Las críticas de Daniel Farriol:
The Carpenter’s Son
The Carpenter’s Son es una película británica de terror religioso que está escrita y dirigida por Lotfy Nathan (Harka, Los reyes de Baltimore). Narra la oscura historia de una familia que se esconde en el Egipto romano. El hijo, conocido sólo como «el Chico», es llevado a la duda por otro niño misterioso y se rebela contra su tutor, el Carpintero, revelando poderes inherentes y un destino más allá de su comprensión. A medida que ejerce su propio poder, el Niño y su familia se convierten en el blanco de horrores, naturales y divinos.
Está protagonizada por Nicolas Cage, Noah Jupe, FKA Twigs, Isla Johnston, Souheila Yacoub, Penelope Markopoulou y Kaiti Manolidaki. Tras su paso por el Festival de Sitges 2026, la película se ha estrenado en España directamente en plataformas como Movistar+, Rakuten TV o Prime Video, el día 1 de noviembre de 2026.

La familia
La premisa de The Carpenter’s Son no puede ser más inquietante y fascinante: adaptar el Evangelio de la infancia de Tomás de los Evangelios apócrifos para narrar la infancia y juventud de Jesús desde la óptica de película de terror. Atreverse con ese material para profundizar en las dudas, las tentaciones y la oscuridad de la figura central del cristianismo es tan valiente como arriesgado, por eso el visionado de la película deja una sensación final de desazón y de oportunidad desaprovechada. Por desgracia, el director de origen egipcio Lotfy Nathan no es ni Ken Russell, ni Buñuel, ni Pasolini, y eso se nota. Su acercamiento a lo religioso es demasiado prudente, casi temeroso de importunar a alguien.
La historia nos sitúa en la Natividad de Jesucristo, cuando el Rey Herodes ordenó matar a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén y alrededores para que nadie pudiera usurparle el rol de «rey de los judíos» con el que se había autoproclamado. La película obvia los nombres de muchos personajes, pero es evidente que es una traslación visual más salvaje (los bebés son arrebatados de los brazos de sus madres para lanzarlos vivos a una hoguera) de algo que ya hemos visto en numerosas adaptaciones bíblicas.
La familia está compuesta por el Carpintero (Nicolas Cage), la Madre (FKA Twigs) y el Chico (Noah Jupe), es decir, la Sagrada Familia, y huyen a una aldea donde los lugareños les miran con recelo y dudando de su procedencia. El niño crece en esa comunidad como un adolescente normal, pero su padre conoce su poder e intenta educarlo con extrema severidad para que vaya por el buen camino sin llamar mucho la atención.

La tentación y la pereza
La ambientación de la película es bastante convincente y rigurosa, casi académica. Eso contrasta con la controvertida idea de mostrar la rebeldía juvenil del mesías que desobedece en numerosas ocasiones a su padre o es tentado por la carne, observando el cuerpo desnudo de Lilith (Souheila Yacoub) mientras se baña, o que también es a menudo seducido por el lado oscuro que simboliza una joven adolescente (Isla Johnston), encarnando al mismísimo Diablo. The Carpenter’s Son comete el pecado capital de la pereza (perdón por el chiste fácil), su atmósfera opresiva y su tendencia a la plasmación de acontecimientos sobrenaturales no son correspondidas por un desarrollo más atrevido de la historia que profundice en esa búsqueda juvenil de lo oculto y prohibido.
Es cierto que son otros tiempos, pero el revuelo que despertó en su momento La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988) no se repetirá con esta película. Lotfy Nathan convierte el periplo vital de Jesucristo en un coming of age vulgar que reduce las cuestiones de fe a palabrería sin fundamento y donde las reflexiones morales acaban sepultadas bajo la mitología posmoderna de la cultura pop. De esa manera, el Ungido pasa aquí a transformarse en una suerte de superhéroe que debe asimilar su fuerza y aprender a manejarla porque «un gran poder conlleva una gran responsabilidad». La verdad es que la idea hubiera podido ser divertida si el enfoque hubiera sido otro, pero la película cae en la reiteración constante y en un exceso de pretenciosidad, conduciéndonos al sopor a través de un ritmo tremendamente moroso que hace involucionar a la acción.

Sin subversión no hay paraíso
Lo más destacable de The Carpenter’s Son es su apuesta formal por el celuloide con una fotografía naturalista de Simon Beaufils que extrae autenticidad a los áridos paisajes griegos donde la película fue rodada, sin embargo, es algo que confronta negativamente con los efectos digitales utilizados para dar vida a la serpiente, etc. En el terreno interpretativo, ni siquiera el ímpetu ni el carisma habituales de Nicolas Cage, aquí también en la producción, son suficientes para liderar a un reparto donde encontramos elecciones bastante discutibles para los roles que interpretan.
En definitiva, The Carpenter’s Son se queda a medio camino entre la osadía conceptual y la tibieza formal. Sobre el papel, la idea de utilizar los códigos del cine de género para convertir la juventud del mesías en un relato sobre la crisis de identidad adolescente y sobre el peso del destino, no podía ser más atractiva; en cambio, en pantalla, la mezcla entre melodrama mesiánico y terror sobrenatural se diluye en un tono demasiado neutro y contemplativo que termina imitando los modos del cine religioso que prometía subvertir.

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