Crítica de ‘Mi vacío y yo’: Encontrarse, reconocerse, amarse

Las críticas de Daniel Farriol:
Mi vacío y yo

Mi vacío y yo es un drama español dirigido por Adrián Silvestre (Sedimentos, Los objetos amorosos), el cual también coescribe el guion junto a Carlos Marqués-Marcet (10.000 km, Los días que vendrán) y Raphaëlle Pérez. La historia, de carácter autobiográfico, sigue a Raphi, una persona joven, andrógina y algo naíf. Escribe poemas y sueña con enamorarse de un príncipe azul. De su Francia natal se traslada a Barcelona, donde la realidad está muy lejos de ser como la proyecta.

Está protagonizada por Raphaëlle Pérez, Alberto Díaz, Carles Fernández Giua, Carmen Moreno, Marc Ribera e Isabel Rocatti. La película se presentó en España dentro de la Sección Oficial del Festival de Málaga 2022 y también ha pasado por multitud de festivales nacionales e internacionales como el D’A, Rotterdam o Santa Barbara donde ha recibido diversos premios. Se ha estrenado comercialmente de la mano de Filmin Cinema el día 9 de Septiembre de 2022.

Ficción-documental para mostrar la realidad de las personas transexuales

Ya se sabía, pero Mi vacío y yo se convirtió en una de las películas imprescindibles del pasado 25 Festival de Málaga 2022, lugar donde se presentó por primera vez al público español la película tras un exitoso periplo internacional. El joven director valenciano Adrián Silvestre ya demostró su talento y una particular sensibilidad emocional en su anterior trabajo Sedimentos (2021), con el que su nueva obra cinematográfica guarda muchos puntos en común.

Sedimentos era un documental ficcionado que retrataba el día a día de seis mujeres transexuales que compartían entre ellas y con nosotros, experiencias e incertidumbres, durante un trayecto vital que servía para confrontar diversos puntos de vista acerca de la identidad transgénero, la discriminación transfóbica o los procedimientos quirúrgicos de reasignación de sexo. Todas habían pasado o iban a hacerlo por un proceso complicado bastante similar cuyas etapas mentales y físicas, sin embargo, les afectaban de formas diferentes y eran afrontadas desde su propia individualidad como personas únicas y no como un colectivo en el que todas piensan igual.

La mirada de Silvestre vs. la mirada de los otros

Muchos de los temas que aparecían en ese trabajo anterior se repiten nuevamente en Mi vacío y yo, una película que vuelve a fundir de manera armónica la ficción con el género documental con marcado tono autobiográfico. En esta ocasión, trasladar y escenifica en pantalla las propias vivencias de la protagonista, Raphaëlle Pérez, que aparece interpretándose a sí misma e incluso consta acreditada como coguionista.

Sin embargo, el trayecto vital de Raphaëlle podría decirse que es aún más completo del que realizaban las seis protagonistas del anterior trabajo referenciado al disponer de mayor tiempo para convivir en pantalla junto a los pensamientos de la persona-personaje que debe afrontar una problemática de corte identitario en base a la aceptación y autoreconocimiento. El filme acaba siendo finalmente una historia de amor de Adrián Silvestre hacia Raphaëlle Pérez, y de ésta última hacia sí misma. Quererse para superar el vacío al que todos nos enfrentamos alguna vez.

Mi vacío y yo tiene nuevamente, pues, una persona trans como personaje central, pero la película sobrepasa el convertirse en un mero retrato de las dificultades que encuentra alguien de su condición para encajar en la sociedad heteronormativa actual. De hecho, la mayoría de reflexiones que se desprenden del relato pueden hacerse extensibles a cualquier persona, más allá de cuál sea su identificación de género. Y es que el tema central del filme no es otro que la construcción de nuestra identidad, esa eterna búsqueda de quiénes somos realmente tras los disfraces que el convencionalismo social nos obliga a ponernos o, mejor dicho, quién nos gustaría ser al margen de la mirada de los otros, a veces cómplice y a veces inquisidora o prejuiciosa.

La identidad como algo universal

Si nos decantamos por un lenguaje poético u onírico, esa distinguible necesidad de reconocerse en los cambios sería semejante a la metamorfosis de una crisálida, transformando a Raphaëlle en alguien verdaderamente entrañable a ojos del espectador. Así que no nos costará nada acompañarla de la mano e identificarnos a lo largo de su proceso de maduración emocional, al menos, en una parte de él, ya que la película es el reflejo parcial de una vida que seguirá construyéndose fuera de escena tras los créditos finales. Además del descubrimiento de la sexualidad o de la reconciliación con el propio cuerpo, el trayecto es principalmente un acto emocional y psicológico que Silvestre logra plasmar en pantalla con una sensibilidad envidiable.

El director dialoga acerca de la transexualidad desde la dignidad y valentía, huyendo del morbo gratuito, sin por ello renunciar a escenas explícitas que sirven para remarcar en imágenes ese proceso interior desde lo puramente carnal. Mi vacío y yo es una película necesaria, transparente y sincera que puede servirnos a muchos para empatizar y acercarnos a una realidad que a priori nos resulta distante por nuestras propias vivencias o entorno, pero que, en cambio, nos invitará a comprender mejor la identidad como algo universal y sin distinción de género.


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Mi vacío y yo

7.5

Puntuación

7.5/10

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