Crítica de ‘Wicker’: Fábula arrolladora y lúcida

Las críticas de Laura Zurita:
Wicker

En las afueras de un pueblo costero vive una pescadora maloliente, soltera y objeto constante de las burlas de sus vecinos. Harta de una comunidad de mentalidad estrecha y sometida a unas convenciones sociales que no dejan espacio para quien se aparta de ellas, decide encargar un marido hecho de mimbre al artesano del pueblo. El resultado supera sus expectativas y da lugar a una historia de amor que despierta la fascinación, los celos y la hostilidad de quienes la rodean.

Wicker está escrita y dirigida por Alex Huston Fischer y Eleanor Wilson, a partir del relato ‘The Wicker Husband’ (2008), de Ursula Wills-Jones. La película está protagonizada por Olivia Colman, Alexander Skarsgård, Peter Dinklage y Elizabeth Debicki, acompañados por Marli Siu, Nabhaan Rizwan y Richard E. Grant, entre otros. El diseño del marido de mimbre, creado por Wētā Workshop mediante un traje físico y prótesis faciales, constituye uno de los elementos más singulares de la película. La película se estrena en España el 30 de octubre de 2026 de la mano de Vértice Cine.

Un mundo con textura y costumbres propias

En un panorama cinematográfico en el que se favorecen obras blanditas y estereotipadas, encontrar una película con un universo propio, personajes singulares y una historia capaz de abordar cuestiones sociales sin renunciar al humor es motivo de celebración. Wicker parte de una premisa insólita para construir una fábula sobre el amor, la envidia y las convenciones que determinan cómo debemos vivir.

Uno de sus mayores aciertos es la creación de un mundo que parece suspendido en un tiempo indeterminado. La vida transcurre entre trabajos manuales, utensilios artesanales, casas de aspecto peculiar y una naturaleza llena de color y texturas. El pueblo tiene su lógica propia, desde el vestuario y las costumbres hasta los rituales de la comunidad. La fotografía contribuye decisivamente a dar consistencia a este universo, que tiene algo de cuento fantástico, pero también una familiaridad que permite reconocer en él algo muy cercano al pueblo de cada uno.

La originalidad de Wicker no reside únicamente en su estética. En el pueblo, nadie parece necesitar un nombre propio. Los hombres se identifican por sus oficios y las mujeres quedan definidas por su relación con su padre, o, más tarde, su marido (no tan distinto de cómo se ponen apellidos en el mundo anglosajón). Esta organización revela una sociedad en la que la identidad individual está subordinada al papel que cada persona desempeña, y, de hecho, muchos de los apellidos que conocemos tienen este origen. La pescadora es la excepción incómoda: no está casada y, por tanto, queda fuera de la estructura que ordena la vida de sus vecinos. Su papel de solterona la encasilla, y la empuja a buscar marido como sea.

El cuento de Ursula Wills-Jones ya contenía una premisa especialmente fértil para explorar la envidia y las convenciones sociales. La película la amplía mediante un universo fantástico y una comedia que, por momentos, se acerca a la sátira negra. El marido de mimbre no es rechazado por imponer sus reglas ni por enfrentarse al pueblo, es, por el contrario, un personaje bondadoso, trabajador y atento, cuya presencia pone en evidencia las limitaciones de quienes lo rodean.

La reacción de los vecinos en Wicker es una mirada lúcida y triste sobre la condición humana. Mientras la pescadora vive al margen, su situación parece confirmar el orden establecido. Sin embargo, cuando encuentra el amor y empieza a disfrutar de una felicidad que los demás no habían imaginado para ella, despierta una hostilidad creciente. Los habitantes del pueblo no parecen reconocer plenamente su propia insatisfacción hasta que contemplan la alegría ajena. La envidia aparece entonces como una fuerza destructiva capaz de deteriorar la vida de los demás sin que exista un beneficio real para quien la ejerce.

Sensualidad y humor

Wicker funciona, en buena parte, por una esmerada construcción de mundo. Las casas, el vestuario y los objetos cotidianos tienen consistencia visual, en tanto las costumbres, las danzas y las canciones terminan de dar vida a la comunidad. Esa combinación permite que la fábula conserve su singularidad sin perder su capacidad para hablar de nuestra propia realidad. Algunos personajes secundarios funcionan sobre todo como representantes de los defectos de la comunidad, de modo que la sátira es tanto un retrato colectivo como una exploración de individualidades complejas.

El humor desempeña un papel fundamental. La película incorpora una sensualidad explícita y situaciones deliberadamente provocadoras que cuestionan las convenciones del matrimonio y de la vida íntima. Algunos chistes subidos de tono pueden sorprender a quien espere un cuento delicado y convencional, pero forman parte de la voluntad de la película de desmontar las imágenes idealizadas del amor y de las relaciones.

El marido de mimbre llena la historia de encanto. Es guapo, fuerte, voluntarioso y extraordinariamente atento. Alexander Skarsgård evita convertirlo en una mera marioneta aportando ternura e integridad y transmite humanidad a pesar de una presencia física insólita. El trabajo de caracterización, con un elaborado traje de mimbre y prótesis faciales, no le quita su apostura (eso es imposible) ni le impide encarnar a un personaje lleno de vida y sentimientos.

Olivia Colman, enorme, construye un personaje atrayente y fuerte, desde que aparece como una solterona desaliñada hasta la mujer que descubre la alegría del amor y el apoyo mutuo. Su interpretación evita que el cambio se reduzca a una simple transformación exterior y permite que la felicidad del personaje resulte creíble. Peter Dinklage aporta personalidad al artesano un poco mágico, que quiere mantenerse al margen de los líos del pueblo, pero no es seguro que pueda. Elizabeth Debicki, como la esposa del sastre, compone un personaje refinado y mezquino con una vida interior de desazón y resentimiento que oculta ferozmente.

Wicker es, en suma, una fábula sobre algo tan terrenal como la envidia y la mediocridad, combinando fantasía, comedia y sátira social en un universo visual lleno de color, textura y detalles. Olivia Colman y Alexander Skarsgård sostienen una historia de amor tan insólita como tierna, mientras Peter Dinklage y Elizabeth Debicki contribuyen a dar vida a una comunidad dominada por las convenciones y la insatisfacción.


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Wicker

8

Puntuación

8.0/10

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