Las críticas de Laura Zurita:
Mala Bestia
Atenea vive en un internado con otros niños huérfanos, aferrada a la idea de no crecer. Cuando una pareja decide acogerla, se abre ante ella la posibilidad de un hogar real. Pero el miedo a ser reemplazada despertará en ella un instinto que la empujará a hacer lo inimaginable.
Dirección: Bàrbara Farré. Guion: Bàrbara Farré, Alberto Dexeus. Reparto: Maria Schwinning (Atenea), Iria del Río, Roger Casamajor, Mauro Vélez, Irene Balmes. Distribución: A Contracorriente Films. Estreno: 31 de julio de 2026.
Al borde de lo real
Mala Bestia se sitúa en un lugar extraño, casi al borde de lo real. Hay un aire de irrealidad que lo impregna todo. El internado en el que vive Atenea tiene unas reglas que rozan el cuento medieval: las chicas cambian de color de vestido con la menarquia, hay una habitación misteriosa reservada a las más veteranas, circulan sustancias de poderes extraños. La sensualidad y el horror flotan sobre los muebles. Los personajes casi se tocan sin llegar a hacerlo.
Se siente que hay algo ahí, elusivo, y nada benigno. El ritmo es lento, contemplativo, de los que dan tiempo a fijarse en los detalles: la simbología del color, las muñecas rusas que aparecen por todas partes, todo lo que se esconde a plena vista.
Mala Bestia es la ópera prima de Bàrbara Farré, que llega al cine tras años de videoclip y la serie Selftape. Se nota que prioriza lo sensorial sobre la trama, y eso le da personalidad, aunque también deja zonas cojas. Su fábula sobre el miedo a crecer termina siendo, en realidad, sobre el miedo a desaparecer, a dejar de ser cuando llega la edad adulta. Ahí está la razón de que Atenea se aferre a la infancia con esa desesperación. La fantasía se cuela en la realidad sin declararse del todo, y la crueldad que le da a todo un aire perturbador.
La fotografía de Mala Bestia juega con esa doble cara mágica e inquietante: dorada y envolvente en los buenos momentos, gris y oscura en los malos. El sonido, sutil, da pistas, y la música (triste, sugerente, a ratos punzante) encaja perfectamente. Entre los dos consiguen algo poco habitual: no solo sugerir la incomodidad, sino provocarla de verdad. Hay gestos que, por un centímetro o una fracción de segundo, pasan de lo inocente a lo perturbador.
Peter Pan sobrecogedor
Atenea tiene algo de Peter Pan; no quiere crecer, por miedo a que no la elijan, por miedo a desaparecer. Y esa voluntad la lleva a extremos que ya se intuyen desde el principio. Maria Schwinning la interpreta con una mezcla de encanto y falta de escrúpulos que hace de Mala Bestia una obra extrañamente inquietante. Al ser una actriz que por edad no puede rodar escenas explícitas, la insinuación se convierte en recurso narrativo, y aquí juega a favor de la película: todo queda sugerido, nunca mostrado. Es dulce, y también sobrecogedora.
Ahora bien, el mayor problema de Mala Bestia viene de ahí mismo. La narración no llega a definir ni su tono, ni su propio universo fantástico ni las reglas que lo rigen. Hay acciones que no encajan con la lógica que la propia película se ha dado, y gestos y tramas que desaparecen sin avisar, y eso resta unidad al conjunto. A mí, en algún tramo, me pasó que se me hacía interminable y la película dejó de interesarme cuando el estilo pesaba más que la historia.
En resumen, Mala Bestia es un debut ambicioso que apuesta por la atmósfera y lo insinuado para hablar de crecer y de desaparecer. Sostenida por una factura técnica muy cuidada y por la actuación de Maria Schwinning, aunque todavía le falte encontrar el equilibrio entre la fuerza de sus imágenes y la solidez de lo que cuenta.
¿Qué te ha parecido la película Mala Bestia?
Descubre más desde No es cine todo lo que reluce
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


























