‘Amor y letras’: La crisis vital de los que no saben vivir el momento

Las críticas de Carlos Cuesta: Amor y letras (Liberal Arts)



Amor y Letras es una buena comedia romántica que sin ser maravillosa plantea ciertas escenas clave de una forma original y sorprendente. Ya sólo con eso marca de algún modo la diferencia. La historia planea sobre el gusto (casi la obsesión) por la lectura para hablarnos de esas etapas de la vida que a unos se les atraviesan mientras que otros las recuerdan como el mejor momento de sus vidas. Madurar, envejecer con dignidad y gozo mientras se encuentra el disfrute allí donde aparezca son las claves de una película más que suficiente para disfrutar durante hora y media en el cine.

Josh Radnor (Cómo conocí a vuestra madre) interpreta a Jesse Fisher, un joven de 35 años licenciado en Literatura que se muda a Nueva York después de terminar sus estudios en Ohio. Zibby (Elizabeth Olsen) es una estudiante de Arte Dramático 16 años menor que él y alumna del mismo campus que él frecuentó. Los dos se conocerán durante la visita de él a Ohio para la cena de jubilación de uno de sus mentores (Richard Jenkins). Pese a la diferencia de edad se creará entre ellos un fuerte lazo sentimental, sin embargo él sentirá reparos a la hora de dar el paso definitivo hacia una relación física.

Liberal Arts (o Amor y Letras) es un relato repleto de humor fresco, inteligente incluso, empapado de un ambiente dulce, demasiado acaramelado, pero muy divertido. Se trata de una película muy fluida que triunfa cuando plantea preguntas y respuestas a cuestiones trascendentes sobre lo que las personas esperan de la vida; sobre ese momento crítico en el que la gente se rinde y abandona el intento de ser feliz.
Puntos a favor de esta historia son que no se limita a contar una historia de amor y que resuelve escenas convencionales de forma nada convencional, como escuché decir a otra espectadora durante el pase de la película en la Sección Oficial de la Seminci. Ciertas situaciones más que típicas de la comedia romántica americana terminan aquí con un resultado inesperado que marca la diferencia, que le aportan profundidad y permite explorar caminos y temas más interesantes si cabe que el de las relaciones amorosas.
Al margen de los dos protagonistas, el personaje de Richard Jenkins no sólo es un papel que está la altura del actor sino uno de los nexos que le permite a Jesse regresar a su pasado más feliz y que aparece siempre en el momento adecuado para darle el relevo a la historia de amor. Su propia historia simultánea es la de un hombre que no sabe qué hacer ahora que se ha jubilado. Se trata de una persona que siempre se ha sentido joven y que ha podido sentirse así gracias al contacto con los estudiantes. Ahora que se ve obligado a abandonar su rutina debido a la jubilación teme ser tremendamente infeliz. Por contra Zibby es una joven que se siente especialmente madura y que encuentra en Jesse, ella misma lo reconoce, un atajo para alcanzar las situaciones que corresponden a la edad que ella siente que tiene. 

Otros personajes nos darán otros testimonios jóvenes y adultos de infelicidad extrema, uno porque no sabe qué esperar de la vida; otra, una antigua profesora de Jesse (Allison Janney), porque la vida que ya ha vivido le parece una basura y está convencida de que no va a mejorar. La escena de seducción que comparten el protagonista y ella, que es su profesora favorita de la universidad, es especialmente divertida, de diálogos cargados de un desternillante humor negro.
En Amor y Letras apenas puedo distinguir el personaje de Jesse Fisher del de Ted Mosby que aparece en la serie Cómo conocí a vuestra madre (cambiemos Literatura por Arquitectura y casi tendremos un calco). Josh Radnor, que los interpreta bien a los dos, lógicamente, ha diseñado una historia a su medida y él mismo la dirige, escribe, protagoniza y produce. Todas las cosas las ha hecho bien, pero corre un serio riesgo de encasillarse del que ya se habrá dado cuenta. Con su segunda película me ha hecho reír e incluso me ha hecho pensar un poco con esta historia romántica y entusiasta que es también un homenaje a la buena literatura y a la buena música y, por supuesto, al humor divertido y de buen gusto.

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