Las críticas de David Pérez «Davicine»
en la 71 Seminci:
A Good Little Soldier (Un bon petit soldat)
En la multipremiada filmografía de Stéphane Brizé (En guerra, La ley del mercado) hay una mirada crítica e incisiva a las estructuras capitalistas y sus consecuencias sobre los individuos. A Good Little Soldier (Un bon petit soldat) es un thriller magnético sostenido por las brillantes interpretaciones de Alba Rohrwacher y Vincent Lindon, que se adentra en las dinámicas del mundo corporativo siguiendo a Carla, una ejecutiva de alto rango en una compañía de seguros. Cuando asume la dirección de Recursos Humanos, ella debe llevar a cabo la imposible tarea de velar por el bienestar de sus empleados y, al mismo tiempo, cumplir los objetivos de rendimiento impuestos por la empresa. Brizé imprime un ritmo eléctrico a esa espiral de exigencias, que lleva a Carla al límite y la confronta con todo lo que ha sacrificado en su vida personal y con la humanidad que ha ido perdiendo para seguir sosteniendo un sistema hipócrita y cruel.
A Good Little Soldier (Un bon petit soldat) se ha presentado en la 71 edición de la Seminci, donde ha tenido su estreno español en la Sección Oficial, antes de llegar a las salas de cine de la mano de BTeam Pictures.

Cuando el sistema falla…
Stéphane Brizé, con un guion escrito junto a Coralie Amédéo y Olivier Gorce, presenta un thriller dramático de ritmo pausado que comienza de forma poco atractiva, ya que la primera mitad de la película se centra principalmente en los detalles del trabajo de Carla y sus constantes videollamadas con su exmarido y su hijo pequeño. Pero a pesar del planteamiento es capaz de tocar el humor y remonta cuando nos muestra ejercicios de trabajo en equipo que pueden resultar absurdos y que, dentro de la gravedad y la tensión que algunos empleados puedan generar, nos saca una sonrisa, desde reacciones en estas acciones hasta pequeños detalles con chocolatinas. Cualquier recurso es bueno para romper la tensión de cara a lo que se avecina, pues la intensidad acaba llenando cada escena.
Estas situaciones de humor son la base de lo que el cineasta quiere demostrar, que no es otra cosa que, por mucho que se esfuercen en algunas empresas, no son las personas las que fallan sino el propio sistema. Una empleada acosada puede sentir de sus superiores que el problema no es de quien la acosa sino de ella misma. Y la manipulación psicológica a la que se enfrenta esta persona puede derivar en algo que pocas veces se deja tan evidente en el cine.

El día a día en el trabajo
A Good Little Soldier empieza a mejorar en una segunda mitad, cuando nos encontramos la película repleta de momentos dramáticos y de intensidad. Según avanza la tensión en la vida de la protagonista somos capaces de sentirla nosotros mismos, en parte por el gran trabajo que realiza Alba Rohrwacher gracias a una excelente interpretación que une de manera brillante a las victimas laborales con quienes llegan a oscurecer el clima laboral. Sus expresiones faciales no necesitan palabras para describir esa asimilación que debe ir haciendo del entorno laboral explotador que sirve de motor emocional para sus jornadas con el único objetivo de mejorar los beneficios de la empresa. Y no menos destacados son los personajes secundarios que refuerzan lo que el cineasta quiere demotrar en este mundo capitalista que solo quiere maximizar recursos y dar buena imagen sin importar quien caiga por el camino.
En las películas de Stéphane Brizé tenemos casi como actor fetiche del director a Vincent Lindon, quien ha interpretado en múltiples ocasiones a un hombre que libra una batalla perdida contra el sistema, pero en esta ocasión él es quizás la base del problema del sistema, con escenas que divierten por cómo lleva al extremo la lucha contra la corrección política, demostrando darle igual las deplorables condiciones de esta prisión de cristal llamada empresa, mientras acepta todo con un machismo maquiavélico y una superioridad moral exacerbada. Su objetivo es mostrar de puertas afuera lo que dentro es imposible que suceda, el agotamiento y la depresión laboral no encajan con la imagen pública de la empresa, y lo que nos venden dista mucho de lo que sucede cada día en ese trabajo.
En resumen, Stéphane Brizé dejó de lado la diplomacia para abordar el mundo laboral actual, y A Good Little Soldier queda como un sólido estudio de personajes que destaca por el gran trabajo de Alba Rohrwacher y unos secundarios de lujo.
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