Las críticas de Daniel Farriol en el AMFF 2026:
Así llegó la noche
Así llegó la noche (Así chegou a noite) es una drama español que está dirigido por Ángel Santos Touza (Las altas presiones, Dos fragmentos / Eva), que coescribe el guion junto a Pablo García Canga. Un escultor establece su taller en una apartada zona rural de la costa gallega. Poco a poco irá aislándose de su entorno, cortando todo contacto con amigos y familiares. Cuando una antigua amante acuda a su encuentro provocará la reflexión del escultor sobre su deseo de aislamiento y la necesidad de una nueva huida.
Está protagonizada por Denis Gómez, Violeta Gil y Miquel Insua. La película se ha incluido a partir del 24 de julio de 2026 como parte de la Sección Domestic de la programación del Atlàntida Film Festival, de la mano del Filmin.

Uno de los máximos exponentes del Novo Cinema Galego
El director Ángel Santos Touza es uno de los máximos exponentes del Novo Cinema Galego, como ya demostró con la notabilísima Las altas presiones (2014), una corriente estilística surgida en Galicia a finales de los 2000 que está caracterizada por la exploración de un realismo existencial a través de un cine vanguardista que a menudo desdibuja las barreras de la ficción con el cine documental.
Otros nombres destacados en este subgénero son Lois Patiño o Eloy Enciso, o incluso Oliver Laxe, aunque en este último caso considero que ha ya tomado un camino que se aleja bastante de las estructuras narrativas habituales del resto de cineastas de esta generación de jóvenes gallegos. Tengo que decir que tengo mis pros y contras hacia este movimiento y que no siempre me siento interpelado emocionalmente como espectador ante las propuestas que nos hacen.
Así llegó la noche (Así chegou a noite), la última película de Ángel Santos Touza, es una suerte de secuela del cortometraje Así vendrá la noche (2021), de 14 minutos de duración y que cuenta con los mismos personajes principales del largo. El director utiliza todos los elementos habituales de este movimiento cultural apegado también a otras expresiones y manifestaciones artísticas, no por casualidad el protagonista es escultor, todo tipo de creación es útil como metáfora de construcción de la propia vida. La película nos traslada hasta una zona rural de la costa gallega, un pequeño pueblo que parece estar conscientemente aislado del frenético ritmo habitual que tenemos en las grandes ciudades.

Crisis y desaparición
El escenario es un personaje clave en la historia. Los paisajes inhóspitos, casi salvajes e inexplorados, y ese retrato paisajístico del entorno como un estado de ánimo, son síntomas comunes del Novo Cinema Galego que suele retratar la crisis existencial de una generación a través del contraste con la naturaleza. Ritmo pausado, silencios, planos estirados al máximo o una atmósfera extraña que se mueve entre lo irreal y lo cotidiano, son otros de los aspectos habituales que se repiten en este tipo de cine y que Así llegó la noche maneja con audacia.
La trama sigue, en primer término, a Pablo (Denis Gómez), un escultor que establece su taller en un pueblo donde no queda casi nadie tras cerrar la fábrica que empleaba a la mayoría de lugareños. Poco sabemos de él y de su pasado, más allá de que le esperan dentro de un mes para presentar su obra en una exposición. Sí presentimos que está huyendo. No de alguien ni de nada en concreto, simplemente siente la necesidad de desconectar de todo, renunciar a sus obligaciones sociales y desaparecer. Lo vemos en pequeños gestos (deja «olvidado» su teléfono móvil dentro de un jarrón, camina en soledad hasta una cabaña que hay en un acantilado, etc), pero también en su manera de relacionarse con los demás.
Durante la primera mitad de la película asistimos a ese proceso de deconstrucción de Pablo que se trunca temporalmente con la inesperada llegada al pueblo de Andrea (Violeta Gil), una antigua amante suya que también parece buscar refugio allí huyendo de su actual relación. El reencuentro ilumina algunos recuerdos del pasado, pero ambos se encuentran en una etapa distinta de su vida. Tras una noche de pasión, Pablo desaparece sin dejar rastro.

El pasado es irrecuperable
La segunda mitad de la película adquiere un halo de misterio que la dota de mayor interés, pero en esencia se trata del mismo relato contado desde un punto de vista distinto, el de Andrea. Así llegó la noche nos habla de la necesidad de reencontrarse con uno mismo alejándose de los demás; de desconectar de la rutina diaria y detenerse a reflexionar; de buscar y hallar un lugar donde hacer lo que nos apetece obviando lo que se supone que deberíamos hacer.
En ese sentido, la película logra su objetivo. Ángel Santos Touza filma a sus personajes con la paciencia y parsimonia de un orfebre. El tono documentalista arranca imágenes de gran belleza plástica a una pantalla herida que exuda melancolía, decepción y tristeza. Los sonidos de la naturaleza y la música envuelven con elegancia ese misterioso viaje hacia la desaparición. Sin embargo, el ritmo es excesivamente moroso y, en muchos momentos, se exagera el tono contemplativo en busca de una trascendencia inherente a la propia historia que no necesitaba dar tantas vueltas a un mismo concepto. El único punto de conexión que tienen Pablo y Andrea con la realidad es el personaje interpretado por Miquel Insua, un hombre-profeta que regenta un desolado camping de autocaravanas vacías. Algunos de sus diálogos resultan demasiado literales para subrayar sus ideas.
Así llegó la noche es una obra exigente que necesita verse sin prisas para obtener la recompensa. Enigmática e introspectiva, reflexiona sobre el aislamiento y la desconexión digital como única forma de recuperar nuestra identidad en un mundo hiperconectado. La cuestión es cuanta gente hay ahora capaz de ver algo así sin echar un vistazo a su móvil…
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