia humano corretea hacia la cámara mientras vemos a un gigante al fondo, e igualmente divertido es ver como los gigantes preparan un “humano” almuerzo a modo de salchichas, aunque quizás un poco desagradable para los espectadores más jóvenes.
Pero poco más destacable tiene la película, pues lo que suele ser un momento álgido  como el asedio final, está bastante menos inspirado, aunque por lo menos tiene forma narrativa, una narrativa más suave y más centrada que en otras películas de fantasía recientes, como la interminable secuencia inicial de El Hobbit.
En lo que respecta al reparto, encajan en la manera de divertir y amenizar, con Ewan McGregor aportando escenas distendidas, pero no logran que nos sintamos en su piel, no logran que deseemos que vivan más aventuras o se salven, sencillamente se suceden las escenas unas detrás de otras, unas más amenas que otras, pero sin que deseemos que la película no termine.
Y como toda fantasía, tiene que haber un romance, pero que no nos convence. Once años después de About a Boy, Nicholas Hoult ha crecido y se ha transformado en un actor triste con grandes pómulos, pero en este caso, cuando no está hundiendo cuchillos de cocina en las espaldas de los gigantes, hay una especie de ausencia hacia su personaje, alguien con una interpretación tan pusilánime que representa a un héroe sin sangre, y ni siquiera notamos en él un hormigueo romántico, algo que debería aparecer si está enamorado. Menos mal que junto a él vive las peripecias el atractivo McGregor, que aporta el complemento del valor como capitán de la guardia personal del rey, además de Stanley Tucci, que siempre cumple en sus películas.
Al menos siempre nos quedaran los efectos visuales de la película, que son impresionantes y no menos en la batalla final, con fosos de petróleo ardiendo y molinos de viento utilizados como discos voladores, pero por desgracia, el guión no aporta un sentido real de la consecuencia de la acciones. Y sí, estaremos asombrados ante el espectáculo pero impasibles emocionalmente.

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3 comentarios sobre “Crítica de ‘Jack, el caza gigantes’: Mucho espectáculo y poca chicha

  • el 25 marzo, 2013 a las 12:41 pm
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    sospecho que estamos ante una peli de esas, qeu si no esperas mucho y le toleras otras cosas te puede agradar un día de lluvia repanchingado en el sofá.

    Semper fidelis a Singer

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  • el 6 abril, 2013 a las 7:31 pm
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    Bueno, no esperaba gran cosa, pero a mí, sin embargo, me pareció entretenida. Sí es cierto que el título no debería haberse llamado así porque tiende a desorientarse, además que no termina de ser la tradicional historia de las habichuelas mágicas.

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