‘High school’: Una mala tarde la tiene cualquiera

Las críticas de Carlos Cuesta: High School

Entrar en una sala de cine a ver High School fue meramente circunstancial. De hecho, si uno ha leído la sinopsis y la asocia al título, la verdad es que hay que tener cierto valor para decidirse a dar el paso. La verdad es que añadirle la palabra Musical ya sería suficiente para que el film pareciera una película de terror. De todos modos, quizá porque no esperaba nada de ella, tuve un momento entretenido y me reí, porque aunque no es estupenda, de hecho ni siquiera es buena según con qué la compares, la verdad es que sus diálogos y las bromas tienen su gracia y su ingenio.
Henry (Matt Bush) y Travis (Sean Marquette) son dos estudiantes de instituto con vidas académicas paralelas, pero que van en sentidos contrarios. Henry es un joven inteligente, aplicado, fuera de lo común, aunque un tanto tímido; Travis es una bala perdida cuya mayor afición es colocarse con marihuana. Un incidente con el director del centro les reunirá en la sala de castigo y recordarán los días en que eran amigos. Ambos se preguntarán qué les separo, y aunque quede claro que fueron sus expectativas de la vida y la marihuana, hay algo más. El caso es que en un momento de exaltación de la amistad Henry decide fumar un porro con su compañero. Será el peor momento posible, puesto que el director ha emprendido una cruzada contra el consumo de drogas y ha programado análisis obligatorios para los alumnos, algo que puede destrozar su futuro y su acceso becado a la universidad.

Un cortometraje y ahora esta película son las apariciones como director de John Stalberg, que coescribe y dirige una historia que trata de resolver de una forma imaginativa el lío en el que se ve atrapado el protagonista. La solución le viene por el concurso benéfico de postres del instituto. Si consiguen sustituir los brownies por otros hechos con marihuana, todo el instituto dará positivo en el test y tendrán que anular los resultados. La trama nos cuenta la forma de conseguirlo, y ahí entra en juego el camello interpretado por Adrien Brody, alguien que fue un auténtico niño prodigio y que ahora se encuentra colocado perpetuamente (no Adrien Brody, su personaje).
La presencia de este actor, y el curioso papel que interpreta, parecía capaz de dar algo de hondura a la historia, pero el intento de robo de su “mercancía” se convierte en una payasada un tanto descabellada (aunque tiene sus momentos, gracias a una rana, sí, una rana). Durante la película “disfrutaremos” de una repetición de similares escenas de escapismo para robar cosas, porque cada decisión de los chicos les llevará a una escalada de errores que cada vez complica más su situación. Así todo devendrá en algo parecido a una gymkana.
High School no es la típica película de instituto y líos de faldas, aunque la escena en la que aparecen las animadoras entrenando nos muestre un escenario de chavales con las hormonas disparadas. Ni hay escenas de sexo ni la búsqueda de una relación, romántica o sexual, centran la película, aunque los comentarios sexuales y las bromas impúdicas aparezcan, de vez en cuando. Es casi un ingrediente ineludible, porque aunque puedan sobrar no se le pueden poner demasiadas cortapisas a la irreverencia.
Al hablar de una película como ésta, que no tiene muchas pretensiones y sólo quiere divertir a un público concreto, no tiene demasiado sentido centrarse en las cosas negativas. No se la puede comparar sin crueldad con una buena película o con las grandes películas de humor, pero tiene situaciones divertidas en las que no puedes evitar reírte, situaciones incluso delirantes y sketchs paralelos continuados y reincidentes que acaban consiguiendo la complicidad del espectador, si está relajado y no se pone exigente.
El guión acierta con el tipo de diálogos y con el tono de las bromas y logra frases y momentos ingeniosos. En ocasiones parece incluso que el director le va a permitir a la película un tono más trascendente. De hecho, la escena del rencuentro de los dos amigos refleja una situación muy real sobre el consumo de drogas. Porque es así, decir sí a la primera vez es de veras sencillos, no aparecen señales de alerta ni alarmas que te digan que puedes estar cometiendo un terrible error. 
High School además juega con varias ideas que, sin ser muy complejas, son bastante interesantes, aunque la historia pierde la oportunidad de darnos una buena moraleja al unir, por ejemplo, la frase “sé alguien” con el consumo desinhibido de drogas. Pero hablemos de esas ideas que os decía. La película no deja de ser una dramatización ridiculizada de ejemplos reales de personas que viven en un mundo ficitcio; personas que piensan que en la vida todo se resuelve solo y que su existencia será fantástica sin ningún tipo de esfuerzo; que la vida tiene siempre nuevas oportunidades para ellos porque la adolescencia no es una etapa de formación, sino un campo de pruebas de todo lo que “mola”. Tras esta idea, otra que es una pizca más trascendente: cuidado con creernos más que los demás y con pensar que nuestras vidas son más valiosas y relevantes que las de otras personas menos afortunadas. Una mal día, una mala decisión, nos puede convertir en eso que despreciamos y sobre lo que no tuvimos ningún tipo de comprensión.

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