viernes, marzo 1, 2024

Reseña del libro ‘El almanaque del vídeo’ de Xavi Sánchez Pons

Las reseñas literarias de Daniel Farriol:
El almanaque del vídeo

El almanaque del vídeo: Historia gráfica y oral de la era del videoclub es un libro escrito por el crítico de cine barcelonés Xavi Sánchez Pons. En él se realiza un ejercicio nostálgico para poner en valor el formato físico de las cintas VHS que durante años formaron parte del modo de entender el cine por parte de una generación. La primera edición del libro salió a la luz en Octubre de 2021, publicado por la editorial Males Herbes. Su presentación oficial se realizó dentro del marco del Festival de Sitges 2021.

Un ejercicio nostálgico y didáctico

El almanaque del vídeo: Historia gráfica y oral de la era del videoclub es un ejercicio nostálgico y, a la vez, didáctico sobre la importancia que tuvo el formato físico y, particularmente, el VHS, en la vida de toda una generación de cinéfilos, pero también en el propio desarrollo de una manera de entender el cine que se está perdiendo. El autor Xavi Sánchez Pons es un experto en cultura popular conocido por su faceta de crítico y divulgador de un tipo de cine bastante vanguardista que suele estar en los márgenes de lo comercial, especializándose en el género de terror y fantástico, tal y como podemos comprobar escuchándolo en los podcast «Marea Nocturna» y «¡Estamos vivas!» en los que colabora en la actualidad. También forma parte del comité de selección del Festival de Sitges y ha publicado diversos libros colectivos como «Neoculto. El libro definitivo sobre el cine de culto» (Calamar Ediciones, 2012), «Apocalypse domani. La década de la exploitation italiana de ciencia ficción (1977-1990)» (Hermenaute, 2019) y «Terror en serie» (Héroes de papel, 2019).

En este libro, con prólogo de John Tones, nos propone un viaje al pasado sin necesidad de subirse al DeLorean de Marty McFly y su amigo Doc. La magia de la memoria nos conducirá a una época en la que utilizábamos bolígrafos BIC para enrollar las cintas de cassettes que se habían quedado atrapadas en la pletina de nuestro equipo de música o a aquellos viernes por la noche frunciendo el ceño ante la pantalla codificada del televisor en las emisiones de Cine X de Canal+. Pero sobre todo fueron unos años donde las salas de cine convivían con la existencia de unos templos del cine doméstico, aquellos videoclubs de barrio que se convirtieron en una escuela y un refugio para muchos cinéfilos de hoy en día.

Una mirada en tercera persona

El libro de El almanaque del vídeo se divide en cuatro bloques independientes. En el primero el autor hace un breve repaso por sus recuerdos en el ZF, el videoclub de su barrio. En mi opinión, es una lástima que esta parte solo ocupe una página y media y que no pretenda adentrarse más en todo el mundo que fue descubriendo el crítico entre las estanterías repletas de cintas VHS. Se podría decir que para las nuevas generaciones sucede ahora algo parecido, de una manera mucho más fría, en los menús de las plataformas VOD.

Xavi Sánchez Pons es un descubridor de rarezas, un auténtico explorador del cine marginal, de explotación y de Serie B, cuyos infinitos conocimientos hubieran podido servir para ilustrarnos citando títulos que le marcaron durante esa época y que ahora la mayoría ya estarán descatalogados o únicamente podrían conseguirse de importación. En esta ocasión, el crítico se convierte más en un oyente y prefiere ceder el protagonismo a otras voces.

El siguiente bloque es un extenso «Video Timeline» muy gráfico que sirve como cronología detallada desde el año 1971 hasta el 2020 para entender mejor cuál fue la evolución histórica sufrida por el formato doméstico, resaltando algunos highlights que marcaron el auge y posterior declive del VHS, así como de los formatos digitales que lo sustituyeron. Lo físico sigue vivo en nuestros días gracias a coleccionistas románticos como mi amigo «Davicine», creador de No es cine todo lo que reluce.

Historias y leyendas

El tercer bloque es el más extenso. Se centra en la «Historia oral», es decir, una charla informal donde distribuidores y propietarios de videoclubs explican cuáles fueron sus respectivas experiencias en el negocio y cómo tuvieron que adaptarse a los cambios. Los testimonios incorporarán luego a directores de cine actuales como Paco Plaza o Paco Cabezas, coleccionistas o al propio director del Festival de Cine de Sitges, Àngel Sala, para ofrecer una radiografía más exacta de unos años en que el acceso al cine era muy diferente al que tenemos ahora con las nuevas tecnologías. Las conversaciones funcionan como un anecdotario repleto de recuerdos interesantes que activan nuestra propia memoria videoclubera, aunque en algunas partes se vuelve algo reiterativo.

El último bloque es un «Archivo Gráfico», es decir, una colección de carátulas antiguas de películas míticas combinadas con otras desconocidas o de Serie B. Es algo que se dice en el libro y es algo que echo de menos en esta época de sobrecarga informativa: se ha perdido la democratización del cine. Antes, cuando entrabas a un videoclub para pasarte horas observando con detalle lo que te sugerían los títulos, las carátulas o las sinopsis de las cintas VHS expuestas con mimo en las estanterías, no existía distinción entre cine elevado y cine de explotación. Tanto podías encontrarte el Tiburón de Spielberg junto al Tiburón de Castellari como el último blockbuster de éxito junto a un casposo direct-to-video de lo más infame. Había que aprender a elegir sin poder consultar la Wikipedia, a veces, más en base a corazonadas que al conocimiento real, todas las películas partían con las mismas posibilidades sin más condicionamiento que la opinión del propietario del videoclub o algún artículo leído en un fancine.

La cultura del esfuerzo y mi propia historia oral

La cultura del esfuerzo es algo que hoy se ha perdido. No voy a decir que todo tiempo pasado fue mejor, es un cliché absurdo. Hay que reconocer que es un verdadero lujo la posibilidad actual de tener al alcance de un clic o del mando a distancia todo un universo inagotable de contenidos audiovisuales que podemos manejar a nuestro antojo. sin embargo, eso ha hecho que se desvalorice un poco lo que vemos y que los contenidos sean tan efímeros como tarde en llegar la siguiente novedad al catálogo. En la época que se refleja en el libro nos lo currábamos mucho para ver las cosas y las paladeábamos con mayor intensidad. Por ejemplo, la piratería (siempre ha existido) no consistía entonces simplemente en bajarse una película de internet para borrarla acto seguido tras verla sino que consistía en quedarse de madrugada para grabar una película, quitarle los anuncios, conseguir la carátula de una revista o crearla uno mismo y finalmente colocar la cinta en nuestro cuarto como si fuera un trofeo que acariciar días después con orgullo. Cada película importaba, tenía su valor conseguirla.

En mi caso personal, recuerdo que fue en un videoclub cuando empecé a interesarme por quién había detrás de las películas y memorizar el nombre de directores como Alan Parker. Recuerdo que El expreso de medianoche (1978) me impactó de tal manera que estuve semanas buscando más películas suyas entre los cientos de carátulas hasta encontrarme con Birdy (1984), El corazón del ángel (1987) o Arde Mississipi (1988). Él fue el primero, pero le siguieron muchos más de diferentes estilos, nacionalidades y géneros.

A partir de ahí seguiría fijándome en los créditos de las películas más que en las sinopsis, me fui interesando por el cine como algo más que un entretenimiento pasajero. El VHS cultivó mi cinefilia. Recuerdo grabar todo tipo de películas, ciclos de cine chino, de Kieslowski o de terror cutre, algunas ni las entendía siendo un adolescente, pero me fascinaba por igual ver el Decálogo o Kung fú contra los 7 vampiros de oro. Aún sigo teniendo ese gusto tan ecléctico. Que posteriormente flirtease con el mundo de la realización de cortometrajes durante muchos años y que ahora escriba críticas casi a diario se lo debo todo a mi etapa como consumidor de VHS en los videoclubs, así que gracias Xavi por traerme tantos recuerdos leyendo tus páginas.


¿Qué te ha parecido el libro?

El almanaque del vídeo

7

Puntuación

7.0/10

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