Las críticas de Daniel Farriol:
Ciclo-Retrospectiva José Giovanni
Le deuxième souffle / Second Wind (Hasta el último aliento) (1966)
Le deuxième souffle / Second Wind (Hasta el último aliento) (1966) es un thriller francés que está dirigido por Jean-Pierre Melville, quien también coescribe el guion junto a José Giovanni, adaptando su propia novela homónima. Gustave Minda es un peligroso criminal que, después de escapar de prisión, va a París para reunirse con sus socios y se ve envuelto en una matanza entre bandas rivales. Antes de abandonar el país, Gu necesita dar un último golpe para conseguir dinero, pero es perseguido por el inspector Blot.
Está protagonizada por Lino Ventura, Paul Meurisse, Raymond Pellegrin, Marcel Bozzuffi, Michel Constantin y Christine Fabrega. La película ha podido verse en el Festival de San Sebastián 2026 dentro de la Retrospectiva Clásica que han dedicado al director, guionista y novelista francés José Giovanni.
La decadencia física del gángster
Aunque parezca mentira, Hasta el último aliento supuso la única colaboración de dos gigantes del polar francés: el director Jean-Pierre Melville y el novelista/guionista José Giovanni. La trama de la novela ‘Le deuxième souffle’ sigue los pasos de Gustave Minda (Lino Ventura), alias «Gu», un legendario gángster que logra escapar de la cárcel. Con toda la policía pisándole los talones y desesperado por conseguir dinero para abandonar Francia de manera definitiva y empezar una nueva vida en el extranjero, Gu busca refugio en París junto a Manouche (Christine Fabrega) y Alban (Michel Constantin), fieles compañeros que le ayudan a encontrar un lugar donde ocultarse.
Desde el inicio de la película se crea una atmósfera crepuscular muy acorde al polar en general y al cine de Melville en particular. Minda es un delincuente peligroso y astuto, pero es evidente que sus mejores años han pasado. Durante la huida de prisión vemos como recibe la ayuda de otros presos para no precipitarse al vacío tras saltar un muro o para lograr subir a un tren en marcha, ya no es el que era. Se trata de una presentación de personaje modélica y atípica, se nos muestra a un asesino vulnerable que deberá adaptarse a los nuevos tiempos en la mafia parisina. Lino Ventura está brillante, su físico imponente resalta aún más esa fragilidad interior del personaje ante el inexorable paso del tiempo.
Posteriormente, se verá envuelto de manera involuntaria en una violenta guerra entre bandas rivales del crimen organizado por el control de los territorios y surge la oportunidad que esperaba para comenzar de nuevo: un último golpe, el asalto a un furgón blindado.

La vieja y la nueva guardia
Melville se adelanta a otros cineastas de los 70 y 80 al plantear una historia donde el contraste entre la manera de actuar de la vieja guardia y la de jóvenes mafiosos emergentes puede concluir con la derrota de ambos lados. Cuando Gu es interrogado por la policía, el juego de sospechas y traiciones se recrudece, poniendo en entredicho el código de honor dentro de los miembros del hampa. La lealtad en el mundo criminal es uno de los temas favoritos en las novelas de Giovanni. Es fácil adivinar que cuando la madeja se embrolla nadie puede salir indemne de una situación así y emerge el fatalismo habitual del polar francés derivando en un final antológico con tiroteo incluido que seguro influenció en las jóvenes mentes de Tarantino o Michael Mann antes de ponerse a filmar Reservoir Dogs (1992) y Heat (1995), respectivamente.
Pero el estilo de Melville es otro. Clasicismo, existencialismo y realismo. La secuencia del asalto al furgón blindado es una maravillosa muestra de la pulcritud caligráfica en su narrativa, casi a tiempo real y sin perder un ápice de tensión dramática. Aunque se trata de un momento aislado en la narrativa de la película, durante los 144 minutos de metraje predominan los silencios y la introspección psicológica del personaje central en su huida hacia adelante, la violencia es seca y directa, pero no se recrea en ella. En ese sentido, existe un innecesario remake posterior de la misma novela Le deuxième souffle (Alain Corneau, 2007) que no encuentra ese mismo tono sombrío y claustrofóbico, pese a contar en los roles principales con Daniel Auteuil y Monica Bellucci.

La ambigüedad moral
Hasta el último aliento tampoco es una obra redonda y muchos especialistas la consideran un trabajo menor dentro de la filmografía del director. Probablemente algo tenga que ver el extenso metraje, el ritmo lento y una primera mitad bastante confusa al combinar en paralelo diversas subtramas. Sin embargo, su acercamiento a la decadencia de un gángster que se resiste a dejarse ningunear por las nuevas generaciones del hampa, la hace especialmente trágica.
La identificación del espectador con el criminal es total pese a mostrarse como un tipo despiadado al que no le tiembla el pulso para apretar el gatillo (su especialidad es hacerlo en el interior de un coche en marcha). En parte eso es debido a la vulnerabilidad del personaje que citábamos al inicio y a la lealtad que le profesan sus amigos, pero también porque se muestra como alguien inquebrantable en sus principios, muy por encima de algunos de los considerados «buenos», las escenas más violentas son las torturas policiales, gran parte en off para no ser censuradas. Tal es así que al inicio de la película unos rótulos nos advierten de que la película no defiende la moralidad del gángster (como vemos, lo de no saber contextualizar una ficción no es solo algo que sufrimos en los nuevos tiempos).
El antagonista, el Comisario Blot (Paul Meurisse), es un tipo paciente y sarcástico que representa a la Ley con mayúsculas. Su táctica es de desgaste, dejar que los criminales se maten o delaten entre ellos. Blot quiere atrapar a Gu a toda costa, pero incluso él lo admira (por ejemplo, el gesto final dejando caer un bloc de notas para que un periodista tenga la información real de lo sucedido sin manchar la reputación del criminal). Ambos personajes principales están muy bien definidos, han escogido caminos muy distintos entre ellos aunque paradójicamente no se diferencian tanto en su forma de ver la vida (los dos son de la vieja escuela, de los que ya quedan pocos), sin embargo, no se puede decir lo mismo de algunos personajes secundarios que quedan bastante desdibujados.
Hasta el último aliento es una película monumental sobre el irremediable ocaso de un criminal. Moralmente ambigua y con una estética cruda y decididamente crepuscular, muy acorde al fatalismo del polar francés.

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