70 SSIFF. Gala del Cine Vasco. Crítica de ‘La quietud en la tormenta’: El desencanto de los sueños rotos

Las críticas de Daniel Farriol en el 70 Festival de San Sebastián:
La quietud en la tormenta

La quietud en la tormenta (Gelditasuna ekaitzean) es un drama romántico español dirigido por Alberto Gastesi, que también coescribe el guion junto a Alex Merino. La historia sigue a una pareja que se conoció un día de tormenta y de la que poco queda. Entonces eran jóvenes y apasionados, y el futuro parecía un país lejano lleno de oportunidades. Años después, sus caminos vuelven a cruzarse durante otra tormenta y en la misma ciudad, pero ellos han cambiado. Está protagonizada por Loreto Mauleón (Patria, El secreto de Puente Viejo), Aitor Beltrán (Amaren eskuak (Las manos de mi madre), Los tontos y los estúpidos), Vera Milán e Iñigo Gastesi. La película se ha presentado en España en la Gala del Cine Vasco de la 70 edición del Festival de San Sebastián.

San Sebastián en blanco y negro

La quietud en la tormenta es un drama romántico de corte independiente que ha sido grabado en la ciudad de San Sebastián con un formato 4:3, en blanco y negro y en euskera, castellano y francés, por cuyas imágenes precisamente se traspira cierto aroma del cine francés de los años 60. La historia reflexiona sobre las decisiones que marcan nuestro destino, sobre la ingenuidad inherente a una juventud frente a un mundo lleno de posibilidades ante sí y sobre la aceptación durante la madurez a la imposibilidad de desandar el camino andado.

La historia narra el reencuentro de Lara y Daniel muchos años después de haberse visto por primera vez mientras se resguardaban durante una tormenta. Cada uno ha construido su vida por separado y el volverse a ver después de tanto tiempo será algo que les hará pensar acerca de las decisiones que han tomado durante todo este tiempo y a replantearse si son felices. Las inseguridades de Lara le llevaron a dejar de tocar el violonchelo. Ha estado viviendo en París con un saxofonista, Telmo, con el que ha decido regresar a San Sebastián para vivir nuevamente allí. Por su parte, Daniel dejó de trabajar en el puerto para montar una inmobiliaria con su madre. Tiene una relación sólida con su novia sevillana, Vera, pero hace tiempo que aparcó su afición de diseñar montañas rusas.

La ballena varada en la playa; los amantes varados en el pasado

Tras la inesperada aparición de una ballena varada en la playa de La Concha, las miradas de Lara y Daniel vuelven a cruzarse en silencio muchos años después de aquel breve encuentro bajo la lluvia. El azar hará que poco después sea el propio Daniel quien muestre un piso en venta a Lara y Telmo. Ambos se reconocen, pero ninguno dice nada, no delante de terceras personas, lo suyo es algo privado. Alberto Gastesi nos relata una historia de amor sacudida por la tormenta en una narración que combina en paralelo el pasado con el presente.

Dichas escenas de La quietud en la tormenta fueron rodadas de manera cronológica, separando los dos bloques temporales por un periodo de inactividad para hacer más visibles algunos cambios físicos que dieran más credibilidad y permitieran diferenciar ambas épocas que van alternándose en el montaje. En realidad, lo que hace la película (y la mente de los protagonistas) no es tanto regresar al pasado sino reconstruirlo en base a sus propias expectativas no cumplidas, es decir, vemos en pantalla lo que podría o les hubiera gustado que ocurriera.

Mirando al descolorido horizonte

La quietud en la tormenta es un filme sobre el desencanto que está rodado con sensibilidad y sacando partido a los pocos recursos con los que cuenta. Tener como protagonista a Loreto Mauleón, sin duda, es clave para que todas esas emociones soterradas salgan a la luz. El resto del reparto cumple con creces, aunque a veces se siente que los personajes de Telmo y Vera quedan eclipsados por los dos protagonistas y no tienen el recorrido emocional necesario para que nos importen de igual manera. También ayuda el contar con la ciudad de San Sebastián como «plató» exterior, siempre es un placer reconocer calles y lugares emblemáticos para todos aquellos que estamos enamorados de la ciudad como ya supo hacer Woody Allen con Rifkin’s Festival (2020).

La elección del blanco y negro sirve para generar una atmósfera nostálgica que rememora, al mismo tiempo, el pasado de la vida y del cine, como si ambos fueran irrecuperables más allá de en nuestro propio recuerdo. Solo hay un plano a color en la película que se sitúa en el interior del Aquarium donde trabaja Vera y, al igual que sucedía en La ley de la calle (Francis Ford Coppola, 1983), son unos peces de colores los que se utilizan como metáfora de los sentimientos de los personajes, aquí para resaltar la belleza que somos incapaces de ver al alcanzar el horizonte de nuestras vidas y comprobar que no es exactamente lo que esperábamos encontrar.

Punto de retorno

Es cierto que La quietud en la tormenta adolece de una cadencia algo plomiza durante el segundo acto y que, por momentos, existe la sensación de que se abusa de la trascendencia de lo cotidiano al introducir elementos melodramáticos como la enfermedad degenerativa de la madre de Lara o el abandono de la casa familiar (y posterior muerte) del padre de Daniel. Son apuntes familiares sobre los que no se profundiza, pero que pesan en el ambiente fatalista general y sobre esa sensación interna de vacío que poseen los personajes.

Sin embargo, el bellísimo desenlace redime a la película de todos sus puntos débiles. Primero la secuencia en el piso vacío donde, por fin, el reencuentro se consuma junto a una ventana rota por la que se cuela el sonido sanador de la lluvia. El diálogo es revelador y da sentido a todo lo expuesto con anterioridad que va más allá de la simple historia de amor a dos tiempos y juega con la teoría de las probabilidades.

Ese momento se complementa, para unir las dos narrativas pasado-presente, con un epílogo igual de bello donde vemos a los dos protagonistas hacer una visita en el pasado al parque de atracciones del Monte Igueldo. Cuando llegan arriba, está cerrado, ya no queda tiempo para el recreo ni para seguir soñando despiertos. Tal y como Daniel comenta en un diálogo anterior, da igual las vueltas que des, todas las montañas rusas siempre «te dejan en el punto inicial», algo que el director escenifica claramente con una silenciosa bajada en el funicular.


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La quietud en la tormenta

7.5

Puntuación

7.5/10

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