Crítica de ‘Black Phone’: Una llamada directa al género de terror

Las críticas de Óscar M.:
Black Phone

En Black Phone, un sádico asesino secuestra a un chico tímido e inteligente y le encierra en un sótano insonorizado donde de nada sirven sus gritos. Cuando un teléfono negro instalado en la pared y sin conexión empieza a sonar, el niño descubre que a través de él puede oír las voces de los anteriores niños secuestrados, quienes están decididos a impedir que acabe igual que ellos.

Dirigida por Scott Derrickson (Sinister, El exorcismo de Emily Rose) y protagonizada por Ethan Hawke (Caballero luna), Madeleine McGraw, Mason Thames y Jeremy Davies, el guion está escrito por Scott Derrickson y C. Robert Cargill (Doctor Extraño, Sinister) y basado en el relato de Joe Hill. La película se estrena en cines el 24 de junio de 2022 de la mano de Universal Pictures.

El multiverso del terror

El director de Doctor Extraño (y que abandonó la dirección de su secuela) vuelve con Black Phone al género de terror con el que debutó como director con Hellraiser: Inferno hace más de veinte años. Su nueva aportación es un curioso cóctel de elementos de películas de suspense y terror que el espectador ha visto con anterioridad, pero que no se convierte en un ejercicio de copiar y pegar, es más una conjunción de detalles y situaciones que ya forman parte de la historia del cine y que sirven de apoyo a una historia que, aunque no es muy novedosa, sí que tiene originalidad bajo la primera impresión de estar rindiendo un homenaje al género.

Desde el diseño de la máscara (similar al aspecto de Lon Chaney en la película muda La casa del terror de 1927), pasando por El silencio de los corderos, Sinister (dirigida por el propio Derrickson), la saga de The Purge, aspectos temáticos de la saga Scream y acabando en Prisioneros o la serie Mare of Easttown, Black Phone es un tremendo recopilatorio de historias de secuestros anteriormente vistos en el cine y la televisión, y esos puntos de similitud con anteriores propuestas es lo que aprovechan el guionista y el director para que, mientras que el espectador está relajado pensando que esta historia ya la ha visto antes, atacar con la parte novedosa y terrorífica.

También hay similitudes con aquella fantasía visual que fue La celda, con la saga The Ring, Señales y Múltiple (ambas de M. Night Shyamalan), y parece como si los guionistas hubieran decidido recuperar todos los aciertos de otras películas para construir visualmente esta película llevando a la gran pantalla el relato corto del mismo nombre de 2004 escrito por Joe Hill, el hijo del rey literario del terror Stephen King, añadiendo también detalles de las adaptaciones Misery, El resplandor, It (Eso)… la lista es interminable.

Una historia de violencia y sobresaltos

El punto sobrenatural que tiene el argumento (similar al que establecieron como base las películas de asesinos en serie de los años ochenta) es lo que consigue que Black Phone destaque sobre otras propuestas similares, añadiendo una nueva capa de misticismo a unos actos claramente reales cometidos por el secuestrador, de cuya identidad se duda en varios momentos, gracias a la presencia de unos personajes que expresan una violencia física y explícita durante la primera parte de la película.

No sólo esta construcción del guion consigue crear un ambiente de suspense y tensión general en el espectador, la película también cuenta con buenos sobresaltos inesperados que nos hacen saltar de la butaca. En contra de la tónica general consistente en acumular apariciones inesperadas, los guionistas han decidido acertadamente reducir el número de sustos a una cantidad muy limitada, por lo que consiguen alcanzar su objetivo plenamente, sobre todo por su escasa aparición y la ubicación dentro del ritmo de la historia, acentuando la tensión dramática y la sorpresa.

McGraw y Hawke en un nivel superior

En un reparto donde la mayoría de actores tiene su pequeño momento de gloria, destaca por encima de todos la joven Madeleine McGraw (quien ya ha saboreado lo que es estar en una película con un gran presupuesto apareciendo en Ant-Man y La avispa). Esta pequeña actriz de sólo catorce años consigue que nos enamoremos de su personaje y transmite un realismo imprescindible para aceptar el componente místico que hay en la trama.

A pesar de ser el protagonista central de la historia, un poco por detrás se encuentra el debutante Mason Thames, con una interpretación muy correcta, adecuada y contenida, mejor que la de Jeremy Davies (que fue Daniel Faraday en la serie Perdidos y que parece demasiado cercano a aquel personaje), pero siempre en desventaja cuando comparte escenas con McGraw, que acapara la pantalla cada vez que aparece.

Es curioso que Ethan Hawke interprete a un personaje llamado «El captor» habiendo protagonizado una película con el mismo nombre en 2018. El actor ha pasado de ser el guaperas de la denominada «Generación X» cinematográfica a ser el villano con la expresión más psicótica posible. Después de aparecer en Caballero Luna, ahora se arriesga a interpretar a otro personaje igualmente perturbado, pero con la conciencia poco tranquila, y parece que está siguiendo los pasos de Sam Neill, quien consiguió aterrorizarnos en los años noventa con la infravalorada En la boca del miedo o la inquietante Horizonte final, a pesar de haberse ganado al público previamente con su aparición en la saga Parque jurásico, pero en cuya última entrega (también estrenada este verano) sólo ejerce como secundario.

Hawke consigue construir un personaje al que el espectador va a odiar sin apenas haberle visto la cara al completo, transmitiendo, gracias a su interpretación, una aversión superior hacia el secuestrador por parte del propio personaje. Convirtiendo a El captor en un alter ego malvado, como si tuviera una personalidad independiente que convive dentro de la mente del propio personaje, el cual usa la máscara con una tétrica sonrisa para esconder su propio rechazo a los actos que comete, un detalle muy acertado por parte de los guionistas para ofrecer un villano diferente y poco explotado recientemente, donde el creativo y versátil uso de la máscara (que cambia según las escenas) también añade un punto de inseguridad e inestabilidad mental del personaje.

¿Teléfono negro? Volamos hacia el terror

A la propuesta argumental de Black Phone se le puede recriminar que es poco arriesgada, pero su presentación en pantalla es sorprendente, inesperada y consigue crear esa situación de intranquilidad y terror en el espectador que es la deseada por los guionistas y el director. Quizás su emplazamiento temporal en los años setenta es lo que provoca que haya una menor implicación por parte del espectador, pero lejos de considerarlo como un error, situarla en la época tecnológica actual no conseguiría transmitir ese mismo nivel de indefensión ante una desaparición infantil.

Derrickson consigue resarcirse de su salida de la secuela de Doctor Extraño con una película de factura actual y contemporánea (incluso los títulos de crédito iniciales parecen los de una serie de televisión o de una película de Marvel), pero manteniendo el espíritu clásico de un asesino al que rodea un halo de misticismo, confluyendo en una historia que tiene lo mejor de las películas de asesinos en serie: un aspecto visual muy potente (a pesar de su simpleza aparente) y buenos sobresaltos, es el mejor ejemplo de cómo hacer terror clásico para una audiencia post-pandémica.

Black Phone

8

Puntuación

8.0/10

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