‘Skyfall’: Bond, siempre Bond

Las críticas de Manuel M: Skyfall

  
La nueva película de James Bond tiene muchas cosas. Y diréis “¡vaya novedad!, persecuciones, mujeres, tiros, gadgets, explosiones, Bardem, supercoches…”. Pues si, pero no me refiero a eso. No voy a entrar a relatar en detalle el guión más profundo de Skyfall, pero sí adelantar que esta película es un punto de retorno.

El guión, clásico y tópico, nos sitúa inicialmente en Estambul, con Bond y una atractiva compañera (cuyo nombre no sabemos hasta el final de la película), persiguiendo a un peligroso asesino que ha matado a varios agentes y ha robado un disco duro con la información de muchos operativos infiltrados en grupos terroristas. El disco vuela, y comienza una carrera contra el tiempo para evitar que el contenido del mismo salga a la luz. Por el camino, Bond se enfrenta a un nuevo enemigo: La edad. Desde el gobierno, Gareth Mallory (Ralph Fiennes) critica que siga haciendo trabajo de campo un agente ya tan veterano, que además, ha sido herido innumerables veces. Moviéndose por Macao, Shangai, y Londres, se enfrentará a un enemigo escurridizo, tremendamente hábil y que siempre va un paso por delante. 

Aunque el guión nunca ha sido el punto fuerte de la saga de Bond, Skyfall es más floja aún que las anteriores, especialmente, en la primera mitad de la película. Luego remonta, hasta un final espectacular, digno del mejor 007, con una serie de homenajes a sus predecesoras (recordemos que estamos en el 50 aniversario del estreno de la primera película Bond), que dejan en el espectador una agradable sensación de nostalgia. La última escena, en particular, hará las delicias de los más aficionados a la saga, con varios detalles realmente “originales”. También adelantaré, sin dar demasiados detalles, que en la película se revelan muchos detalles de Bond, de su vida antes de ser agente secreto, algo completamente inaudito, y que convierte a Craig en el 007 más humano de la saga. 
Por cierto, que Daniel Craig, como siempre, borda su papel, y da la talla en una película en la que, aparte de ser James Bond, se le pide una vuelta de tuerca con el personaje, enfrentándolo a aspectos nuevos para el mismo. En general, el resultado es bastante bueno, y destacaría si no fuera por Bardem. Bardem sí que borda su actuación. Es el villano más peligroso y, a la vez, con los motivos más claros y sencillos que recuerdo en una película de 007. Y es por ello el más convincente. Su presentación a Bond, con momento “tenso” incluido es soberbia. En 5 minutos conocemos al villano, y sabemos que realmente está loco, muy loco. Histriónico, y desmedido, quizás sea porque es un papel a la medida de Bardem, con algún toque almodovariano, pero aun así, es magnífico. Cada vez que aparece en escena, el espectador (¡increíble!) está más pendiente de lo que hace él que lo que hace 007. No es un villano, es EL villano. Después de él, el Dr. No, Sprectre, y similares, caen al nivel de malos de opereta. 
En definitiva. Una película de James Bond distinta a las anteriores. Larguísima (dos horas y media), con un guión con flecos sueltos de inicio, pero que desde el momento en que Bardem entra en escena cambia completamente de registro, y se vuelve frenética, al tiempo que comienza a hacer una serie de guiños a toda la saga Bond, así como a Londres, protagonista en buena parte del metraje, rematando con dos escenas que dejaran al espectador con un buen sabor de boca. Después de 50 años, Bond sigue siendo el mejor espía.
Que aproveche.

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