‘El cuerpo’: Suspense bien dirigido y grandes actuaciones de Belén Rueda y José Coronado

Las críticas de Carlos Cuesta: El cuerpo

Una  idea interesante transformada en un buen guión, bien grabada, estructurada con habilidad e inteligencia y puesta en escena por actores profesionales de prestigio tiene que acabar necesariamente en una buena película. En estas pocas líneas y sin pensármelo demasiado estoy apuntado muchas de las carencias del cine español, una industria que se empeña en hacer difícil lo que no lo es tanto y en transformarse en víctima. Lo que ocurre es que en España, en esto del cine, escasean las buenas ideas, a los actores les falta oficio y les sobra vanidad y los directores se empeñan en diseccionar sus manías y sus egos sin importarle si el público va a disfrutar con ello. Por ser mañana el día que es, hoy he dado por terminado el año en lo que a cine se refiere con una buena película española, El cuerpo. Y no es que sea sólo una buena película española, es que lo es comparada con las que se hacen en este país y con las que se hacen fuera, y lo es porque cumple todo lo que comenté al principio.
Belén Rueda interpreta a una poderosa empresaria fallecida de un infarto. Su marido, Álex Ulloa, (Hugo Silva, Agallas) es el director del laboratorio farmacéutico que ella preside, un pobre hombre, empequeñecido por la presencia, la posición y el carácter de su pareja. Él ha sido el responsable de la muerte, al mezclar en una copa de vino una toxina que puede provocar un infarto cardíaco. Cree que una vez fallecida su mujer podrá disfrutar de su fortuna junto a su amante (Aura Garrido), pero un inspector de policía (José Coronado) le llama para decirle que el cuerpo ha desaparecido del anatómico forense. Para Ulloa comienza una pesadilla que le empujará a la paranoia en una noche intensa. Mientras empiezan a ocurrir sucesos que le incitan a pensar que ella sigue vive, le hostiga y quiere incriminarlo, la Policía cada vez está más convencida de que él la ha asesinado y se ha llevado el cadáver.

El cuerpo discurre principalmente en las instalaciones del anatómico forense, una ubicación un tanto siniestra ideal para inquietar e intimidad al espectador y tenerlo en tensión. La historia comienza con la huida del vigilante nocturno, que huye aterrado de su puesto y es atropellado. El incidente pone a la Policía tras la pista de unos hechos inusuales y de la desaparición del cadáver. A través de recuerdos y vueltas atrás en el tiempo iremos conociendo el trasfondo del suceso, las motivaciones del marido más allá de la avaricia, la naturaleza opresiva y dominadora de una mujer sofocante y poderosa.
Se trata de una película de suspense bien encauzada, que se toma el tiempo necesario para construir a los personajes y cargar de sentido sus acciones. La trama te absorbe, todo sucede de forma fluida gracias a una muy buena realización, una excelente grabación y al buen trabajo de los actores. Respecto a esto último, y pese a todo, el desarrollo está un tanto contaminado por la torpeza y la continuada indiscreción del personaje Hugo Silva, quizá premeditada y sujeta al guión (quién sabe cómo reacciona un hombre en su situación). Es difícil distinguir si es el actor el que se enfrenta a sus propias carencias o si su personaje pusilánime es el sacrificado para que la historia pueda avanzar y concluir como debe. Esta circunstancia es similar a la que vemos con Aura Garrido, la amante. Los giros ciertamente inesperados de la trama parecen indicar que su actuación espesa e impostada responden a una justificación.

José Coronado vuelve a estar excelente en la piel de un policía. Su trabajo nos hace próxima la vida de un hombre señalado por la tragedia, un personaje duro y un tanto colérico, estricto y mordaz. Su papel es clave, incisivo, verosímil. La carrera de este actor, bien nutrida hasta ahora, está despuntando con papeles muy notables (los que hace en El cuerpo y No habrá paz para los malvados son dos ejemplos recientes y evidentes). Su caracterización, que en principio podía parecer extraña, se muestra como un acierto. Este hombre se ha ganado que imdb tenga una foto suya en su perfil, al menos.
Que una actriz vaya mejorando con los años es el curso natural de las cosas, pero el curioso caso de Belén Rueda sigue siendo que cada vez es más guapa e interesante. Oriol Paulo escribió el guión de Los Ojos de Julia, que ella interpretó, y ahora sus caminos se vuelven a juntar en el primer largometraje del realizador catalán, también escrito por él junto a Lara Sendim. Demuestra que domina el suspense y el terror, y Belén Rueda evidencia que encaja en los dos terrenos (aunque El orfanato la hizo parecer una emulación española de Nicole Kidman en Los otros, el tiempo ha refrendado su trabajo en este tipo de películas). El papel de mujer dominadora y casi cruel es uno de los mejores de su carrera, sino el mejor. Su actitud y su imagen componen un personaje cuya presencia llena la película, se siente de forma continua, te aprisiona tanto como le agobiaba a su marido. Esta presencia se manifiesta en cada escena, tanto en las que aparece en las que no.

Es cierto que el buen comienzo y el consistente desarrollo de El cuerpo están a punto de ser boicoteados por un final que riza el rizo y que camina por el alambre, pero la propia historia se encarga de resolver el lío en que se mete. El suspense manda, la historia convence, y disfrutamos el infrecuente lujo de policías hablando como policías y haciendo cosas que parecen comunes y lógicas de policías. Los actores no se ponen en ridículo a ellos mismos intentando ser una mala copia americana. 

No deberíamos volvernos locos y decir que El cuerpo es una película grandiosa, pero es muy buena, ayuda a pasar un rato entretenido y, lo que es tan importante o más, vuelve a marcar el camino que debería seguir el cine español para despojar a nuestro cine de esa etiqueta, casi despectiva que implica su propio nombre: cine español.

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