Las críticas de Laura Zurita:
Torrente Presidente
Torrente Presidente está escrita y dirigida por Santiago Segura, con un amplio elenco y abundantes y divertidos cameos. La película se estrena en España el 13 de marzo de 2026 de la mano de Sony Pictures.
Santiago Segura, un genio de la industria
Torrente Presidente se ha estrenado este fin de semana y, por fin, he tenido ocasión de verla: con curiosidad, espíritu predispuesto y bien provista de chucherías. Santiago Segura ha decidido no preparar una sinopsis oficial ni permitir que se difundan detalles del argumento, de los personajes o de los cameos que aparecen en la película. Respetaremos, por tanto, ese deseo.
Esta decisión forma parte de una estrategia de promoción basada en el secreto absoluto alrededor del contenido de Torrente Presidente y, a juzgar por la expectación generada, está funcionando. A estas alturas resulta difícil negar que Santiago Segura se ha convertido en una figura gigantesca dentro de la industria cinematográfica española: un creador capaz de conectar con el público y de llevar espectadores a las salas con una regularidad que pocos directores pueden igualar. Sus producciones figuran, una y otra vez, entre las más taquilleras del país.
La saga comenzó con Torrente, el brazo tonto de la ley (1998), dirigida y protagonizada por el propio Segura, que se convirtió desde su estreno en uno de los fenómenos más singulares del cine popular español. A través del personaje de José Luis Torrente, un policía corrupto, machista, xenófobo, grotesco, en suma, la película construía una sátira basada en el exceso y la caricatura, conectando con ciertos imaginarios sociales de la España de finales del siglo XX.
El éxito de aquella primera entrega dio lugar a una saga que continuó con Torrente 2: Misión en Marbella (2001), Torrente 3: El protector (2005), Torrente 4: Lethal Crisis (2011) y Torrente 5: Operación Eurovegas (2014). Más allá de su humor deliberadamente provocador y de su evidente vocación comercial, la saga ha funcionado también como un producto sociocultural que refleja y exagera determinadas actitudes, prejuicios y códigos del imaginario popular español.
Ahora llega la sexta entrega, Torrente Presidente. En ella, el protagonista sigue fiel a sí mismo: exagerado, soez y orgullosamente deslenguado, manifestando sin pudor todos los tópicos que circulan por la España más casposa. Esa misma desmesura hace que un determinado partido político, en pleno proceso electoral, intente captar su figura, convencido de que Torrente puede resultar útil para sus intereses.
No conviene revelar mucho más, respetando los deseos del director. Baste decir que, a partir de ese punto de partida, Segura utiliza el humor para disparar a diestro y siniestro. Se ríe de partidos políticos fácilmente reconocibles, discursos populistas de distinto signo y también grupos situados en los márgenes de la política institucional cuyos argumentos, sin embargo, nos resultan inquietantemente familiares.
Uno de los atractivos más evidentes de Torrente Presidente es el desfile de personajes que van apareciendo a lo largo del metraje, con cameos abundantes y divertidos. Cuando Segura llama, los colegas acuden. La película se convierte así en una suerte de fiesta colectiva del espectáculo español.
Torrente fiel a sí mismo
Torrente sigue siendo Torrente: habla y vive sin filtros, sin la menor autocrítica y con una seguridad en sí mismo que arrasa con todo. Se permite pronunciar esas frases lapidarias que todos hemos escuchado alguna vez en bares, comidas familiares o reuniones de cuñados. Segura sabe perfectamente que provocará escándalo en algunos sectores. En mi opinión, lo que sale por la boca de Torrente dice mucho más del cariz del personaje que de las personas a las que alude.
Por lo demás, el argumento de Torrente Presidente es tenue y la narración se organiza como una sucesión de episodios más o menos conectados entre sí. Han pasado muchos años desde Torrente, el brazo tonto de la ley, y eso se nota. Segura cuenta ahora con más experiencia y con mayores medios técnicos, algo que se percibe claramente en la muy buena factura de la película: está bien rodada, las escenas de acción funcionan y el sonido, algo que durante décadas fue una asignatura pendiente del cine español, resulta impecable.
Torrente Presidente es un regalo para sus incondicionales, y gustará, sin duda, al público que siempre ha disfrutado con las aventuras del personaje, pero también parece abrirse a nuevas generaciones de espectadores. Podría funcionar como una despedida del personaje… aunque, fiel al espíritu torrentesco, el final deja abierta la posibilidad de continuar la saga si así lo desea su creador.
En definitiva, Torrente sigue siendo fiel a sí mismo, y a su público. Soez, deslenguado y sin filtros, Torrente Presidente nos hace reír mientras exhibe una imagen exagerada y satírica de algunos de los peores defectos del español que se considera, paradójicamente, completamente normal.
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