Centenario Ava Gardner: Crítica de ‘La noche de la iguana’ (1964)

Las críticas de Daniel Farriol:
Centenario Ava Gardner
La noche de la iguana (1964)

La noche de la iguana (The Night of the Iguana) es un drama psicológico estadounidense dirigido por John Huston (Dublineses, El honor de los Prizzi) que también coescribe el guion junto a Anthony Veiller (El extraño, Forajidos), adaptando la novela homónima de Tennessee Williams (Un tranvía llamado deseo, La gata sobre el tejado de zinc). La historia muestra a un pastor protestante que ha sido expulsado de su iglesia y ahora trabaja en México como guía turístico para ancianas estadounidenses. En uno de esos viajes hay una sensual jovencita que intenta seducirlo, provocando la animadversión de las demás mujeres que amenazan con denunciarlo. Está protagonizada por Richard Burton, Deborah Kerr, Ava Gardner, Sue Lyon, Cyril Delevanti, Grayson Hall, Gladys Hill y Mary Boylan.

Un reverendo cuyas pulsiones primarias son más fuertes que su fe

La noche de la iguana es un intenso y febril drama psicológico basado en una novela de Tennessee Williams que, como todas sus obras, ha sido adaptada al teatro en múltiples ocasiones y cuenta con una versión cinematográfica tan notable como esta película dirigida con mano firme por John Huston. La pérdida de la fe en Dios y en uno mismo, las pulsiones sexuales junto a los deseos de libertad más recónditos o las adicciones como acto de rebeldía contra la moralidad que nos constriñe, son algunos de los temas que se desprenden de un texto rico y complejo del dramaturgo de Mississippi que fue actualizado para la película cambiando su ambientación que acontecía en los años 40 (en la obra original aparece un grupo de turistas nazis) a un presente más desamparado de anclajes bélicos (años 60 en que fue rodada) preparándose para el desastre en Vietnam.

Sin ese contexto histórico tan específico curiosamente la película se vuelve más atemporal y ambigua. El desarrollo de la trama sigue la profunda crisis existencial que sufre el Reverendo protestante Dr. T. Lawrence Shannon (Richard Burton), algo que le lleva a ser expulsado de su iglesia tras ser acusado de cometer estupro al aprovecharse de la confianza de una adolescente, protagonizando después un episodio psicótico durante un oficio religioso en el que expulsa a todos los feligreses del templo al no poder soportar su mirada acusadora. Precisamente esa será la primera secuencia que vemos en la película, tras una imagen de la Iglesia bajo la lluvia, asistimos al enloquecido discurso del párroco.

Tres mujeres para un hombre destruido

Tras ese potente inicio de La noche de la iguana, vemos como el reverendo ha sido apartado temporalmente de los oficios religiosos e incluido en un programa especial donde ejerce como guía turístico en México para devotas solteronas. Sin embargo, en el último grupo con el que viaja también está Charlotte Goodall (Sue Lyon), una sensual jovencita que se siente atraída por el reverendo e intenta seducirlo a todas horas, colándose incluso en su dormitorio por las noches. “Eres joven y hermosa, lo que te hace ser peligrosa, lo que te da ese potencial destructivo sobre un hombre destructible”.

La carne débil del reverendo vuelve a poner en peligro su posible regreso a la parroquia y es denunciado por las demás mujeres cuando descubren la reprobable relación del religioso con la menor, siendo despedido de su actual trabajo como guía. “El hombre que no tiene control de sí mismo es como una ciudad sin muros”, asegura el propio cura parafraseando un proverbio bíblico mientras se entrega a la bebida.

Asfixiado y acorralado, al borde de la quiebra económica y espiritual, el reverendo se sale de la ruta establecida y conduce al grupo de turistas hacia un hotel de playa que está regentado por una vieja amiga, Maxine Faulk (Ava Gardner), en busca del consuelo que le haga recuperar la serenidad necesaria para hallar una salida a tal embrollo. Sin embargo, una vez allí, la llegada de otra mujer, Hannah Jelkes (Deborah Kerr) junto a su abuelo moribundo Nonno (Cyril Delevanti), dos buscavidas que ofrecen pintar retratos y recitar poesía a cambio de alojamiento, acabará tensando aún más la cuerda de las relaciones del reverendo con el entorno al concentrarse entonces la atención de tres mujeres distintas en él, un hombre que cada vez está más alcoholizado y destruido por dentro.

Uno de los mejores papeles de Ava Gardner

La confluencia de emociones enfrentadas convierte La noche de la iguana en un estudio psicoanalítico de la ansiedad y la depresión, pero también de las diferentes conductas sexuales en un entorno represivo que tiene como trasfondo el pensamiento colectivo de una comunidad religiosa. La película de Huston, ardorosa y sombría, está rodada en un esplendoroso blanco y negro captado por la cámara de Gabriel Figueroa que aún conserva una extraña atmósfera asfixiante que culmina con aquella famosa escena nocturna donde Ava Gardner retoza en la playa con dos jóvenes mexicanos semi desnudos.

La actriz que se encontraba en un periodo de desprestigio profesional por sus constantes salidas de tono en los rodajes y su predilección por la fiesta infinita, tuvo aquí una oportunidad de oro para demostrar su valía como actriz encarnando a uno de los personajes más importantes de su carrera que le valió, por ejemplo, la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián del 1964 y sendas nominaciones a los BAFTA y a los Globos de Oro.

La despreocupada viuda con miedo a quedarse sola que se enamora del reverendo parece un personaje escrito a la medida de Ava que realiza aquí una composición exagerada, igual que su risa, algo que requería esa mujer independiente, sexualmente liberada, de voz rasgada y corazón tierno, que posee bastantes similitudes con la propia actriz. Tanto ella como sus compañeros de reparto, Richard Burton y Deborah Kerr, están fantásticos, mientras que Sue Lyon repite su papel de Lolita (Stanley Kubick, 1962). El buenhacer de los intérpretes consigue que algunos diálogos excesivamente teatrales se conviertan en bocanadas de fuego que desnudan los sentimientos más íntimos de sus personajes.

El final de la cuerda

La noche de la iguana es un filme mítico que ha trascendido el paso del tiempo tanto por el interés mediático que despertó en su día un rodaje plagado de chismorreos como por la sudorosa e inflada adaptación que hizo Huston de una obra con alto voltaje sexual. En el recuerdo quedará esa iguana atada a una cuerda para ser engordada y servir de alimento para los lugareños, metáfora sarcástica sobre la existencia humana, o esa pegajosa noche mexicana que tras lo idílico del paisaje oculta un ambiente viciado repleto de seres atormentados que huyen de la soledad y de sus bajas pasiones.

Al final de esa cuerda que es la vida, el abuelo Nonno consigue acabar por fin el poema que lleva escribiendo durante 20 años, recitando con vehemencia esos últimos versos antes de expirar en paz su último aliento: «¡Oh, coraje! ¿No podrías también / Elegir un segundo lugar para morar / No solo en ese árbol dorado / Sino en mi corazón asustado?». La noche de la iguana es una película con mayores recovecos de lo que aparenta que trata sobre el significado de la vida y sobre el concepto de moralidad que definen nuestros actos.


¿Qué te ha parecido la película?

La noche de la iguana

9

Puntuación

9.0/10

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial
A %d blogueros les gusta esto: