Sitges 2012 – ‘Citadel’: La empatía como vehículo del horror

Las críticas de Agustín Olivares: Citadel



Citadel nos cuenta como Tommy es testigo impotente de la agresión que una banda de niños encapuchados perpetran contra su mujer embarazada. El bebé logra sobrevivir, pero ella queda en coma. Tras esto, Tommy desarrolla una agorafobia aguda, y empieza a sospechar que los niños le están siguiendo.
Sitges es un escaparate incomparable para poder disfrutar de filmes de los que, probablemente, ni siquiera sabríamos de su existencia. Una de estas cintas es Citadel, producción Irlandesa con la que Ciaran Foy se estrena como director y guionista.

Es una de esas escasas películas que consiguen que el espectador empatice totalmente con el protagonista. Desde las butacas ves el mundo como lo hace un agorafóbico, sientes su desasosiego, te acurrucas cuando el protagonista tiene miedo y te incorporas cuando se enaltece. Foy ha conseguido hilvanar un ejercicio empático perfecto, dotando de profundidad a los personajes y enmarcando la acción en un entorno que transpira hostilidad. Realmente sientes el miedo, y eso es debido a que el terror viene de una situación y de un entorno real potencialmente real.
La música, la fotografía, los decorados… todo funciona, todo es creible, todo hace que el espectador se zambulla en la película y no lo deje escapar hasta el final.
Merece una mención especial Anaurin Barnard, actor protagonista, que ejecuta una actuación impecable, realista, realmente agobiante. A lo largo de la historia vemos como su personaje cambia por completo, de ser un individuo sociable y sano a ser un agorafóbico con muchos problemas para hacer vida normal.
Citadel me ha atrapado desde el principio. Es la película más intensa que he visto en este Sitges 2012, muy por encima de las grandes producciónes que atraen al público más comercial. Es una lástima comprobar cómo se desaprovechan grandes producciones en favor de otras con mayor apoyo de las majors.

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