Las críticas de Daniel Farriol:
Ciclo-Retrospectiva José Giovanni
Un nommé La Rocca / A Man Named Rocca (Un tal La Rocca) (1961)
Un nommé La Rocca / A Man Named Rocca (Un tal La Rocca) (1961) es un thriller franco-italiano que está dirigido por Jean Becker, que también coescribe el guion junto a José Giovanni, adaptando la novela ‘L’Excommunié’ del propio José Giovanni. Robert La Rocca y a su amigo Xavier, están condenados en prisión por estar implicados en el asesinato de una banda rival. Cuando salen de la cárcel se muestran dispuestos a cambiar de vida, pero el pasado acabará marcando su destino.
Está protagonizada por Jean-Paul Belmondo, Mario David, Béatrice Altariba, Christine Kaufmann, Pierre Vaneck, y Henri Virlogeux. La película ha podido verse en el Festival de San Sebastián 2026 dentro de la Retrospectiva Clásica que han dedicado al director, guionista y novelista francés José Giovanni.

Empieza como un polar al uso
Un tal La Rocca supuso el debut tras las cámaras del cineasta Jean Becker que, siguiendo los pasos de su padre Jacques, decidió adaptar una novela policíaca de José Giovanni, el mismo autor de Le trou (1960), testamento cinematográfico del padre en cuyo montaje ya participó Jean. La novela escogida para su ópera prima fue ‘L’Excommunié’, una obra que versa sobre el código de honor y la lealtad dentro del mundo criminal. La película se divide en tres partes diferenciadas a nivel temático y estilístico. La primera sigue los cánones habituales del polar francés con una trama ambientada a finales de los años 40 en una Marsella de posguerra a la que regresa Roberto La Rocca (Jean-Paul Belmondo), un gángster de porte tranquilo que es temido por la rapidez que tiene para empuñar su revólver.
Su presencia allí no es casualidad, se ha enterado que su gran amigo, Xavier Barat (Pierre Vaneck), ha sido acusado de un crimen que dice no haber cometido y va a pasarse 20 años en la cárcel. La Rocca se enfrenta a los mafiosos que engañaron a su amigo, eliminándolos uno a uno y asumiendo el control de sus negocios (bares, prostíbulos, casas de juego). Con el dinero que gana pretende ofrecer una óptima defensa legal a su amigo y mantener a su hermana pequeña, Geneviève (Christine Kauffmann), con la que el gángster mantiene una ambigua relación de protección/atracción. Tras la llegada a la ciudad de otra banda criminal que quiere arrebatarle lo conseguido, La Rocca se verá envuelto en un tiroteo que le llevará a cumplir condena en la misma prisión que su amigo.

Continua como un drama carcelario
Becker se maneja bien creando las atmósferas de ambientes criminales nocturnos en un noir de aspecto elegante y ritmo pausado que transpira clasicismo. En este tramo, la historia de Un tal La Rocca no es excesivamente original y tampoco se explican adecuadamente algunas acciones, los diálogos subrayan la virilidad de los protagonistas y su forma de entender la vida, pero la película cuenta con algunos personajes secundarios bien caracterizados y con la presencia arrebatadora de un Belmondo en estado de gracia que logra captar por sí solo toda nuestra atención. Sin embargo, la película vira inesperadamente y se transforma en otra cosa distinta.
Con la llegada de La Rocca a prisión, el cine negro da paso a un drama carcelario de manual, cambiando por completo la forma de rodar por parte de Becker. Los dos amigos deberán sobrevivir a celadores maniáticos y a la sensación de aislamiento, huir de allí parece imposible, así que para reducir sus condenas deciden alistarse a un grupo de reclusos que han sido reclamados para desactivar minas en unas dunas. Esta segunda parte del filme tiene una narrativa menos constante y más deslavazada, transitando entre el drama humano, la lucha por la supervivencia o la aventura más enfocada al espectáculo y la acción.
En ese sentido, destaca especialmente la tensión acumulada en la larga secuencia de las minas, bajo un sol abrasador que contrasta con los ambientes nocturnos del inicio. También sirve para que conozcamos mejor las debilidades e inseguridades del personaje de Xavier, el típico amigo que acaba metiendo en problemas a todos. El trágico desenlace de la secuencia nos lleva mediante una exagerada elipsis hasta la tercera y última parte de la película.

El fatalismo final
Ya fuera de la cárcel y de vuelta a la ciudad, los dos amigos planean comprar un terreno para construir una casa e iniciar una nueva vida al margen del mundo criminal, junto a Geneviève. El estilo fatalista de la prosa de Giovanni no se lo pone fácil y las cosas no saldrán como esperaban. En este punto hay que comentar que Becker introdujo diversos cambios en la película respecto a la novela original, uno de los más notorios es precisamente el final y el sentido dramático del mismo.
Sin entrar en el terreno el spoiler, en mi modesta opinión, Un tal La Rocca encuentra un final preciso que entronca a la perfección con la tradición moral del polar francés y su sentido del código de honor, la amistad traicionada conduce a ambos amigos por caminos separados en un plano final conceptualmente brillante. Es curioso que, pese a que Giovanni colaboró en el guion, no quedó nada satisfecho con los cambios efectuados por el director respecto a su novela, por lo que años más tarde decidió dirigir su propia versión de la misma, El clan de los marselleses (1972), con mucho peor resultado.
Un tal La Rocca es una película de interesante planteamiento cuyo mayor problema reside en la falta de cohesión que hay entre la parte del hampa y la parte de la cárcel, es como contemplar dos películas distintas donde incluso algunos personajes importantes de la primera mitad desaparecen posteriormente de la trama. Pese a ello, la película tiene momentos aislados de gran valor en ambas partes y secuencias concretas que se quedan en la retina como aquella antes citada de la desactivación de minas.

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