‘Fuera de Carta’: Hilarante comedia de enredos sobre lo que es importante

Las críticas de Carlos Cuesta: Fuera de Carta

Hay una suerte de buen cine no pretencioso que resulta un auténtico respiro entre mucha mediocridad y remake, y que no pretendiendo oscarizarse ni alzarnos a la trascendencia, nos hace reír sin parar y nos ofrece prismas nuevos de fenómenos sociales engordados de clichés. Fuera de Carta nos acerca un relato hilarante, muy español, sobre los prejuicios, la responsabilidad y las prioridades de la vida.
Maxi (Javier Cámara) es un cocinero de un restaurante de Chueca adicto al trabajo, obsesionado con la excelencia culinaria y con conseguir para su establecimiento una estrella Michelín. No se permite ni un instante salir de su papel de jefe estricto, respondón, maleducado en una cocina que es una auténtica fauna de personajes peculiares; entre ellos Ramiro (Fernando Tejero), un inadaptado marginal, o Álex (Lola Dueñas) una mujer extrovertida, un imán para las relaciones fracasadas, mâitre del restaurante y mejor amiga de Maxi.
Cuando Horacio (Benjamín Vicuña), un popular ex jugador de fútbol argentino, aparezca en el restaurante, Maxi y Álex se unirán para intentar que ella logre enamorarlo, pero la ambigüedad y los malentendidos se cruzarán en su propósito. Horacio resulta ser homosexual y comenzará una relación con Maxi, un romance que ambos deberán ocultar para no herir a Álex. En todo este embrollo de típica comedia de situación, el pasado del cocinero regresará por todo lo alto y sin avisar: Los dos hijos de su matrimonio frustrado acudirán a él tras el repentino fallecimiento de su madre.
Fuera de Carta tiene un aire a serie televisiva, a momentos de gag, pero ese aire no es una mala corriente de esas incómodas que te dejan la espalda fría, no. Nacho G. Velilla como director (y corresponsable del guión junto a Oriol Capel, David Olivas y Antonio Sánchez) importa para la gran pantalla mucha de la experiencia obtenida en propuestas como Aida o 7 vidas, series de las que ha sacado gran provecho, y lo hace en beneficio del espectador.
De esas series toma una estructura de diálogos ágil, resuelta, con chispa e imaginación, y también parte del molde del que están hechos unos personajes frescos y entrañables en los que destaca, sin duda, el papel de cocinero homosexual interpretado por Javier Cámara, un excelente Javier Cámara que borda un personaje sin histrionismos, con vueltas, al que se le puede mirar desde muchos ángulos y que permite, junto al de Horacio, crear una historia de enredos matizada por la ternura, la indecisión, el perdón y la posible redención de los errores del pasado.
Aunque la película tiene claro trasfondo gay y habla de prejuicios (Maxi abandonó a su familia y se marchó de un pueblo que no lo toleraba como era), en el fondo el éxito de la película es a, mi juicio, conseguir que los problemas de opción sexual no se traguen la trama y no eclipsen los temas esenciales: la búsqueda de la felicidad y la capacidad de perdonar y rectificar.
En ese sentido, la película retrata con buen tino y equilibrio unas secuencias difíciles, las que corresponden a la relación de Maxi con sus hijos (un adolescente en edad difícil resentido con su padre) y una adorable niña con preguntas lógicas que los adultos a duras penas pueden responder (la niña, que si no me equivoco es Alejandra Lorenzo es magnífica). La paternidad, no deseada, como un de las prioridades que Maxi tiene que fijar, o no, para su vida será una encrucijada muy bien ambientada y seguida en Fuera de Carta.
Esta película tiene sus cosas, tiene sus parte inverosímiles, tiene sus huecos, pero justificadas en el enredo. Y pasa sin mayor pena que Tejero nos ofrezca un personaje tan parecido al portero de Aquí no hay quien viva, tan Tejero, y pasa porque le va como un guante a la película y él lo borda. Un film redondo para pasar la tarde o amenizar la noche, que se cierra como un círculo, y nos deja dentro risas y una honesta sensación de satisfacción, por muchos motivos, pero sobre todo porque Cámara es mucho Cámara.

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