Las críticas de Daniel Farriol:
Ciclo-Retrospectiva José Giovanni
Symphonie pour un massacre / Symphony for a Massacre (Ronda de crímenes) (1963)
Symphonie pour un massacre / Symphony for a Massacre (Ronda de crímenes) (1963) es un thriller franco-italiano que está dirigido por Jacques Deray, quien coescribe el guion junto a José Giovanni y Claude Sautet, adaptando lo novela ‘Les Mystifiés’ de Alain Reynaud-Fourton. Cinco hombres deciden juntar una gran suma de capital para poder entrar en un importante trato, en el cual adquirirán una cantidad de droga que posteriormente les permitirá enriquecerse. Sin embargo, cuando el trato está apunto de realizarse, uno de los compinches intercepta el dinero y mata a uno de sus amigos para tapar sus pistas. Los demás serán entonces acosados por las dudas y la confusión general, generando una situación que sólo puede desembocar en una oleada violencia.
Está protagonizada por Jean Rochefort, Michel Auclair, Charles Vanel, José Giovanni, Claude Dauphin y Michèle Mercier. La película ha podido verse en el Festival de San Sebastián 2026 dentro de la Retrospectiva Clásica que han dedicado al director, guionista y novelista francés José Giovanni.

Quedarse con todo
Ronda de crímenes no es una película demasiado reconocida dentro del polar francés por no tratarse de una incursión pura en el género, funcionando más como un híbrido entre el thriller criminal que se hacía en los Estados Unidos durante los años 60 y la subversión identitaria del género afianzada entre los cineastas franceses. Jacques Deray profundiza en la elegancia escénica del polar sin renunciar a una acción más física, sirviéndonos un policíaco brillante que va creciendo en intensidad a medida que la trama se complica en una espiral violenta de efecto dominó donde las circunstancias de cada asesinato fuerzan que se comenta el siguiente.
La película se toma su tiempo en presentarnos a los personajes y cuál es la situación principal. Mediante movimientos de cámara suaves, un ritmo pausado y diálogos descriptivos bastante teatralizados, se nos desvela una trama donde cinco hombres pactan aportar una cantidad de dinero para comprar conjuntamente un alijo de droga y enriquecerse posteriormente con su venta. Uno de ellos, interpretado por el propio guionista José Giovanni, será el encargado de transportar el dinero de todos los demás para hacer el intercambio, pero tras ser atacado en el tren en el que viaja, el dinero desaparece. A partir de ahí comienza una sucesión de acusaciones, dudas y sospechas para esclarecer lo sucedido y saber si uno de ellos es un traidor que ha querido quedarse con todo el dinero.

Sinfonía de crímenes
Deray nos presenta los hechos eludiendo deliberadamente el típico whodunit de las novelas policiacas de Agatha Christie, los personajes no saben quien es ese traidor, pero nosotros sí. El director nos desvela su identidad desde el principio y, de hecho, nos obliga a identificarnos con las acciones criminales que va ejecutando para salir indemne y quedarse con el dinero. Esa identificación con el personaje interpretado por un jovencísimo Jean Rochefort provoca una mayor tensión en el relato al convertirnos en «confidentes del delincuente», sabemos lo que el resto de personajes no saben.
La cosa se pone interesante a partir de la secuencia del tren. Tras un inicio pausado y sin mucha acción, asistimos a la metódica preparación del criminal de una coartada que le permita engañar al resto, el ideal del crimen perfecto, pero como siempre sucede en estos casos cualquier mínimo detalle puede llevar al traste con todo. En el tren estalla la violencia que cambia el rumbo de la historia y el ritmo de la película.
Por eso me parece más adecuado el término «sinfonía» del título original que la «ronda de crímenes» en castellano, ambos términos tienen significados muy distintos. La sinfonía evoca notas musicales concatenadas que es lo que sucede aquí, el asesino no mata indiscriminadamente, se ve sorprendido por las circunstancias y, tras su primer asesinato, debe cometer los siguientes para evitar ser descubierto. El guion está muy bien armado para que ese cúmulo de situaciones no resulte forzado.

Suspense y fatalismo
Ronda de crímenes tiene una puesta en escena sobria y elegante, destacando la fotografía en blanco y negro de Claude Renoir que utiliza los claroscuros habituales del cine negro para potenciar la dualidad moral de los personajes. También es curioso el uso del tiempo, Deray otorga gran importancia al detalle y lo cotidiano, alargando momentos de apariencia intranscendente que contrastan con el fuera de campo o las elipsis que utiliza en momentos clave. El protagonista tiene un rictus hierático que no deja entrever sus emociones, en la tradición del gángster solitario o del pistolero de los wésterns clásicos, colaborando en la creación de una atmósfera amoral y fatalista que se oscureciendo hasta llevarnos a un desenlace trágico que es, al mismo tiempo, catártico.
Ronda de crímenes es un policiaco que vale la pena recuperar. Tiene un manejo hitchcockiano del suspense y la ambigüedad melancólica del polar francés, poco más se puede pedir.

¿Qué te ha parecido la película ‘Symphonie pour un massacre / Symphony for a Massacre (Ronda de crímenes)’?
Descubre más desde No es cine todo lo que reluce
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.






























