Crítica de ‘Babadook’: Poco terror con excelentes interpretaciones

Las críticas de Óscar M.: Babadook
Las películas con temática de terror podrían englobarse en dos grandes grupos: las que te hacen salir de la sala sintiendo un miedo real (como consiguió Kubrick con la mítica El resplandor o Friedkin con El exorcista) y las que abordan el miedo desde un punto de vista cómico (como la saga Scream o sus sucedáneos).
El caso de Babadook es bastante complicado, puesto que intenta entrar en el primer grupo con una historia seria sobre monstruos y termina provocando la carcajada entre el público debido a su deficiente resolución y sus nulas y poco satisfactorias explicaciones.

La historia se centra en la clásica historia entre un niño que vive aterrorizado por los monstruos imaginarios de los cuentos y su madre, la cual intenta seguir adelante y sobreponerse a la pérdida de su esposo el mismo día que dio a luz a su primogénito.
Desde el punto de vista del desarrollo de la relación entre la madre y el hijo, Babadook funciona de manera excelente, con unas interpretaciones terroríficas y sobresalientes, a nivel físico y psicológico. Tanto Essie Davis como Noah Wiseman atrapan al público con unas interpretaciones realistas y naturales, que transmiten una dependencia psicológica entre los personajes que llega a rozar lo enfermizo (gracias sobre todo a unas actuaciones inmejorables y poco histriónicas, a pesar de la desesperación que viven la madre y el niño).
Y para conseguir mayor sensación de claustrofobia se sitúa casi toda la acción en un escenario muy similar al de un cuento: con unas estancias y un mobiliario que abarcan casi todas las tonalidades de grises (podría decirse que tiene el estilo de una película de Tim Burton), dando un aspecto deprimente, irreal y casi infantil al domicilio familiar, y cubriendo los espacios temporales entre los días con el hábil uso de unas curiosas (al mismo tiempo que angustiosas y bastante resolutivas) elipsis.
Injustamente comparada con Insidious o películas similares, Babadook no consigue transmitir miedo, mantiene la tensión y poco más, no termina de asustar al público con el esperado (y necesario) sobresalto final. La película desarrolla muy bien el ambiente, las situaciones, propone los preludios para los sustos (como la omnipresencia del libro de Mister Babadook) y tiene un magistral uso de los sonidos para preparar a la audiencia (tanto con la música como con los gritos del monstruo), pero luego se quedan en nada o no se termina de ver en pantalla, dejando un recuerdo más cercano a Intruders (otra fallida película del “nuevo estilo de terror” que se empreñan en instaurar).
Por desgracia, Jennifer Kent no ha sabido terminar de asustar con el guión de Babadook, que tiene una resolución nefasta, poco coherente, nada explicativa y que provoca la carcajada del espectador, el cual se queda con cara de asombro esperando una conclusión más lógica o, por lo menos, una conclusión.

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