Crítica de ‘El Rezador’: El embaucador y la niña santa

Las críticas de Daniel Farriol:
El Rezador

El Rezador en un drama ecuatoriano escrito y dirigido por Tito Jara (A tus espaldas). Es la historia de un estafador que busca aprovecharse económicamente de la familia de una niña que dice tener visiones de la Virgen María y a la que la gente visita por sus presuntos poderes curativos. Está protagonizada por Andrés Crespo (Sin muertos no hay carnaval, Translúcido), Carlos Valencia (Sumergible, La 4ª compañía), Emilia Ceballos, Renata Jara y Lydia Nava. La película se ha estrenado en España de la mano de la distribuidora Begin Again Films el día 8 de Abril de 2022.

El realismo sucio ecuatoriano

No es nada habitual tener la oportunidad en España de ver cine ecuatoriano y, menos aún, en una sala de cine. La producción cinematográfica de ese país sudamericano siempre ha sido escasa y discontinua, aunque bien es cierto que a partir de los años 90 tuvo una importante evolución con cineastas como Sebastián Cordero que han conseguido trascender con éxito sus fronteras. En la actualidad el país está sufriendo una revolución artística destacable a través de una generación de jóvenes talentos que comienza a dar un vuelco a esa situación de estancamiento. Ya empiezan a sonar nombres como los de Diego Araujo, Víctor Arregui, Gabriela Calvache, Javier Andrade, del que pudimos ver la maravillosa Lo invisible (2021) en el pasado Festival de Málaga, o el propio Tito Jara, director de esta El Rezador.

El cine ecuatoriano suele ser un cine apegado al legado cultural del país con un estilo cercano a lo que podríamos denominar como «realismo sucio» que se sirve de los pocos recursos económicos con que se cuenta para dotar a las imágenes de un tono casi documentalista. El Rezador sigue por esa senda estética para contarnos la curiosa historia de un estafador de poca monta que se aprovecha de la ignorancia o buena fe de sus conciudadanos, todos ellos de clase baja, que buscan refugio en la fe cristiana como solución a sus preocupaciones cotidianas. En la primera secuencia del filme podemos ver al protagonista, un fantástico Andrés Crespo, vestido de sacerdote mientras oficia la misa por un difunto ante su afligida familia. Poco después de eso entenderemos que en realidad es un disfraz que el hombre utiliza para quedarse con la recaudación de los donativos de los feligreses. Esa falta de escrúpulos ante el dolor ajeno ya nos pone en situación de ante qué tipo de persona estamos, sin embargo, se trata de un personaje ambiguo con una mayor complejidad de la esperada del que veremos todo un trayecto vital hacia el sacrificio redentor.

La mercantilización de la fe

El Rezador reflexiona sobre la fe como acto de necesidad. Más allá de las creencias personales de cada uno, no existe fe o religión sin miseria alrededor. El propio estafador se halla endeudado con unos «mafiosos» locales bastante peculiares, encontrando una forma de lucrarse con los supuestos poderes de una niña a la que se le aparece la Virgen y que está siendo visitada por cientos de fieles que creen en su poder curativo. Estamos en un entorno pobre y de bajo nivel educativo. El protagonista supera las reticencias iniciales en los padres para convencerles en crear todo un negocio alrededor que acabará por incluir hasta agua bendita bendecida por la niña santa u otro tipo de merchandising religioso. La transformación de un acto (a priori) desinteresado en un negocio lucrativo queda simbolizado por la obsesión del padre en la construcción de un gran templo que pueda albergar a más feligreses y por consiguiente generar más dinero, no deja de ser una metáfora que nos remite al propio devenir de la Iglesia Católica y su mercantilización de la fe cristiana.

Lo más interesante que tiene la película es el personaje del embaucador, un hombre gris que posee un talento especial para convencer a los demás, pero que conserva siempre consigo un porte trágico como de quién conoce de antemano su inevitable destino. Conoceremos pocos detalles de su pasado y de quién es realmente, pero su amoralidad acaba siendo más un acto de supervivencia que una maldad intrínseca a sus genes. Es una pena que no se explore con mayor ímpetu la anfibología de lo intangible, se podría haber jugado mejor con el misterio de los milagros y de las verdaderas capacidades curativas de la niña para crear una atmósfera más intrigante o fantasiosa. Sin embargo, Tito Jara, prefiere avanzar con parsimonia por un retrato social áspero y sin concesiones que nos habla de la corrupción del poder y de la manipulación de las masas, desembocando en un final demasiado previsible más propio de una trama de cine negro que casi lastra lo conseguido hasta entonces.


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El Rezador

6.9

Puntuación

6.9/10

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