Crítica de ‘Veneciafrenia’: Navegando entre el terror y el error

Las críticas de Óscar M.:
Veneciafrenia

En Veneciafrenia, un grupo de turistas españoles viaja a Venecia de vacaciones, ajenos a los problemas que les rodean causados por la masificación turística y los problemas de seguridad, suciedad y molestias que conllevan. Lo inesperado será que se verán obligados a luchar por salvar sus propias vidas.

La película está dirigida por Álex de la Iglesia, con guion del propio director junto a Jorge Guerricaechevarría, y está protagonizada por Ingrid García Jonsson, Silvia Alonso, Goize Blanco, Nicolás Illoro, Alberto Bang, Cosimo Fusco, Enrico Lo Verso, Armando di Razza, Caterina Murino y Nico RomeroVeneciafrenia se estrena el 22 de abril de 2022 gracias a Sony Pictures.

Venecia frenética y acelerada

La nueva película de Álex de la Iglesia empieza a un ritmo desenfrenado, con un atropellado prólogo, unos títulos de créditos dignos de la mejor producción italiana de suspense de los años setenta (los característicos «giallos») y una presentación de personajes demasiado acelerada, con unos diálogos que van demasiado rápidos para la cabeza del espectador, pero que consiguen en pocos minutos situarnos el centro de la acción de una Venecia desbordada por el turismo masificado.

En apenas diez o quince minutos ya ha pasado casi de todo en Veneciafrenia: hemos visto asesinatos, hay cierto misterio, una clara denuncia social, conocemos a los personajes protagonistas y su situación en la ciudad. El guion va a tal velocidad que sólo nos deja la opción de dejarnos llevar por ese remolino de rápidas escenas y veloces diálogos a la profundidad de la Venecia antigua y oscura cuyo secreto estamos deseando descubrir.

Los guionistas han decidido realizar una denuncia de la masificación turística que vive el mundo actual a través del terror, una base perfecta para el desarrollo de una película de género y una excusa perfecta para llegar hasta el espectador, como ya hicieron previamente películas clásicas de terror como Halloween, Psicosis o La semilla del diablo para hablar de los problemas mentales o la nueva entrega de Candyman denunciando la gentrificación de los barrios pobres.

Localización, vestuario y música sobresalientes

Situar la acción durante el carnaval veneciano es una elección inmejorable para fomentar el terror y el misterio en el espectador, el caos y el desorden imperante alimenta la sensación de indefensión y peligro y la ubicación de la trama en una ciudad sobredimensionada de turistas y que, al mismo tiempo, se hunde en el mar no deja de ser una curiosa paradoja: el ser humano le ganó espacio al mar y ahora el mar está recuperando su espacio natural.

De la Iglesia aprovecha los callejones, recovecos y oscuros pasadizos de la ciudad, huyendo hábilmente de los manidos, repetitivos y comerciales canales, y centrándose en edificios antiguos y los trozos de historia que contienen. Junto a un magnífico vestuario (trajes y máscaras) son los mejores aspectos técnicos que resaltan de Veneciafrenia, que nos atrapa visualmente y nos transmite una necesaria credibilidad en mitad de la locura carnavalesca y unos turistas como testigos de los asesinatos grabados a través de los teléfonos móviles.

La música incidental compuesta por Roque Baños recuerda a la compuesta para La comunidad (otro acierto de De la Iglesia), aunque esta vez recurre, sobre todo, a instrumentos de cuerda para remarcar la intriga y el misterio de las imágenes, arrastrándonos al horror y al pretendido terror (alejándose del tono cómico que tenía la música de La comunidad), y alcanzando su momento cumbre en la desmadrada y psicotrópica fiesta.

Terror en el argumento, error en el reparto

Un detalle que se le suele reprochar tanto a De la Iglesia como a Guerricaechevarría es el problema de llegar a una conclusión satisfactoria de sus historias. Como no podría ser de otra manera, Veneciafrenia falla en el momento de dar una resolución coherente a la trama, el final se queda en un anticlímax mal resuelto, deslucido visualmente para lo que se planteaba y, claramente, con la intención de evitar un giro final loco del argumento que sí que tienen otras películas del director y que tampoco habían gustado al público anteriormente.

Pero el verdadero error está en la selección del reparto, el protagonismo recae sobre una Ingrid Gracia-Johnson aberrante (y no sólo por su cuestionable y poco favorecedor corte de pelo), su interpretación es totalmente lineal, con pocos matices y nula emoción (por no hablar de su incapacidad para resultar creíble cuando finge llorar). Pero tampoco es que su interpretación destaque mucho en el conjunto del reparto, puesto que el resto tampoco están muy acertados, algunos demasiado dramáticos y sobreactuados (como Cosimo Fusco, a quien recordamos como Paolo de la serie Friends) y otros por no llegar a un mínimo de expresividad (como Alberto Bang o Nico Romero).

Veneciafrenia se mantiene a flote con un argumento que funciona en un lugar emblemático y con una dirección artística y composición musical fantásticas, pero se hunde con las interpretaciones en el fondo del mar. Un error que ahoga a la producción, resultando una película con más importancia visual que reivindicativa, algo que deja a la denuncia social central del argumento como una mera excusa anecdótica para justificar la matanza.

Veneciafrenia

6.5

Puntuación

6.5/10

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