57 SEMINCI. Seccion oficial: ‘Les Chevaux de Dieu’ (‘Los caballos de Dios’). Retrato íntimo de los niños que crecen en un ambiente tóxico

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 57 SEMINCI
Les Chevaux de Dieu (Los caballos de Dios)
Les Chevaux de Dieu es una interpretación libre de los atentados terroristas que tuvieron lugar el 16 de mayo de 2003 en Casablanca, y a pesar de lo que pueda parecer, es una interesante historia humana, de supervivencia y opresión, narrando la vida de los protagonistas desde su infancia hasta la madurez, y las consecuencias que pueden conllevar sus actos.
Yachine tiene diez años y vive con su familia en Sidi Moumen, un poblado de chabolas de Casablanca. Su madre, Yemma, hace lo que puede por sacar adelante a la familia. Su padre se encuentra en un estado depresivo y de sus tres hermanos uno está en el ejército, otro es prácticamente autista y el tercero, que tiene trece años y se llama Hamid, es el cabecilla del barrio y el protector de Yachine. Cuando Hamid es encarcelado, Yachine se ocupa de varios trabajillos que le ayudan a escapar del marasmo provocado por la violencia, la miseria y la drogadicción que la rodean.

Cuando Hamid sale de la cárcel se ha convertido en un islamista radical y convence a Yachine y a sus amigos para que se unan a sus ‘hermanos’. A partir de aquí viviremos con ellos la evolución de un “martir” y los motivos por los que uno puede llegar a aceptar realizar ciertos actos, respondiendo algunas preguntas que quizás nunca nos hemos planteado, pero nunca está de más conocer sus respuestas.
El director, Navil Ayouch, intenta dar respuesta a ciertas preguntas, sobre todo la relativa a qué hacían estos mártires antes de cargarse a la espalda kilos de explosivos para saltar por los aires y llevarse por delante la vida de decenas de ‘infieles’.
Les Chevaux de Dieu, que arranca con la premisa de narrarnos lo acontecido previamente a las cinco explosiones simultáneas de terroristas en Casablanca, utiliza los eventos actuales – la muerte del rey Hassan II, el ataque contra el World Trade Center – para explicar cómo los habitantes del barrio Sidi Moumen se dieron la vuelta lentamente para mantener a las mujeres en casa y tolerar, cuando no abrazar, el auge del fundamentalismo. No todo el mundo comparte predicar a la gente con barba y afirmar que “apoyar a Al Qaeda es un deber religioso”, pero la película muestra cómo insidiosamente la célula fundamentalista se hace cargo del papel de la policía en la protección de las personas, ayudando a los pobres e incluso absolviendo asesinatos, cuando uno de los suyos está implicado.  
Desde el inicio vemos que no estamos ante una película más de terrorismo, sino una gran película que explora las vidas de sus protagonistas, un retrato íntimo de los niños que crecen en un ambiente tóxico, con un gran ritmo, poderosamente narrada e interpretada convincentemente. Aunque en última instancia está basada en hechos reales, la película evita la sensación de documental girando en una obra equilibrada pero sincera.
La película hace un buen trabajo para humanizar a los terroristas en tanto que el director sale definitivamente en contra de la violencia que podemos ver por las víctimas inocentes que están disfrutando de su comida y baile cuando el restaurante es atacado.
Todos los actores son no profesionales y aportan gran credibilidad a la historia, aunque Rachid se hace con el papel principal. Se evita en lo posible una gran cantidad de diálogo, pero las escenas en la mezquita pueden ser un poco pesadas, lo cual no rompe el ritmo dinámico para desarrollar la evolución de los protagonistas.
La fotografía y el trabajo técnico es de gran calidad, acompañado de una banda sonora que nos traslada a la miseria, y nos acompaña a hacia el inevitable y desgarrador clímax vivido en Casablanca. El tipo de película que te dejará con muchas preguntas, tal vez incluso con un poco de culpa.

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