Crítica de ‘Leviticus’: Suspense homosexual con retazos de terror contemporáneo

Las críticas de Óscar M.:
Leviticus

Leviticus se sitúa en una remota comunidad religiosa, donde dos adolescentes son sometidos a una terapia de conversión que desencadena la aparición de una entidad maligna. Lo que comienza como un romance prohibido se transforma en una angustiosa lucha por sobrevivir al mal. La película está escrita y dirigida por el debutante Adrian Chiarella y protagonizada por Joe Bird (Talk to me), Stacy Clausen (Thrash) y Mia Wasikowska (La cumbre escarlata, Stoker). La película se ha estrenado en España el 30 de octubre de 2026 de la mano de YouPlanet.

Terror gris en un entorno aislado

Históricamente, el género de terror ha sido utilizado por cineastas como elemento metafórico o alegoría de los problemas sociales, los traumas adolescentes y los miedos internos del ser humano. En ese sentido, Leviticus cumple esta función a la perfección, aunque no aporte una mayor novedad dentro del tipo de cine en el que quiere ser englobado.

Siguiendo las premisas y los estándares del nuevo terror elevado que invade los catálogos de las plataformas de vídeo (y su efímera presencia en carteleras), Leviticus sigue los clichés del género de terror actual, siendo menos sobrenatural o fantástico y enfocando su historia en el misterio y la tensión en un entorno más cotidiano y familiar.

Estéticamente la película se encuentra más cercana a la reciente Obsession (Curry Barker, 2025), pero argumentalmente es similar a Babadook (Jennifer Kent, 2014) o la sobrevalorada y anodina It Follows (David Robert Mitchell, 2014). La ambientación rural e industrial aporta un componente más de aislamiento e indefensión a la trama de los protagonistas, con un entorno cromático centrado en los grises y los tonos apagados, algo que viene siendo habitual en el cine general desde la pandemia del COVID.

Adolescentes LGTBIQ+ elevados al terror

El guión trata temas habituales intrínsecos del mundo adolescente, que adquieren una connotación más profunda en el momento en el que aparecen orientaciones sexuales no normativas: la sensación de soledad, el miedo al rechazo o la necesidad humana de pertenencia a grupo se ven acrecentadas por la existencia del estigma, las terapias de conversión y la ausencia de un apoyo en el entorno familiar.

Como si ser un adolescente no normativo en un entorno rural no fuera lo suficientemente terrorífico de por sí, un entorno hostil como el de una comunidad religiosa y un pueblo pequeño alejado de la ciudad conforman un ambiente de opresión y angustia que, por desgracia, no se refleja suficientemente en la actitud de los protagonistas, aunque la premisa del autorreconocimiento de la identidad sexual sea el centro de la historia.

El aliciente de que los protagonistas de Leviticus sean homosexuales es, por suerte, lo menos importante para la historia, podría ser perfectamente una historia de adolescentes heterosexuales y la película no variaría mucho en cuanto a contenido, pero aporta un componente esencial a la hora de establecer una relación más tensa entre los adultos y los jóvenes de la congregación.

Un guión incompleto y poco explicativo

Siguiendo la referencia del título, el Levítico es un libro de la Torá y del Antiguo Testamento, y se considera un manual de «buenas prácticas» para el pueblo elegido, explica cómo mantener la santidad y cómo recuperarla en caso de pecado, por lo que su contenido está dirigido a los sacerdotes, también llamados Levitas.

Por desgracia para la película, el párrafo anterior dice más sobre el título que lo que vamos a ver en pantalla, ya que el guión no termina de dar las necesarias e imprescindibles explicaciones sobre la presencia que acosa a los adolescentes. La inexperiencia del debutante director y guionista Adrian Chiarella lastra una producción que podría haber sido mejorada con un par de escenas explicativas o una resolución menos fantasiosa.

Chiarella tiene a su favor que consigue sacar lo mejor de un reparto que está espléndido con unas interpretaciones adecuadas poco exageradas, es evidente que hay una buena dirección y los diálogos son creíbles, sin llegar a destacar sobre la historia. La duración excesivamente corta o el bajo presupuesto provocan la sensación de que la película está sin finalizar o sin pulir, aunque esto se solventa con mucha habilidad, supliendo la ausencia de efectos especiales o recurrir a planos explícitos de terror, optando por soluciones prácticas y coherentes con el enfoque general.

Leviticus está más cercana al suspense homosexual que al terror adolescente que pretende, su ambientación opresiva es poco novedosa en comparación con producciones similares de este mismo año y su escasa duración deja un sabor agridulce en el espectador. La demostrada inexperiencia del guión, probablemente, se podría haber salvado con un par de escenas explicativas y una resolución más sólida.


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Leviticus

6

Puntuación

6.0/10

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