Las críticas de Laura Zurita:
28 años después: El templo de los huesos
El Dr. Kelson (Ralph Fiennes) se ve envuelto en una nueva y sorprendente relación, cuyas consecuencias podrían cambiar el mundo tal y como lo conocen, y el encuentro de Spike (Alfie Williams) con Jimmy Crystal (Jack O’Connell) se convierte en una pesadilla de la que no puede escapar. En el mundo de El templo de los huesos, los infectados ya no son la mayor amenaza para la supervivencia: la inhumanidad de los supervivientes puede ser aún más extraña y aterradora.
Nia DaCosta dirige 28 años después: El templo de los huesos sobre un guion de Alex Garland. La película está protagonizada por Jack O’Connell y Ralph Fiennes, acompañados por Emma Laird, Alfie Williams, Chi Lewis-Parry, Robert Rhodes, Erin Kellyman, Louis Ashbourne Serkis, David Sterne y Maura Bird. La película se estrena el 16 de enero de 2026 de la mano de Sony Pictures.
Las sociedades del colapso
28 años después: El templo de los huesos se inscribe en el universo narrativo iniciado con 28 días después (Danny Boyle, 2002), pero desplaza de forma clara su centro de interés. El relato ya no se sitúa en la inmediatez del colapso, sino en un estadio avanzado de la catástrofe. Los veintiocho años transcurridos se asumen como una condición estructural del mundo representado.
El universo 28 ha construido siempre su horror a partir de la relación entre el tiempo y la transformación social. En 28 días después (Danny Boyle, 2002), el miedo nace del shock: ciudades vacías, infraestructuras intactas pero abandonadas, un mundo reconocible que ha dejado de funcionar de manera abrupta. 28 semanas después (Juan Carlos Fresnadillo, 2007) introduce un desplazamiento hacia la reconstrucción fallida, con la aparición de instituciones, jerarquías y estructuras de control. 28 años después: El templo de los huesos ha dejado atrás el relato de terror ligado a la emergencia para centrarse en las sociedades nacidas del colapso, donde el horror ya no es una excepción, sino una condición permanente. Hay peligro crónico en la forma en que esas sociedades se han organizado que no siempre parecen conducir a una salida ni a una reconstrucción posible. La extinción de la humanidad en las islas británicas se percibe como una amenaza latente, más profunda que la epidemia en sí.
28 años después: El templo de los huesos no habla de restauración del mundo anterior, sino de la necesidad de crear uno vivible. El relato se desplaza desde la lógica de la emergencia hacia una lógica cultural, en la que un nuevo contexto se forma a partir de normas, rituales y símbolos propios. Es como si los humanos avanzaran hacia formas de coexistencia con el virus.
En el momento en que transcurre 28 años después: El templo de los huesos conviven distintas formas de sociedad: la comunidad insular de 28 años después, la sociedad solitaria construida por el doctor Kelson, los grupos que sobreviven en soledad, la cruel y sádica sociedad de los Jimmies y, llenas de enigmas, las incipientes comunidades de infectados. Todas ellas desean creer, a su manera, en la posibilidad de un futuro y trabajan para construirlo.
28 años después: El templo de los huesos sigue de cerca a los Jimmies, que funcionan como una comunidad fundamentalista, con creencias extremas y un sistema rígido de valores. Su líder (un Jack O’Connell terrorífico) está convencido de su misión y vive al margen de las emociones humanas, centrado en la supervivencia y en una forma distorsionada de compañerismo. Su proyecto aspira a crear un nuevo mundo sin asumir del todo lo que significa llevar esa misión hasta sus últimas consecuencias.
Por último, 28 años después dejó claro que el mundo exterior continúa funcionando más allá de las islas británicas, una realidad que permanece en los márgenes de la conciencia del espectador y refuerza la sensación de aislamiento.
El tiempo adquiere así un peso central. Tras veintiocho años, el recuerdo del mundo anterior se vuelve abstracto, casi mítico, incluso para quienes lo conocieron en su edad adulta. Para las nuevas generaciones, el pasado no funciona como referencia estable, sino como un relato fragmentado, transmitido y deformado. Cuando desaparecen las instituciones y los fundamentos, surgen nuevas formas de sentido que reorganizan la violencia y la muerte. El final de 28 años después: El templo de los huesos presenta a nuevos personajes y una elección por su parte que deja el camino abierto para el desarrollo de la tercera entrega, que yo, por mi parte, espero con mucha ilusión.
Nueva dirección
En 28 años después: El templo de los huesos se echa de menos la dirección de Boyle, tersa, inteligente e inquietante. Nia DaCosta (Little Woods (2018), Candyman (2021), The Marvels (2023)) entrega imágenes muy obvias cuando desearíamos tener sugerencias y densidad narrativa.
La fotografía de 28 años después: El templo de los huesos tiene una vocación estética, más abierta a recoger la belleza del mundo que en las primeras entregas de este universo. Gran parte de las islas aparecen reconquistadas por la naturaleza, en las que los humanos ya no ocupan el centro del mundo. Asimismo, es notable el uso de las simbologías religiosas, tanto de forma sutil como en escenas deliberadamente provocadoras, con una intención abiertamente simbólica de ruptura con convenciones sociales ya poco útiles.
La banda sonora de 28 años después: El templo de los huesos resulta definitoria en la creación de atmósferas. En algunos momentos apenas se escuchan sonidos orgánicos; en otros, el paisaje sonoro se vuelve amenazante, generando una calma inquietante. La música del pasado reaparece como vestigio cultural de un mundo que ha dejado de evolucionar. Escuchar a Iron Maiden cantar sobre el número de la bestia introduce un choque simbólico que eleva la cultura popular a un lugar inesperado, y reabre el sentido de maravilla ante la música.
En 28 años después: El templo de los huesos Ralph Fiennes encarna al doctor Kelson como una figura reflexiva y en cierto modo definitiva, como muy pocos actores habrían podido hacerlo. Él ha construido su propia sociedad, en la que la soledad funciona al mismo tiempo como fortaleza y como vulnerabilidad. Su relación con el alfa infectado abre una deriva significativa: recuerda que la infección y la rabia tienen un origen biológico. La confrontación entre esa realidad biológica y una interpretación casi divina del azote puede definir un sentido profundo a los acontecimientos de la tercera entrega. Jack O’Connell entrega un Jimmy sádico y egocéntrico, pero al que vemos asomar recuerdos y matices que lo convierten en una persona completa y no solamente un estereotipo. Frente a ellos, Alfie Williams (Spike) aporta una mirada en la que va quedando atrás una inocencia que se ve forzada a enfrentarse prematuramente a la violencia estructural del mundo. Su presencia subraya el choque entre generaciones que aún recuerdan el pasado y aquellas para las que el desastre es la única realidad conocida.
28 años después: El templo de los huesos se plantea como una reflexión sobre lo que ocurre cuando el apocalipsis ya ha quedado atrás y se ha convertido en forma de vida. La película se interroga sobre cómo se construyen el sentido y el poder sobre los restos de una civilización desaparecida y nos muestra distintas respuestas. Destacan las interpretaciones de Ralph Fiennes y Jack O’Connell.
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