Las críticas de Laura Zurita:
Atrapa el millón
Sinopsis: Creyendo erróneamente que su empresa no le ascenderá, Stan se derrumba y decide robar una maleta con un millón de euros de dinero negro de la caja fuerte de su jefe. Se dirige al aeropuerto con su novia, pero, de camino, una llamada le anuncia que conseguirá el ascenso soñado. Tiene una noche para enmendar su error y devolver el millón a la caja fuerte. Para ello recurrirá a Hippolyte, un cerrajero con pocos escrúpulos.
Dirección: Grégoire Vigneron. Guion: Isabelle Jacquet, Julie Ponsonnet y Grégoire Vigneron. Fotografía: Léo Lefèvre. Música: Sylvain Goldberg. Reparto: Christian Clavier, Rayane Bensetti, Gilles Cohen, Claire Chust, Julie Ferrier, Jean-Luc Couchard y Charlotte Gabris. Distribución: A Contracorriente Films. Estreno: 29 de julio de 2026.
Stan y sus líos
El periodo estival, tradicionalmente, se usa para películas como esta. Atrapa el millón presenta su tono desde su cartel y su tráiler. Es humor blanco, fácil de seguir, para ver con la familia o con amigos sin pensar demasiado, y noventa minutos que pasan rápido.
Stan es ese compañero de trabajo que todos hemos tenido, o que quizá hemos sido: el que se deja la piel sin que nadie se entere, y al que resulta muy fácil tomarle el pelo. Un compañero le juega una mala pasada, Stan se hunde pensando en el ascenso que se le escapa, y roba el dinero de la caja fuerte. Cuando una carambola le devuelve su ascenso, ya no quiere el dinero: quiere devolverlo antes de que alguien note que falta, y ahí arranca una noche muy, muy larga.
Porque Stan está solo en su lío: su obsesión por el trabajo lo ha dejado sin compañeros que lo puedan ayudar a gestionar una crisis de este calibre. Solo se le ocurre llamar a Hippolyte, el único cerrajero que conoce. Un tipo con pocos escrúpulos, la elección menos recomendable para un asunto tan delicado, un cómplice muy necesario y muy poco apropiado. Ese es el mecanismo de descoloque del que arranca la película.
Comedia de enredos
La mecánica es la típica de una película de enredos. Lo que parecía fácil se complica de la forma más absurda posible, un obstáculo llama a otro, y la solución siempre es peor que el problema anterior. Funciona, estirando el chicle, durante la mayor parte del metraje.
Donde cojea Atrapa el millón es en el tramo final. El giro llega con prisas, como si el guion hubiera mirado el reloj, y casi se nos pasa de lo rápido que es. Luego en el desenlace nos cuela un mensaje serio que a mí, al menos, me dejó un poco descolocada: la película no necesitaba esa profundidad, y forzarla le resta más de lo que le suma.
El oficio se nota. La película es una comedia que conoce sus reglas y las aprovecha al máximo. El humor es ligero, fácil, apto para todos. A veces se aprieta el acelerador un poco de más: Gilles Cohen, como Hippolyte, se pasa de rosca en algún momento, mientras el resto del reparto (con Christian Clavier a la cabeza, todo un profesional en este género) se mantiene más comedido.
En resumen, Atrapa el millón cumple como comedia agradable. Tiene ritmo, sabe divertir con el enredo y se ve y olvida sin problemas.
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