‘Los sustitutos’. La deshumanización por el confort

Las críticas de Carlos Cuesta: Los sustitutos

Asusta ver visiones del futuro diseñadas con tal viveza que uno piensa que son inevitables. La deshumanización que sufrimos actualmente con personas que, por ejemplo, prefieren jugar a los Sims que hacer ellos mismos las cosas que hacen esos muñecos, gente con tanta vida social en Facebook o Tuenti que no tienen tiempo de ver a la gente o personas que prefieren vivir la vida a través de Gran Hermano, Operación Triunfo o Dónde estás corazón. Quizá Los sustitutos no es el futuro, pero desde luego es un futuro muy posible.

Sobre el argumento de la película, podríamos fijar el contexto temporal en un futuro no muy lejano en el que se ha desarrollado una tecnología que permite a las personas vivir a través de seres biomecánicos llamados sustitutos, controlados por el dueño, denominado operador, lo que permite acceder a la vida sin riesgos y con la fisonomía deseada, con cierta apariencia plástica, pero increíblemente similar a la humana. Esto parece una puerta abierta a una casi eterna juventud, a un mundo de relaciones sociales más satisfactorias y, como consecuencia, según el guión, a un mundo sin crímenes.

El asesinato del hijo creador de los sustitutos, que ya había renegado de dicha tecnología, abrirá una investigación a cargo de Tom Greer (Bruce Willis) y la agente Peters (Radha Mitchell), donde no todo es lo que parece porque, como cabría esperar, nadie tiene por qué parecerse a quién es, y los distritos libres de sustitutos (poblados por aquellos que consideran este invento una abominación antinatural) serán lugares donde nadie está dispuesto a colaborar para esclarecer el misterio.

Con esta premisa, en un mundo donde más del 90 por ciento de la población usa sustitutos y apenas sale a la calle, el hecho de que los crímenes hayan disminuido hasta casi desaparecer parece ya una premisa errónea de partida (¿acaso no hay quien usaría sus nuevos cuerpos metálicos para delinquir? ¿No es acaso, el punto de partida de la película la comisión de un crimen?) La expansión de los sustitutos entre la población en tan corto espacio de tiempo, indicada en la propia narración con la que arranca la película, parece exageradamente rápida. El control casi total de las unidades, también resulta poco creíble. Como al final se demuestra cuando vayamos conociendo la trama, un inventariado tan exhaustivo de unidades se revela imposible.

No obstante, quizá alguna de estas ideas pueda compensarse con el hecho de que, en un mundo en que cada vez son más presentes estos sustitutos, las desventajas físicas y los complejos harían que estas creaciones se extendieran de forma exponencial. Y si contamos que esto no es más que una ficción que nos trata de mostrar un posible futuro, que cuenta con giros inesperados de la trama, la interesante actuación de Bruce Willis y la creación de una atmósfera adecuada, hacen de Los sustitutos una película entretenida, interesante y de cierta profundidad cuya hora y media escasa de duración cuenta con el metraje exacto. En cierto modo, lo que consideraba flaquezas de inicio, impiden una duración mayor sin que peque de incoherencia.

Desde luego el autor consigue crear en el espectador una sensación de incomodidad en la que todo parece falso, superficial, carente de calor, que recuerda algunos momentos de Yo, Robot, salvando el menor uso de efectos especiales. Aunque, la manera de poner en escena los sustitutos (hinchando de maquillaje a actores reales para que parezcan casi de goma e incorporando dejes robóticas a sus movimientos) puede que sea demasiado simple y en ocasiones poco creíble, pero se muestra efectiva cuando el personaje encarnado por Bruce Willis se ve obligado a dejar de emplear su sustituto y se nos muestra un ser humano con barba de varios días, vulnerable, pero vivo y humano al fin y al cabo, que parece transmitirnos calor y sentimiento. Entran ganas de darle un abrazo y todo. Al agredir a un sustituto, es como si cumpliera el deseo de muchas de las personas que ven la película, el mío al menos. En cuanto al resto de los actores, su actuación es correcta pero no trasciende demasiado.

En esta ocasión, el director Jonhatan Mostow cuenta para desarrollar este historia (adaptada de una novela gráfica) y como ya hiciera en Terminador 3, con Michel Ferris, y John D. Brancatto, tandem cuya trayectoria como escritores deja para mí la fantástica The Game, con Michael Douglas como protagonista. Sin embargo, en lo que vienen siendo historias de robots, no acaban de convencerme, aunque tengan un papel importante en casi todo lo bueno de Los sustitutos (pero imagino que casi toda la culpa de lo malo).

Francamente destacable la actuación de Bruce Willis, quien pocas veces defrauda, y varias escenas que cubren algunas de las cuestiones que a le da por preguntarse. ¿Qué ocurre si alguien emplea el sustituto de otra persona, aunque esté prohibido? ¿Qué consecuencias podrían derivarse de pensar que se está tratando con una persona cuando en realidad se está tratando con otra sin nuestro conocimiento? ¿Alguien podría usar nuestro aspecto para elaborarse un sustituto?

Ciertamente esta película nos deja preguntas que hacernos acerca del concepto de identidad personal (se oye hablar actualmente de identidad digital, como si pudiera separarse una cosa de la otra), las reservas y el miedo con que la gente afronta un mundo que debería ser cada vez más seguro gracias al progreso y el rumbo extremadamente superficial que la humanidad pueda estar tomando.

Como resumen, una película solvente, entretenida, que consigue hacer llegar al público su mensaje, con ciertos altibajos en ciertos aspectos del trasfondo del mundo que nos plantean pero que divierte y hasta emociona en ciertos momentos para dejarnos clara una cosa: Los seres humanos no hemos venido al mundo para vivir a través de una máquina.

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