miércoles, febrero 21, 2024

Crítica de ‘A fuego lento’: Cocinar en buen amor y compañía

Las críticas de Laura Zurita:
A fuego lento

Ambientada en el mundo de la gastronomía francesa en 1885, la película se centra en la relación entre Eugenie, cocinera de prestigio, y Dodin, el gastrónomo para el que trabaja desde hace 20 años. Cada vez más enamorados el uno del otro, su vínculo se convierte en un romance y da lugar a deliciosos platos que impresionan incluso a los chefs más ilustres del mundo.

A fuego lento está dirigida por  el vietnamita Trần Anh Hùng, e interpretada por Juliette Binoche, Benoît Magimel, Emmanuel Salinger, Patrick D’Assumçao, Galatéa Bellugi, Jan Hammenecker, Frédéric Fishbach y Bonnie Chagneau-Ravoire. La película se estrena en España el 20 de diciembre de 2023 de la mano de A Contracorriente Films.

A fuego lento

Basada en un exquisito acabado visual

A fuego lento se basa en la novela «La vida y la pasión de Dodin-Bouffant, gastrónomo», («La vie et la passion de Dodin-Bouffant, gourmet»), de Marcel Rouff, escrita en 1920. No es casualidad que la palabra gourmet (gastrónomo) esté ya en el título de la novela, porque el tema central de libro y película es la cocina, tanto la elaboración de los platos como el disfrute de los mismos. A su lado, el otro eje troncal, el amor ente el gastrónomo y su cocinera, de hecho también se basa y se crece en las actividades culinarias de ambos.

La historia de A fuego lento se puede contar en pocas palabras. Dos personas se quieren y cocinan juntas, los amigos charlan amablemente sobre manjares tentadores, todo durante un verano maduro y un naciente otoño. La fuerza de la película no está en complicadas tramas ni dramas tremebundos, sino en la vigorosa belleza de sus imágenes. No hay procedimientos alambicados ni investigaciones extenuantes con alambicados sabores y texturas, no es nueva cocina, sino platos sólidos y bien hechos, de los que necesitan una lenta digestión.

La comida se basa en buenos ingredientes (muchos de ellos desafían los manuales de la comida sana y el colesterol bajo)  y una cuidadosa elaboración  que incluye montones de tiempo y de cariño. En A fuego lento, durante largas escenas, asistimos encantados a procesos lentos y cuidadosos, desde  los productos básicos hasta las elaboraciones finales, que pueden ser o una delicadísima y elaborada tortilla noruega, o una humilde, pero perfecta, tortilla francesa (que Dodin no para de insistir en que hay que comer con cuchara).

Esta levedad de A fuego lento que es parte de su encanto también es una continua espada de Damocles, porque su construcción es frágil, sustentándose en el puro placer visual. Es posible que espectadores que busquen emociones fuertes la encuentren insustancial. La curva dramática es suave y el conflicto central casi inexistente, y, sin embargo, es un placer verla pues invita al espectador a que se zambulla en su mundo de manjares y colores, y de goce sensual de su belleza. Al igual que sucede con la comida, no hay lugar para la prisa o la impaciencia si el resultado tiene que ser perfecto.

El arte, o al menos esta película, se cocina con buen oficio y A fuego lento, sin prisas. La fotografía es sensual, fastuosa y aterciopelada, tanto de los interiores como de los alimentos, que se revelan como una fuente inagotable de formas y colores. La cámara se centra en los planos cortos de las personas ocupadas entre fogones, porque lo importante es la comida, y las interacciones entre las personas alrededor de ella. Se ha comparado esta película con El banquete de Babete (Gabriel Axel, 1987) por su elegante puesta en escena y la hermosa manera de la que se fotografían los alimentos y su preparación. También me ha recordado a Como agua para el chocolate (Alfonso Arau, 1992), en la que se estudia la relación directa entre la comida y el amor. Y cómo no, El olor de la papaya verde (1993), del mismo Trần Anh Hùng, que ya entonces dibujaba el mundo en sensuales instantáneas de comida y placer. Sí, son de hace unos años, y es que esta es una película clásica y tranquila.

A fuego lento

Una relación hermosa y equilibrada

Hay pocos diálogos en A fuego lento, y muchos de ellos son conversaciones cotidianas entre gente que se conoce tan bien que se dice mucho con pocas palabras, o, a veces, sin ninguna. Uno de los aspectos positivos de la película es la relación entre los protagonistas, tan igualitaria como hermosa. Es equilibrada y sólida, como un buen banquete, nutritiva y suficiente, pero evitando el exceso de almíbar. Dodin y Eugenie son dos personas maduras que se tratan con comedimiento y respeto, con un entendimiento intelectual y emocional tan bien trabajado que deja un buen sabor de boca. A esto se une que Juliette Binoche y Benoît Magimel (que, como se ha escrito hasta la saciedad, fueron pareja) bordan sus papeles, y una química sutil y benigna parece flotar entre ellos.

A fuego lento es tanto el título de esta película como el espíritu que la define. Todo sucede lentamente, con cuidado, dejando que el tiempo y la devoción al trabajo bien hecho se conviertan en ingredientes centrales de un plato delicado y delicioso, tan lejos de prisas y estridencias como de las investigaciones de la nueva cocina.


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A fuego lento

7.2

Puntuación

7.2/10

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