54 SEMINCI: ‘Looking for Eric’. Un homenaje a la amistad y a las personas normales

Las críticas de Carlos Cuesta en Seminci: Looking for Eric.

Divertido y estupendo comienzo para la apertura de la 54 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. La proyección de Looking for Eric como primer largometraje de la Seminci me dejó un buen sabor de boca y ciertas expectativas respecto a los títulos del Festival. Ken Loach me ganó para su cine al ofrecer un entretenido y honesto homenaje a la dureza de la vida, a la amistad, a las personas normales y sus problemas y al fútbol cuando es punto de encuentro.

Me confieso desconocedor de la mayor parte de la obra de Loach y de alguna manera pude llegar a esta película sin ideas preconcebidas acerca de él. Los asistentes remarcaban el carácter demasiado dulzón para el estilo sobrio, social y duro del autor, pero yo no me obstiné en comparar nada con nada. Looking for Eric tanto solo me dejó un pero (el metraje se extiende un poco más de la cuenta) y muchas cosas que destacar.

No es de recibo empezar por remarcar la frescura, el humor, la naturalidad y la coherencia de los diálogos de la película. A esas palabras les dan vida actores estupendos de los cuales quiero destacar por encima de los demás al protagonista, Steve Evets (el primero de los dos Erics de la película) y a John Henshaw, con un brillante papel secundario encarnando a la voz cantante de su grupo de amigos (Meatballs). Las escenas del grupo de hinchas tanto en el hilarante intento de terapia grupal de Meatballs como en el bar, tienen una viveza que me recuerda cualquier desternillante conversación de amigos que haya podido tener en las mesas de pub. Simplemente genial.

Looking for Eric es también la resurrección del mito de Cantona, aunque el guionista Paul Laverty nos insiste en Valladolid en que mientras otros jugadores triunfan, pasan y se olvidan, Cantona y las canciones de sus hinchas siempre han seguido ahí. Cantona cumple muchos papeles en esta obra. Primero, como si de un profeta se tratara, Cantona ya actuaba en el campo en la celebración de cada gol. La inserción de jugadas de fútbol dentro de la película es excelente, con goles y lances futbolísticos que contextualizan la pasión y admiración del protagonista, al tiempo que recuperamos la magia de Cantona para hacer más fluida la entrada en escena del jugador y deleitarnos con verdaderas piezas maestras del fútbol.

Cantona no hace una gran interpretación, pero cumple su papel, aportando a la película mucho humor, frases excelentes, su gran carisma y lo más importante, un importante nexo de unión con el pasado del protagonista (Eric Bishop) a través de flashback que se enlazan durante las conversaciones de ambos Erics, un recurso plenamente acertado para evitar que los recuerdos vinieran solamente de la meditación del protagonista, o de soliloquios lanzados al aire. Desde luego, la elección de este jugador es plenamente acertada, al fijar un paralelismo entre dos hombres que, si bien pueden llegar a ser admirables, han cometido errores en su pasado que hacen que puedan ser odiados. Eric Bishop lo cometió al abandonar a la madre de su hija (Lily, interpretada por Stephanie Bishop con total correción) y Cantona (en la realidad, y por tanto en la película al interpretarse a sí mismo) con aquella desafortunada agresión a un hincha con un brutal patada voladora.

Si en ocasiones parece que la película tiene demasiados frentes abiertos que hacen complicada la resolución de los conflictos presentados, creo que al final el guión de Laverty acierta al no convertir Looking for Eric en sólo una película de fútbol, o sólo una historia de amor, o sólo un brindis a la amistad y la confianza en los otros. En lugar de eso, abordamos todos los problemas que ponen en jaque a un hombre, aunque los resolvemos de una forma que a los seguidores de Loach pueda dejarles insatisfechos. Considero que la transición entre el tiempo pasado y presente de Eric Bishop se hace de una forma genial, nada forzada, gracias a veces a las charlas filosóficas (y psicotrópicas) con Cantona, y otras veces a un ensimismamiento suavemente potenciado por una banda sonora acertada que no sobra en ningún momento y no se echa en falta en ninguna parte. En efecto, cabrían otros finales, pero quizá no sean los que necesitamos en tiempos donde la gente ya está bastante abatida y desilusionada con la vida.

Por eso creo que Loach y Laverty merecen un reconocimiento por esta obra que nos recuerda lo difícil que es ser una persona normal y lo normales que son a veces las personas populares, por más alto que les coloquemos en el pedestal. Lo difíciles que son a veces las vidas sencillas y la importancia de no estar solos, porque en muchas ocasiones los goles con los que nos lucimos habrían sido imposibles sin la persona que nos pasó el balón. También viene bien para recordarnos que sólo somos hombres, porque él… él es otra cosa. Él es Eric Cantona.

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