Las críticas de Laura Zurita:
Tiempos de ilusión
En 1985, Vincent, de casi 13 años, vive en las afueras de París con su familia de clase media, atrapado entre un hermano mayor que lo ignora y unos padres que no paran de discutir. Su padre, Yves, lleva mucho tiempo sin trabajo y no se atreve a admitirlo ante Sandrine, su exigente esposa. Vincent empieza a tomar decisiones propias: con quién se junta y cómo se presenta ante los demás. Entonces aparece una chica, Anne-Karine, una compañera del colegio, y todo se acelera.
Tiempos de ilusión está escrita y dirigida por Olivier Nakache y Éric Toledano (Intocable, Especiales), con la colaboración en el guion de Nathalie Hertzberg. La película está protagonizada por Simon Boublil (como Vincent), Louis Garrel (como Yves), Camille Cottin (como Sandrine), Alexis Rosenstiehl (como Arnaud, el hermano) y Jeanne Lamartine (como Anne-Karine), acompañados por Pierre Lottin y Rony Kramer, entre otros. La película se estrena en España el 30 de octubre de 2026 de la mano de A Contracorriente Films.
Inspirada en vivencias
Tiempos de ilusión es un canto nostálgico a la etapa preadolescente de sus directores, que tuvieron esa edad en esa época. No es la infancia de ninguno de los dos, pero hay momentos de ambos. Está inspirada en vivencias propias de los guionistas, que conocen bien el ambiente del que hablan y lo hacen con mucho cariño.
La vida de Vincent, de 13 años, es ordinaria, no es mala ni muy difícil. Sus padres son buena gente y quieren a sus hijos. Su hermano mayor tiene que encontrar su propia voz, y mientras tanto abusa claramente del pequeño, como suele hacer quien sabe que puede hacerlo sin que haya consecuencias por ello. Alrededor, la vida en Francia está en un momento crítico: el paro es muy alto, la sociedad se está transformando, los ordenadores han llegado para quedarse y el mercado de trabajo cambia. Las mujeres empiezan a hacerse notar con fuerza. En ese entorno se mueve la película y el protagonista, que va tomando decisiones propias, tanto al elegir amistades como en su actitud hacia fuera. Como todo adolescente, quiere ser distinto y, a la vez, hacer lo que hacen los demás.
Al aparecer una chica, la vida se acelera. El chico empieza a ver el mundo y a su familia con ojos propios. Y quizá, al final, su vida no esté tan mal. En realidad, no pasan muchas cosas en Tiempos de ilusión, pero queda reflejado un cambio tan importante por el que todos hemos pasado: dejar de ser un niño. Es una película de pequeños momentos, y eso basta.

Tono naturalista y simpático
La época de los 80 está muy bien recogida en la película, igual que la descripción del barrio y de la sociedad que los rodea. Las canciones que suenan, las referencias cinéfilas, o la presencia de la radio y la televisión de entonces, permiten releer aquel tiempo con una suave nostalgia. También tiene escenas de comedia memorables, como la del videoclub, que acaba con todos los protagonistas viendo Un hombre y una mujer (Claude Lelouch, 1966). En una película tan cálida y cariñosa como Tiempos de ilusión, a veces se acerca al sentimentalismo, pero hasta eso se le perdona fácilmente.
Las actuaciones tienen un tono naturalista y simpático en una comedia coral como esta donde cada uno tiene su lugar, desde el joven Simon Boublil, nuestro protagonista, hasta Louis Garrel (como Yves) o Camille Cottin (como Sandrine), o unos padres jóvenes, con recursos y vida propia. Todos ellos tienen chispa y personalidad, y hacen que sea tan fácil como divertido ver la película.
Tiempos de ilusión, en resumen, lleva a la pantalla la preadolescencia que vivieron sus directores, sin contar realmente la vida de ninguno de ellos. Pasan pocas cosas, pero queda reflejado con acierto el momento en que se deja de ser niño. La época y el barrio están muy bien recogidos, y la película es cálida y cariñosa. Aunque a veces subraya la nostalgia, Tiempos de ilusión es cine popular, humano y feliz.
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