Crítica de ‘Black Box’: El hombre que escuchaba demasiado

Las críticas de Daniel Farriol:
Black Box

Black Box (Boîte noire) es un thriller de intriga francés dirigido por Yann Gozlan (Burn Out, Captifs) que también es coguionista junto a Nicolas Bouvet-Levrard y Simon Moutairou (Apnea, El asalto), con la colaboración de Jérémie Guez (Hermanos de sangre, La noche devora el mundo). La historia sigue a Mathieu Vasseu, un técnico de la BEA, la autoridad responsable de las investigaciones de seguridad en la aviación civil, que es el investigador jefe en el desastre aéreo del vuelo Dubai-París estrellado en los Alpes. Las pruebas iniciales indican la posibilidad de un ataque terrorista, pero el cuidadoso análisis de las cajas negras empujará a Mathieu a realizar su propia investigación en contra de la opinión de sus superiores. Está protagonizada por Pierre Niney (Frantz, Jacques), André Dussollier (Célula de crisis, Todo ha ido bien), Lou de Laâge (Las inocentes, Blanche comme neige), Sébastien Pouderoux, Olivier Rabourdin, Guillaume Marquet, Mehdi Djaadi y Anne Azoulay. La película se estrenó en salas de cine el día 3 de Diciembre de 2021. Ahora puede ver en Movistar + desde el día 7 de Abril de 2022.

El sonido de un accidente aéreo

Black Box es un intenso thriller tecnológico, con el sonido como protagonista, que recupera la tradición de la ficción conspirativa tan en boga en los Estados Unidos durante los años 70, pero sin abandonar el savoir faire del cine negro más clásico con la sombra de cineastas como Hitchcock o Truffaut en la (re)cámara. La película se inicia con la escena de un accidente de avión que ya es toda una declaración de intenciones en cuanto a puesta en escena. Lo que hace Yann Gozlan es empezar mostrando lo que sucede en cabina para con un elegante movimiento de cámara hacia atrás ir recorriendo todo el avión hasta llegar a la parte trasera del fuselaje donde el plano se concentra en mostrar en primer término la caja negra (que no es negra). Ahí es cuándo sucede el accidente y el avión se estrella, pero en lugar de verlo lo escucharemos. Y es que de eso va la película, de recrear lo que sucedió a través del sonido, proponiendo al espectador un viaje inmersivo que despierte nuestra imaginación auditiva.

En ese viaje no estaremos solos. Mathieu Vasseu (excelente Pierre Niney), es un metódico y meticuloso técnico de la BEA, autoridad responsable en investigar la causa de los accidentes aéreos, que recibirá el encargo de descubrir lo sucedido en el vuelo accidentado que acabamos de presenciar/oír. Las grabaciones conservadas en la caja negra son sucias y tienen interferencias que impiden escucharlas con claridad, así que la película muestra el fascinante proceso de «limpiado» y, utilizando las últimas tecnologías, seremos testigos privilegiados junto al protagonista del descubrimiento paulatino de los secretos que se ocultan tras sonidos de apariencia banal e intrascendente. La tecnología al servicio del hombre y viceversa será un tema capital dentro del desarrollo posterior de la trama.

La conspiración del silencio

Pierre Niney se convertirá en Black Box en un detective improvisado alejado de los tipos duros del noir hollywoodiense, pero con reminiscencias del espía interpretado por Gene Hackman en La conversación (Francis Ford Coppola, 1974) o del técnico de efectos sonoros que tenía el rostro de John Travolta en Impacto (Blow Out) (Brian De Palma, 1981). Y es que tras una primera apreciación en la que el accidente aéreo parece provocado por el descuido de una azafata de vuelo que permitió el acceso a cabina de un terrorista, la cosa se irá complicando aún más cuando otras pruebas irán indicando una explicación que podría ser distinta. La importancia del punto de vista hace que siempre asumamos los pensamientos del protagonista, un tipo obsesivo y peculiar, del que descubriremos ya tuvo problemas en el pasado cuando un caso se le fue de las manos.

Es un juego interesantemente perverso donde en todo momento se cuestiona si la imaginación auditiva del investigador influye en lo que estamos escuchando (con él) o si en realidad es producto de su alta capacidad para desentrañar una conspiración de alto alcance. En su obsesión se quedará solo, desconfiando de todos los de su alrededor, mientras asistimos también a su deterioro físico y mental. El director Yann Gozlan conjuga a la perfección la trama detectivesca con la psicológica, la tensión inherente a los acontecimientos irá en aumento con el paso de los minutos en un crescendo constante. Para explicitar la sensación de ensimismamiento mental que padece el protagonista cuando trabaja con sus auriculares, veremos varias secuencias oníricas en las que le veremos en el interior del avión siniestrado observando, como un pasajero más, todo lo que sucede a su alrededor. La imaginación auditiva llevada al extremo, no hay que olvidar que el cine es un medio eminentemente visual, así que la decisión de puesta en escena me parece tan inteligente como coherente con el tipo de personaje que tenemos delante.

Imaginación auditiva al servicio de una trama hitchcockiana

Black Box se convierte en toda una sorpresa. Es un filme tenso y emocionante que durante más de dos horas nos envuelve con un trama de investigación al estilo de la vieja escuela, pero adaptada a los nuevos tiempos tecnológicos que corren. El concepto es el mismo que tenían las tramas de espionaje que sumían en aventuras inesperadas a los antihéroes hitchcockianos de Los 39 escalones (1935) o El hombre que sabía demasiado (1934 y 1956), solo que ahora deberían lidiar con programas informáticos de alta tecnología, sofisticadas redes de comunicación o la automatización con IA del trabajo humano, eso sí, los intereses corporativos y económicos son los de siempre. Si a alguien le parece fuera de lugar esta comparación, solo tiene que escuchar la banda sonora compuesta por Philippe Rombi (habitual del cine de François Ozon) en la escena de la persecución nocturna por la carretera, el tratamiento que hace de las cuerdas, por momentos, se mimetiza con el que hacía Bernard Herrmann para el genio del suspense.

El único pero que se puede poner a Black Box es la «casualidad» de que la pareja del protagonista, Noémi (Lou de Laâge) tenga un trabajo relevante dentro de la estructura empresarial aeronáutica relacionada con la investigación que hace el técnico auditivo. Se puede entender como una licencia de los guionistas para incrementar la dosis de dramatismo en la combinación personal-laboral de una pareja que quedaría del todo justificada si asumimos que en la vida real muchas parejas de nuestro alrededor se formaron por haberse conocido dentro de un mismo entorno de trabajo. Aceptando esa salvedad un poco pillada por los pelos, la película es un inteligente ejercicio de cine negro que requiere el involucramiento del espectador en una investigación conspiranoide que, más allá de algunos términos tecnológicos que se nos puedan escapar, resulta tan intrigante como absorbente.


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Black Box

7.7

Puntuación

7.7/10

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