‘Insidious’: La efectividad del terror de lo cotidiano

Las críticas de Óscar M.: Insidious

Insidious parte de la típica historia de una familia que se muda a una casa y, tras la mudanza, empiezan a ocurrir extraños sucesos que hacen pensar que la casa está encantada. Sin embargo, un accidente doméstico provocará que uno de los hijos caiga en un extraño estado comatoso que los médicos no saben explicar y que parece estar relacionado con los acontecimientos del domicilio.
James Wan, director y guionista de la primera parte de Saw, ha filmado (y montado) una terrorífica película que vuelve a los orígenes del terror con los crujidos, los ruidos, los susurros, las puertas, las ventanas, los reflejos, los sustos inesperados y los miedos infantiles que tan bien funcionan en pantalla; y los ha combinado con elementos cotidianos que adquieren un papel muy importante (como las luces, las alarmas, los llantos de los niños o los escucha-bebés).

El guión está a medio camino entre el terror puro y el drama familiar de un telefilm de mediodía; a veces avanza demasiado rápido y se suceden escenas típicas de este tipo de cine (como las discusiones domésticas del matrimonio o la incredulidad del marido), que el espectador comprende que deben ser obligatorias para transmitir la sensación de impotencia de los protagonistas.
Aunque el guión fluye con soltura, la parte final decae un poco y utiliza el recurso del “otro mundo” que ya habían desarrollado con poco éxito las fallidas El último escalón o 13 fantasmas, y que aquí tampoco funciona del todo bien, consiguiendo que el espectador se abstraiga y deje de pasar miedo, que es el fin de la película (tampoco ayuda que el demonio parezca Darth Maul, el malo del episodio 1 de La guerra de las galaxias).
Sin duda la parte cómica la aportan la pareja de cazafantasmas (interpretados por Leigh Whannell y Agnus Sampson) que aparecen en la parte final de la película, que son bastante hilarantes y sirven para relajar la tensión de las escenas; aunque en el conjunto de la película pueden quedar un poco ridículos y poco coherentes con estilo de la película, la representación de este tipo de parapsicólogos es bastante realista y fiel a cómo son realmente.
Tanto la frase publicitaria (“No es la casa lo que está encantada”) como la imagen usada en el póster son bastante tramposas con el público. La primera porque desvela un dato que no se descubre hasta la mitad de la película; y la segunda porque el niño, que parece ser el protagonista, está toda la película en coma. Con lo cual su presencia es más una excusa para que se produzcan los fenómenos extraños que una posesión infantil, como parece ofrecer el cartel.
La terrorífica música que acompaña la película está compuesta por Joseph Bishara, que ha usado sólo instrumentos de cuerda y piano para crear una banda sonora basada en los típicos sobresaltos sonoros del cine de terror y que consigue aterrorizar al público y mantenerlo en tensión hasta en las escenas menos terroríficas; lo cual hace que el producto final sea aún más aterrador si cabe.

Y ésto sumado a la fotografía y al inteligente uso del color (alternando escenas más azuladas con otras con tonos más sepia) hacen que la película tenga una atmósfera muy tétrica, fría e impersonal, creando un ambiente fantasmal que transmite al espectador una sensación de inseguridad y terror muy característica.

La película cuenta también con sus particulares guiños al cine, además del ya citado a Los cazafantasmas, también se aprecian homenajes a Poltergeist, a Los otros, a Pesadilla en Elm street, o incluso a la serie Buffy; pero es más destacado (y descarado) es el auto-homenaje del director, James Wan, a su particular saga Saw.

Teniendo en cuenta todo ésto, Insidious ofrece lo que promete: terror, sustos y fantasmas; aunque en la última parte la película pase del terror a la fantasía en una escena y el final (más que abierto, sin conclusión) haga pensar que estamos ante el comienzo de una nueva saga (que, según la recaudación que actualmente lleva, es bastante probable).

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