Atlántida Film Fest: ‘Bellflower’

Las críticas de Carlos Cuesta: Bellflower

Bellflower es una película sorprendente, desbordante de entusiasmo y energía (positiva y negativa) que habla sobre dos amigos inseparables que disfrutan de la vida a su manera, con los pasatiempos de muchos jóvenes estadounidenses comunes. Pero ellos además llevan a lo real sus obsesiones arrastradas desde la infancia acerca de un posible futuro apocalíptico al más puro estilo Mad Max; construir todo tipo de armas y personalizar un vehículo de batalla ocupa buena parte de su tiempo.
Las rutinas de Aiden y Woodrow (Evan Glodell, director del film) cambiarán cuando conozcan una noche cualquiera a Courtney y Milly, dos chicas extrovertidas con las que disfrutar de la vida de forma aún más alocada. Woodrow y Milly comenzarán una aparentemente idílica relación de noviazgo, marcada desde el principio por cierto aura de autodestrucción que flota sobre sus cabezas y que se insinúa en las palabras de ella. El desenlace de sus actos marcará su propio apocalipsis personal.

Evan Glodell firma una ópera prima interpretada por actores noveles que ha ido conociendo en los comienzos de su carrera. Todos ellos participan en una carrera de cero a cien de la normalidad al delirio, de la espontaneidad al exceso y de la ingenuidad a la traición. La sensación de estar viendo una historia real y común se va disolviendo en un auténtico tsunami de estímulos y de eventos que nadie parece controlar, aparentemente ni el propio realizador.
Todas las interpretaciones son muy aceptables, naturales y ajustadas a unos papeles definidos hasta donde se puede, pero los actores terminan por ser presas de las propias desmesuras del guión. La emoción arrastra al espectador hasta un terreno incómodo difícilmente definible. Quizá ese es su propósito y el mérito de esta experiencia poco común.
El relato convencional se va transformando en un paseo onírico de posibles futuros y de desenlaces catastróficos cuando la relación entre Woodrow y Milly llegue a un punto de estancamiento previsible, pero no por ello menos interesante. Entonces la importancia de otros personajes cuya aparición era esperada, irá tomando peso, llenándose y aportando nuevas perspectivas al relato, tal vez en un punto en el que la narración está ya psicológicamente desmadrada. El futuro apocalíptico que anticipaban con entusiasmo los protagonistas, como un pasatiempo de automoción dominguera, se aproxima a ellos en lo personal, de una forma dramática que la juventud de los personajes no es capaz de asumir.
La película es bastante interesante y es imposible reprocharle al director el hecho de que el argumento se descontrole por completo, pues seguramente la provocación y el momento extático de violencia y emotividad habían sido imaginados de esa manera por él mismo. Sí se le puede achacar el hecho de ciertos efectos especiales poco realistas, que podrían haberse sustituido por tomas donde tan solo se viera la consecuencia del truco tras un contraplano.
Sin duda Bellflower es una película diferente, una experiencia cinematográfica distinta que pasa por varias etapas más convencionales hasta culminar en un auténtico estallido. No sería de extrañar que Evan Glodell diera alguna sorpresa en el panorama del cine independiente, si consigue resistir sus impulsos de intentar repetir algo parecido. Con una nos vale.

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