Las críticas de Laura Zurita:
Jugada maestra
Becket, un potencial heredero de una fortuna millonaria, solo tiene un pequeño problema: que es el octavo en la línea de sucesión. Lo cual, por supuesto, tiene una fácil solución: matarlos a todos hasta que solo quede él.
Jugada maestra (How to Make a Killing) está escrita y dirigida por John Patton Ford. En el reparto encontramos a Glen Powell, Margaret Qualley, Ed Harris, Jessica Henwick, Topher Grace y Bill Camp, entre otros. La película se estrenó en España el 15 de mayo de 2026, distribuida por Diamond Films.

Un mundo de lujo
Jugada maestra recupera una narración clásica sobre personajes dispuestos a todo con tal de alcanzar la vida que creen merecer. La obra es una reinterpretación de la película Ocho sentencias de muerte (Kind Hearts and Coronets) (Robert Hamer, 1949), la célebre comedia negra británica basada en la novela Israel Rank: «The Autobiography of a Criminal». Y aunque esta nueva versión cambia bastante el tono y la estética, conserva intacta la idea central, el deseo obsesivo de ascender socialmente cueste lo que cueste.
La historia sigue a Becket Redfellow (Glenn Powell), un hombre que se siente apartado del mundo al que cree pertenecer. Más que el dinero en sí, lo que persigue es una forma de vida, una identidad, la sensación de entrar finalmente en ese universo elegante y privilegiado que siempre ha contemplado desde fuera. La película habla menos de riqueza que de aspiración social, de personas convencidas que la felicidad está escondida detrás de una determinada clase de existencia.
El tono del filme es de comedia negra, aunque a veces parece escapársele de las manos. La trama quiere mantener un equilibrio entre sátira, thriller criminal y humor sofisticado, y no siempre consigue que todas esas piezas encajen del todo. Hay escenas donde el cinismo funciona muy bien y otras donde el artificio cómico resulta algo forzado, es en ese territorio incómodo donde el tono amenaza constantemente con romperse.
Jugada maestra arranca in medias res, con el protagonista ya en prisión, y desde ahí reconstruye poco a poco cómo ha terminado en esa situación. Ese juego narrativo permite introducir sorpresas y giros sin perder ritmo, y mantiene cierta intriga incluso cuando el espectador entiende rápidamente hacia dónde se dirige la historia.
Todo está lleno de lujo, superficies brillantes y personajes que parecen vivir permanentemente interpretándose a sí mismos. Hay algo deliberadamente artificial en ese mundo de ricos excéntricos y familias disfuncionales, y la película sabe aprovecharlo.
Dúo carismático
Glenn Powell confirma aquí su carisma y capacidad para moverse entre la comedia, el thriller y el encanto clásico de estrella de cine. Su personaje podría haber resultado simplemente antipático, pero él consigue que Becket sea al mismo tiempo manipulador, ridículo y encantador. La película funciona porque entiende perfectamente el tono exagerado y juguetón de la propuesta.
Margaret Qualley tiene esa elegancia fría y magnética que convierte cada aparición suya en algo hipnótico. La actriz domina esa mezcla entre sofisticación, sensualidad y cierta distancia irónica que define al personaje, con su presencia escénica y mirada.
Cierto, Jugada maestra no alcanza la precisión satírica ni la brillantez cruel de la obra original británica, y en ocasiones parece más interesada en el estilo que en profundizar realmente en su crítica social. Pero tampoco pretende convertirse en una disección especialmente amarga del privilegio. Lo que quiere es entretener, y eso lo consigue con bastante eficacia.
Glamourosa, ágil y llena de personajes moralmente dudosos, la película funciona como una comedia negra ligera sobre gente dispuesta a cualquier cosa para entrar en el mundo de los privilegiados. Puede que el tono no siempre esté perfectamente controlado y que algunos mecanismos del guion resulten demasiado evidentes, pero tiene ritmo, sentido del humor y dos protagonistas con muchísimo magnetismo.
En resumen, Jugada maestra recupera el espíritu de las grandes comedias negras clásicas para construir un relato entretenido, elegante y bastante cínico sobre la obsesión por ascender socialmente. No siempre alcanza toda la mordacidad que promete, pero las actuaciones de Glenn Powell y Margaret Qualley convierten este juego criminal en una experiencia muy disfrutable.
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