56 SEMINCI. Sección Oficial: ‘El perfecto desconocido’, entendiéndose sin palabras

Las críticas de David Pérez “Davicine”: El perfecto desconocido


Debut en la dirección de Toni Bestard que afrontó el reto de rodar en España con un protagonista irlandés, Colm Meaney, sin que su personaje pudiera entenderse con el resto de los implicados en la historia.
El perfecto desconocido arranca con la misteriosa llegada de un extranjero a un pequeño pueblo de una isla del Mediterráneo, lo que provoca el repentino interés por parte de un variopinto grupo de vecinos, que irrumpirá inesperadamente en la vida del forastero, creyendo que va a reabrir un viejo local comercial. En cambio, las verdaderas intenciones del extranjero se encuentran ocultas detrás de una vieja fotografía de su cámara polaroid, que le ha llevado hasta ese lugar en busca de respuestas.
Una historia dramática pero que fluye con toques de comedia, gracias a las pintorescas situaciones de su protagonista al entablar contacto con los habitantes del pueblo, quienes, en su mayoría, desean ayudarle para que se establezca en el mismo, aunque no sean sus intenciones iniciales.

Así se inicia esta historia que sirve de base para una película que podríamos catalogar de independiente, rodada en el pueblo mallorquín en el que se crió el director, y que ayudó a oscurecer tanto la imagen como la trama, para conseguir esa mezcla perfecta de comedia y drama a partes iguales, conviviendo perfectamente a pesar de ser géneros opuestos.
Obviamente el peso de la película recae en Colm Meaney, quien da vida a Mark, el extranjero que alterará el ritmo de vida de los residentes del pueblo mallorquín, y aporta su gran talento a esta película en la que debe esforzarse por expresar todos sus sentimientos con sus gestos, sus expresiones, su forma de comportarse, empleando en muy escasas ocasiones el recurso del habla, algo posible gracias a sus tablas en el cine y en el teatro, y al esfuerzo del equipo técnico y artístico. El actor, que posee un rostro muy familiar, y del que poca gente se acuerda de su nombre, consigue trasmitir una sinceridad impresionante en cada uno de sus gestos.
Por otro lado tenemos a Natalia Rodríguez, quien da vida a Celia, una joven conflictiva metida en el mundo de las drogas y sin saber como tratar a la gente, con problemas familiares, que gracias a Mark encuentra que hay muchas más cosas en la vida que puedan hacerla feliz. Junto a ella encontramos a Guiem Juaneda, que interpreta a Biel en esta historia, un joven sobreprotegido por su madre al que la llegada del extranjero le ayuda a encontrar las fuerzas necesarias para ver su propia valía y enfrentarse a su madre. Actores jóvenes con un gran futuro por delante, capaces de mostrarnos los problemas de aislamiento que sufren actualmente muchas personas, incapaces de comunicarse con sus padres o su entorno, y que buscan el apoyo de alguien que más que servir de guía paternal les ayude a descubrir sus valores.
Carlos Santos da vida a un perfil de personaje que hasta ahora no había podido interpretar, al igual que Ana Wagener, que nos ofrece su cara más amable y payasa, siendo ambos personajes secundarios de gran relevancia para que todos los espectadores encuentren en algun protagonista alguien con quien indentificarse.
Ciertamente la trama parece sencilla, pero es un auténtico puzzle que debemos completar como completa el protagonista a través de las fotos que, aunque iniciamente no tengan sentido, poco a poco cogen relevancia y se convierten en una forma más de narrarnos el pasado del protagonista y los motivos que le han llevado a esta búsqueda.
La fotografía de la película tiene un papel relevante, pues nos traslada a un pequeño pueblo sin ruidos, donde la naturaleza es la esencia del mismo, y allí, a través de las fotos polaroid del protagonista, iremos descubriendo todos los recovecos de la zona, una zona incomunicada como muchos de sus propios protagonistas, esos jóvenes que desean salir de su pueblo para descubrirse a su mismos, sin darse cuenta que todos forman parte de este puzzle que es la vida, y que deben ir uniéndose a las otras “fichas” que encajan con ellos para completar un “puzzle en común”.

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