Las críticas de Laura Zurita:
Los justos
Nueve miembros de un jurado popular deliberan aislados un polémico caso de corrupción. Las pruebas son irrefutables, la opinión pública ya ha emitido su veredicto, nadie parece tener dudas… Hasta que reciben una oferta en secreto: cada integrante ganará un millón de euros si cambia su voto de culpable a inocente. Pero si quieren entrar en el juego, deberán alcanzar la unanimidad; algo que sacará a la luz las verdaderas causas pendientes de cada uno de los miembros del jurado.
Los justos está escrita y dirigida por Jorge A. Lara y Fer Pérez. En el reparto encontramos a Pilar Castro, Bruna Cusí, Ane Gabarain, Marina Guerola, Santi López, Carmen Machi, Felipe Pirazán, Mapi Sagaseta, Vito Sanz y Marcelo Subiotto, entre otros. La película se estrenó el 30 de abril de 2026, de la mano de Wanda Vision.
Un jurado que delibera
Los justos tiene personalidad. Y eso, dentro de cierto cine reciente tan obsesionado con parecer correcto o funcional, ya es notable. La película toma como punto de partida un jurado popular obligado a deliberar sobre un caso, en una presentación fuertemente inspirada en Doce hombres sin piedad (Sidney Lumet, 1957). La referencia es evidente y además consciente. El espacio cerrado, los caracteres enfrentados, la tensión moral, la discusión y el drama. Todo eso está ahí desde el principio.
El jurado es variopinto. Una enfermera agotada, un estudiante pijo que precisamente estudia Derecho, personajes de edades y clases sociales distintas obligados a convivir durante unas horas en una situación cada vez más incómoda. El filme nos hace vislumbrar sus personalidades y pequeñas miserias mientras deliberan con cierta seriedad alrededor del caso. Hay algo incluso teatral en esa primera parte, sostenida sobre todo por los diálogos y el choque de temperamentos.
Pero Los justos cambia de dirección en el momento adecuado. Tras el receso nocturno aparece un elemento que altera completamente las reglas del juego y desplaza el centro del relato. La película deja de mirar únicamente el caso para centrarse en las vidas de los propios personajes, en sus relaciones, frustraciones y contradicciones. Y ahí es donde encuentra realmente su identidad.
La atmósfera se vuelve cada vez más tensa y más incómoda. Los jurados dejan de deliberar para empezar a enfrentarse entre ellos, arrastrando resentimientos, cinismos y conflictos que ya no tienen tanto que ver con la justicia como con sus propias vidas. El filme trabaja muy bien esa sensación de progresiva descomposición moral dentro de un espacio cerrado.
El guion tiene una progresión constante, ágil y bastante divertida en su manera de encadenar conflictos. Sabe mover la tensión y mantener vivo el interés incluso cuando fuerza ciertos acontecimientos. Porque sí, hay coincidencias excesivas y el final resulta algo apresurado, como si la película necesitara correr para cerrar todos sus mecanismos. También hay momentos donde el cinismo y la amoralidad aparecen demasiado subrayados, casi buscando incomodar al espectador de manera deliberada.
Pero incluso con esos excesos, la idea central está utilizada con tino. Los justos entiende bien que el verdadero interés no está en descubrir una verdad jurídica, sino en observar cómo personas aparentemente normales reaccionan cuando la presión empieza a romper la convivencia y la máscara social.
Banda sonora inquietante
La banda sonora de Los justos resulta especialmente interesante. No funciona tanto como música tradicional sino como un conjunto de efectos, pulsaciones y sonidos inquietantes que preparan constantemente la atmósfera. Hay algo enigmático en su utilización, una forma de acompañar la tensión sin imponerse nunca sobre las escenas. Se agradece precisamente esa contención.
Las interpretaciones son decisivas para que la película funcione. Probablemente son lo mejor del conjunto. No en vano han reunido a un reparto lleno de actores con experiencia, presencia y muchas tablas. Todos trabajan desde una humanidad reconocible. Los justos insiste constantemente en que no estamos viendo villanos, sino personas normales sometidas a presión, agotadas, frustradas o moralmente ambiguas.
Y es precisamente el talento del reparto lo que consigue que suspendamos la incredulidad incluso en los momentos más forzados del guion. Porque la historia no siempre resulta verosímil, pero sí consigue mantener vivo el interés gracias a la tensión entre personajes y al compromiso de sus intérpretes.
Los justos encuentra un lugar propio dentro del thriller español reciente. Imperfecta, a veces excesiva y algo precipitada en su tramo final, pero viva, incómoda y con suficiente personalidad como para destacar.
¿Qué te ha parecido ‘Los justos‘?
Descubre más desde No es cine todo lo que reluce
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.




























