Las crónicas de José F. Pérez Pertejo en la 71 SEMINCI
Hombre al agua (Gael García Bernal, 2026)
La película elegida para clausurar esta edición número 71 de la Seminci es Hombre al agua, dirigida y protagonizada por el actor (y director) argentino Gael García Bernal. Con cierta etiqueta de comedia (dramática), Hombre al agua nos cuenta la vida de Camilo, un socorrista cubano, él único que no se queda dormido mientras vigila en la playa de Varadero, que un día rescata a Abel (Jorge Salinas), un empresario mexicano que se ha hecho rico con la fabricación, comercialización y venta de precintos.
El caso es que la película empieza con un acertado sentido del ritmo, con una presentación eficaz de los personajes y con cierta gracia al plantear alguna que otra situación divertida. Camilo (interpretado por el propio García Bernal) es llevado a México por Abel y no tardará en casarse con Juana (Esmeralda Pimentel), la hija de Abel, una saltadora de pértiga absolutamente insoportable que lo humilla constantemente. El guion se irá enredando cada vez con más personajes como Silvina (Natalia Oreiro), una amante argentina de Abel que, al parecer, está esperando un hijo suyo; Fátima (Débora Nascimento), una actriz brasileña que va a interpretar el papel de una saltadora de pértiga y va a pasar unos días con Juana para documentarse, y hasta el mismísimo Ricky Martin (sí, el cantante puertorriqueño) que hace un alocado cameo.
La vida de Camilo se verá alterada con tantas mujeres en su casa, especialmente si añadimos a Malvina (Anna Díaz) la criada de la pequeña hija de Camilo y Juana y con los vaivenes amorosos y empresariales de su suegro y jefe que, ante la inminente ruina de su empresa, comienza a tomar decisiones drásticas para redirigir su vida hacia la política con la creación de un partido político rematadamente absurdo.
El caso es que da la permanente sensación de que García Bernal, que coescribe el guion junto a Mariano Pensotti, no sabe que hacer con tanto personaje y, hacia la mitad del film, todo empieza a no tener ningún sentido, a embarullarse narrativamente y, lo que podía haberse convertido en una inteligente sátira o, por lo menos, en una divertida comedia de enredo termina siendo un despropósito sin pies ni cabeza sobre el arribismo social, los abusos laborales, la paternidad, los culebrones brasileños y una crítica política que queda desdibujada ante tanto batiburrillo de personajes y situaciones disparatadas.
El problema es que, descartada la opción de tomarse en serio Hombre al agua, ni siquiera resulta divertida más allá de dos o tres momentos de tenue carcajada.

La libertad doble (Lisandro Alonso, 2026)
Lisandro Alonso es uno de esos directores que prácticamente sólo existe en el contexto de los festivales de cine para hacer las delicias de cierto sector de la crítica, de la más sectaria, es decir, de aquella que no concibe el cine de evasión y que repudia cualquier película que pueda ser entendida como un entretenimiento, no digamos ya un espectáculo.
Cineastas como Lisandro Alonso o Lav Díaz (galardonado con la Espiga de Oro el año pasado) permiten, a este sector de la crítica, hablar de nuevas formas, de radicalidad del lenguaje o utilizar palabras como audacia, riesgo u observación. Y sobre todo, les permite distinguirse de la opinión o el gusto del público ese al que algunos se permiten despreciar como “el público de sala” (que es precisamente el que paga las entradas y hace que esto del cine, que tanto amamos, siga adelante). Lo curioso además es que suelen despertar cierta sospechosa unanimidad porque claro, disentir equivaldría a decir que el emperador está desnudo.
Pues lo siento, pero como yo no pertenezco a la crítica sectaria y a mi sí me parece que pueden y deben existir tanto el cine de autor, incluso en sus vertientes más radicales, como el cine de evasión, entretenido, divertido y hasta espectacular, me voy a atrever a disentir. El emperador no está desnudo… pero lleva poca ropa, poca y de la que no abriga cuando hace frío.
En La Libertad doble, Lisandro Alonso hace una secuela (¡anda!, ¡cómo los de Marvel!) de su primera película La libertad (2001), aquella con la que desde la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes alumbró el nacimiento de lo que la crítica vino a llamar Nuevo Cine Argentino y que algunos (para desnacionalizar el estilo) llaman slow cinema o cine del silencio.
No resulta difícil deducir, de lo anterior, que estamos ante una película contemplativa, de esas en las que las secuencias duran una eternidad y no ocurre más que un hecho mundano como un señor talando un árbol durante quince minutos. No dudo que hay metáforas en cada imagen, que hay alegorías que se nos escapan… pero permítanme entonces que desconfíe de un cine que para ser apreciado necesite ser explicado.
Me hablan de que la película lleva implícita una crítica a la política de Milei… bien, a posteriori me lo puedo creer, pero en la película no hay ninguna referencia contextual temporal ni espacial que nos permita inferirla, más allá de la motosierra con la que el protagonista, Misael (Misael Saavedra) se ayuda para talar el árbol. Y no digo que haya que explicitarlo todo, una cosa son las películas muy combativas que, a menudo, son manipuladoras y otra esto: sabemos que es Argentina porque la peli es argentina pero podría ser el medio rural de cualquier otro país; y no hay nada que nos permita saber que estamos en 2025 o 2026 con el gobierno de Milei (la historia podría ser hace diez o veinte años y se vería exactamente igual).
La vida de Misael, un hombre solitario que vive en una chabola en condiciones muy precarias y vive talando árboles y pelando sus troncos, se ve alterada cuando le avisan de que su hermana Micaela (Catalina Saavedra) ingresada en una especie de institución psiquiátrica, no puede seguir allí porque, debido a los recortes presupuestarios, han externalizado los pacientes y se la tiene que llevar. La vida conjunta de Misa y Mica en la chabola no se adivina fácil y la cotidianidad de Misa se verá gravemente alterada.
Hasta ahí. No hay más. Esto que puede contarse en cinco o diez minutos lleva a Lisandro Alonso a cien minutos de contemplación, silencios y “slow cinema” lleno de alegorías de la naturaleza que incluyen acariciar árboles.
De todas las sesiones en las que he estado, es la única película que ha provocado pateos del público a su finalización, lo cual, sin duda, servirá de importante estímulo al jurado para incluirla en el palmarés. Los espectadores impenitentes que permanecimos en la sala hasta el final pudimos comprobar que, además, había una escena post-créditos (¡anda!, ¡cómo las de Marvel!).

El confidente (Daniel Calparsoro, 2026)
La guinda a la nutrida sección oficial de la presente Seminci ha sido el estreno mundial de El confidente, película dirigida por el siempre sólido y riguroso realizador Daniel Calparsoro que ha debutado así, aunque fuera de competición, en el certamen vallisoletano. Un regalo para el público que ha podido ver la película tres meses antes de su estreno en cines previsto para el 29 de enero de 2027.
El confidente se enmarca en la línea de películas recientes sobre la lucha contra ETA como Un fantasma en la batalla (Agustín Díaz Yanes, 2025) o la premiadísima La infiltrada (Arantxa Echevarría, 2024) con las que mantiene muchos puntos en común y algunas importantes diferencias, especialmente hacia el final del film.
Basada en hechos reales, la película trata de la relación del comisario de policía Enrique Pamiés (Javier Gutiérrez) con el chino (Miguel Herrán), un joven cachorro de la kale borroka, cantera de la banda terrorista ETA que, una vez detenido, fue captado por Pamiés como confidente de la policía y cuya colaboración contribuyó a la ola de detenciones de la cúpula etarra (Txapote primero y Súsper después) que, años después, llevaría a la derrota definitiva de ETA y su abandono del terrorismo.
Los dos primeros tercios de película funcionan perfectamente a ritmo de thriller, con una muy eficaz filmación de Calparsoro y un brillante trabajo de Gutiérrez y Herrán, particularmente este último que hace ya tiempo que dejó de ser una joven promesa del cine español y, a cada paso que da, se confirma como un actor talentoso y particularmente versátil. La historia de la improbable amistad entre ambos, que podría resultar inverosímil, acaba resultado creíble gracias a la autenticidad con que los dos dotan a sus personajes. Tenemos secuencias con tensión, acción, persecuciones, tiroteos e intrigas policiales. El equipo del comisario Pamiés, que tras los primeros éxitos será ascendido a Jefe superior de policía en el País Vasco, está formado por un puñado de buenos actores quizá un tanto desaprovechados, es una lástima que el guion no de un poco más de cancha a Itsaso Arana, Víctor Clavijo y Emilio Palacios.
A partir de aquí, El confidente se distancia un poco de lo que podría haber sido una «repetición» de los esquemas argumentales de La infiltrada y Una batalla tras otra y adopta un tono diferente. El tercio final del film se ocupa de la Operación Urogallo diseñada por la policía para desmantelar la red de extorsión de ETA, uno de cuyos epicentros estaba en el bar Faisán de Irún. Operación que fracasó por un chivatazo policial al propietario del bar, Joseba Elosúa por parte de Enrique Pamiés que, según apunta el guion, recibió órdenes de un superior a las que no se pudo negar.
Años después, asistimos al juicio de Pamiés que fue acusado de revelación de secretos y colaboración con banda armada. En este juicio, Gutiérrez notablemente envejecido, tiene otro tono más fatigado y decepcionado y es defendido por una abogada a la que interpreta Patricia Vico. La intervención de su confidente y además amigo será fundamental en este tramo del film que abandona el aire de thriller para tomar un carácter de drama judicial, un poco más reposado y melancólico marcado por el desencanto de Pamiés, abandonado a su suerte por sus superiores y decepcionado con su situación personal. Hay en este tramo una evidente crítica política que utiliza a sus peones para lograr sus objetivos y luego los deja tirados. Una crítica en la que no se apunta a una ideología concreta sino a la clase política en general. El que esté en el gobierno te utilizará y el que esté en la oposición utilizará lo que suceda para sacudir al que esté en el gobierno. Así nos va.

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