Las críticas de Daniel Farriol en el 74SSIFF:
Sección New Directors
Body of Glass
Body of Glass es un drama coproducido por Alemania y Francia que está escrito y dirigido por Naëmi Ada. Tras un violento incidente con Felix, la bailarina Tian huye de su controladora pareja y de la vida que compartían en Marsella. Aislada y desesperada por conectar con alguien, se infiltra en el grupo de duelo de un joven al que nunca conoció. Pero mientras se ve envuelta en el dolor y el afecto de ese círculo, oculta una peligrosa verdad. Cuando las mentiras, el duelo y la realidad chocan entre sí, Tian debe decidir si rompe el ciclo.
Está protagonizada por Soma Pysall, Elise Tilloloy, Manuel Severin, Younès Boucif. La película ha podido verse en el Festival de San Sebastián 2026 dentro de la Sección New Directors.

Mentiras piadosas
Body of Glass es el interesante debut en la dirección de largometrajes de Naëmi Ada tras algunos cortos y trabajos experimentales. La historia nos presenta a Tian, una joven bailarina que mantiene una relación tóxica con Felix, uno de sus coreógrafos. Al no poder separar la vida personal de la vida profesional, la mujer padece una sensación de asfixia que su controladora pareja no comprende. Tras un incidente violento entre ambos, ella toma una decisión radical. Durante los primeros minutos de la película, Ada aborda los hechos de una manera casi costumbrista, pegando la cámara a su protagonista, e infiltrando la violencia cotidiana como parte de una rutina malsana y demasiado reconocible. Hasta entonces, el relato se siente convencional y previsible, filmado con cierta elegancia, pero despertando poco interés.
Durante una visita al hospital, Tian conoce a una familia rota por el dolor tras haber fallecido en un accidente uno de sus integrantes. Algo que al principio no entendemos, lleva a la chica a acercarse a esos desconocidos y somatizar el duelo familiar como si fuera un duelo propio para canalizar su propio dolor e insatisfacción. A partir de ahí, la película se vuelve más atractiva y profunda, planteando temas complejos sobre la identidad y los vínculos afectivos en un ejercicio de estilo que, por momentos, se vuelve fascinante.
La protagonista se hace pasar por la novia del fallecido y, en su mayoría, la familia del mismo se lo cree (o quieren creérselo). Entre todos ellos surge una relación de dependencia y acompañamiento emocional donde no se hacen demasiado preguntas para no hallar respuestas incómodas, pero lo que está claro es que una mentira como esa tiene los días contados. La actriz Soma Pysall convence a la hora de transmitir ese trayecto de vaivenes emocionales.

Somos frágiles como el cristal
La puesta en escena de Body of Glass es sobria y de corte contemplativo. La mirada de Naëmi Ada parece distante, pero también es enérgica y visceral, algo que se demuestra en su manera de filmar las escenas de danza convirtiendo los cuerpos en movimiento en un vehículo dramático. Algunos matices en la trama hacen crecer la sensación de incomodidad y desasosiego, pero la directora no pierde nunca su elegancia escénica ni cuando Tian se mete en una espiral donde cada decisión que toma es tan peligrosa como éticamente discutible. Sin embargo, nunca la juzga y eso facilita que el espectador pueda conectar con el personaje durante esa deriva hacia la oscuridad.
En el estilo minimalista de la directora se perciben diferencias en su manera de retratar los interiores y los exteriores para vincularlos a las emociones de los personajes. En interiores, los encuadres de cámara encierran a los personajes dentro de las líneas arquitectónicas de puertas y ventanas, mientras que los exteriores ofrecen un alivio dramático con planos más abiertos (la escapada a la playa o el propio plano de cierre).
Es una pena que el desenlace no esté a la altura del resto y resulte algo insatisfactorio, pero hay que entender que no era sencillo encontrar una salida para Tian sin caer en los lugares comunes. Body of Glass es una película compleja y exigente con el espectador que nos habla de salud mental y de los mecanismos de defensa que utilizamos para superar el dolor de la pérdida. También nos habla de dependencia emocional, ya sea de manera inconsciente en las relaciones tóxicas o de manera consciente en otras relaciones que nos sirven para sanar nuestras heridas. Y finalmente, es un filme que reflexiona sobre la configuración de una identidad propia como acto de supervivencia. Los ensayos de danza contemporánea y de danza acrobática se convierten en una bella metáfora de esa lucha diaria por saber quiénes somos.
¿Qué te ha parecido la película ‘Body of Glass’?
Descubre más desde No es cine todo lo que reluce
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

























