‘Malditos Bastardos’. La Historia al servicio de la historia

Las críticas de Carlos Cuesta: Malditos Bastardos

Si algo tiene Tarantino, a parte del rostro idóneo para anunciar Whiskey para gente con carácter, es el talento para conseguir que todos los elementos de su película se combinen entre ellos al servicio de la historia. No es esclavo de protagonistas imposibles de matar; el sentimentalismo jamás le impediría acabar con un personaje si es lo que la historia necesita. La veracidad histórica tampoco iba a ser en este caso un obstáculo para él, directamente se la salta para desarrollar una película “de época” que toma la ocupación nazi como pretexto para contar el relato que Tarantino lleva diez años queriendo contar.
En resumen, los conocidos como los bastardos son un grupo de militares americanos judíos que se tomarán la guerra por su mano con toda la crueldad de la que son capaces, y hostigarán a los nazis para que no se queden fuera sin disfrutar de su propio holocausto. Todo inducía a pensar que la película nos mostraría toda la imaginación del guionista a la hora de hacérselas pasar canutas a los alemanes, pero eso será sólo una pequeña parte.

Malditos Bastardos es una película en la que aparecen nazis, pero no es una película de nazis, porque fácilmente podría haber estado ambientada en otra época, con otros personajes y en otro contexto para dar rienda suelta al sentimiento de desquite que Tarantino nos plantea. Esta es una película para regalarnos la sensación que se consigue cuando aquellos que salieron impunes reciben su merecido. Tarantino nos ubica en un entorno reconocible para cualquiera y entonces deja libre su agresividad y su aparente falta de sensibilidad para decirnos: “Imaginemos que alguien le diera lo suyo a esos bastardos, combatamos el fuego con fuego, a los bastardos con bastardos”.

Para ello el transcurso de la Historia tal y como ocurrió habría dado a Tarantino episodios verídicos de violencia sanguinaria pero no se habrían ajustado a su estilo. Necesitaba sus propios gags, ajustar los acontecimientos a su propio humor, a su sentido de la ironía y la paradoja (e incluso fantasear con la posibilidad de matar al propio Hitler). Una vez colocado el armazón en el que todos pudiéramos ubicarnos, una Francia ocupada por los nazis, el resto supone instalar el método y las situaciones de este loco cineasta, por primera vez, en un ambiente no contemporáneo.

Es posible que Malditos Bastardos no trascienda en la historia del cine y que si somos tan crueles como para compararla con Pulp Fiction perderá la partida, pero cualquier persona que quiera hacer cine debería fijarse en la maestría del autor para comenzar una película con una escena estática, de planos largos y fijos, que en un primer momento nos hace pensar que aún estamos a tiempo de correr a la sala de al lado y ver otra cosa para, poco a poco, comprobar que la incomodidad del espectador en la butaca es la incomodidad del francés acosado que aparece en escena, mientras se nos recuerda por qué odiamos a esos malditos nazis, al tiempo que nos colocan dentro la tensión y la ansiedad de la escena y construimos el personaje del coronel Hans Landa (Cristoph Waltz), el caza judíos, sin duda el más brillante de todos los personajes de esta producción.

Y si para construir ante nuestros ojos a Landa con un metraje larguísimo y asfixiante, pero sin duda magistral, Tarantino toma otro recurso a su mano y nos ofrece a un Brad Pitt con una cicatriz en el cuello. La actuación de Pitt, un breve soliloquio sobre su origen, sumado a este rasgo físico es todo lo que necesitamos para tomarnos en serio a Aldo Rein. El resto de los bastardos tendrá su presentación a base de flashbacks, como no podría ser de otra manera, y el deseo más profundo de venganza lo encarnará una judía cuya familia fue víctima de la persecución de Landa, encarnada en el personaje de Shosanna Dreyfus, interpretada por Mélanie Laurent.

Cuando Shosanna tome las riendas y el peso de la película nos daremos cuenta de que los bastardos capitaneados por Pitt son sólo un engranaje más al servicio del relato, pero que ellos no son la historia. Por cierto, a Pitt desgraciadamente le está empezando a afectar el mal de interpretarse a sí mismo, como le está empezando a pasar a Denzel Washington o le llegó a pasar a Robert De Niro o Clint Eastwood. Mélanie Laurent nos recordará que si un grupo de sanguinarios militares puede ser peligroso, la crueldad más refinada suele estar reservada a las manos de una mujer.

Los puntos fuertes de la película son sin duda su banda sonora, su fotografía y sus diálogos. La música trasciende cualquier limitación temporal y de estilo y encaja en el relato como elemento generador de atmósfera y como factor cómico también. La composición de los planos y los escenarios es sensacional, y el tamaño de los planos para reflejar el cambio de actitud de los personajes cuando conversan es increíble. Los diálogos sin duda merecen mención a parte, la manera en que las palabras que escogen los personajes nos dicen más del personaje, de su intención, de sus manías y sus debilidades al tiempo que nos divierten. Así ocurre con la excéntrica escena de la taberna (que acabará como el rosario de la aurora en un tiroteo en el que podemos llegar a reconocer la escena del disparo múltiple de Reservoir Dogs).

Como puntos negativos podría decir que la estructuración en capítulos hace que la película pierda aspecto de conjunto, y que el metraje de la película es excesivo y hay momentos en los que la película no parece avanzar hacia ningún sitio. En la mencionada escena de la taberna hay un cambio brusco de etalonaje que modifica de golpe el tono de la escena y te saca totalmente de la película. Para mí hubo un antes del “que coño ha pasado” y un después.

Por supuesto, Tarantino deja su firma en modo de cameo en uno de los planos en que se proyecta la película El orgullo de la nación en el cine de Shosanna, pero desde luego su firma es más que notable al combinar banda sonora, personajes y fotografía usando la Historia con mayúsculas al servicio de su historia, una película con historias paralelas. La de unos bastardos despellejando nazis para el disfrute del personal, otra de venganza y una tercera que hace que esta película acabe siendo una película de cine acerca del cine.

3 comentarios en «‘Malditos Bastardos’. La Historia al servicio de la historia»

  • el 4 octubre, 2009 a las 13:01
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    A mi no me gustó mucho. Fue otra decepción de Tarantino, aunque la primera hora me hizo pensar que no sería así. Demasiado larga y hacia la mitad va de mal en peor hasta un final de payasada. Lo mejor Brad Pitt y su personaje y sobre todo el descubrimiento enorme de Christoph Waltz que se marca una interpretación magistral con el personaje más interesante de la película que además tiene las mejores escenas con diferencia.

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  • el 4 octubre, 2009 a las 15:33
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    A mi me encanto. Venia de Death Proof, con mas temor que excitacion (y mira que la premisa de Tarantino + Nazis en una pelicula es MUCHA excitacion), pero a los 20min de haber empezado no quedaba ningun rastro del temor.
    Disfrute como un enano, tanto por el tono serio y crudo de algunas escenas, como por el salvajismo y humor (casi siempre mezclados) de algunas otras.
    Si tengo que buscarle algun pero a la pelicula, es al personaje de Daniel Brühl. Se me hizo pesado y aburrido.

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  • el 4 octubre, 2009 a las 15:50
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    Poco más que añadir a la crítica que ya subí en su día, salvo Bienvenido Carlos, con esta primera crítica para No es cine todo lo que reluce, y espero que te sientas arropado por el equipo del Blog, encabezado por mi, y que podamos compartir grandes momentos de cine…

    un abrazo

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