Crítica de ‘Ámame’: El dolor que provoca la soledad

Las críticas de Daniel Farriol:
Ámame
(Errante corazón – Almost in Love)

Ámame (presentada en el Festival de Málaga 2022 bajo el título de Almost in Love y en Argentina como Errante corazón) es un drama argentino escrito y dirigido por Leonardo Brzezicki (Noche). La historia sigue a Santiago, un hombre quebrado emocionalmente que parece ir a la deriva en su vida personal. Junto a su hija adolescente, Laila, vivirá un verano caótico entre Argentina y Brasil, que terminará siendo el verdadero punto de inflexión en la relación y vidas de ambos. Está protagonizada por Leonardo Sbaraglia (Dolor y gloria, Nieve negra), Miranda de la Serna (Antes del estreno, Bruja), Eva Llorach (Quién te cantará, La desconocida), Iván González, Alberto Ajaka, Thalita Carauta y Tuca Andrada. La película se ha estrenado en salas comerciales en España de la mano de Vértigo Films el día 1 de Abril de 2022.

Sexo, drogas y muchas discusiones

Ámame es una película melodramáticamente histriónica, exacerbada y, a veces, gratuita, que te agota durante la chillona exposición de unas relaciones familiares tan intensas que se vuelven tóxicas, afectando a la propia estabilidad mental de los personajes y, por ende, de los espectadores que tenemos que acompañarlos en un viaje autodestructivo hacia, tal vez, una incierta búsqueda de la felicidad o una posible redención reconciliadora. Santiago (Leonardo Sbaraglia) es un hombre separado de su mujer que vive con su hija adolescente, Laila (Miranda de la Serna), con la que no siempre resulta fácil la convivencia. El comportamiento errante del protagonista no termina por explicarse bien, entendemos su necesidad de amar y ser amado, pero no cómo ha llegado hasta un punto de patetismo que evidencia de forma constante en su interacción social con los demás.

Problemas de rico, diría alguno. Santiago posee un restaurante de prestigio y su situación económica parece boyante, al menos lo suficiente como para estar pensando más en irse de fiesta que en ir a trabajar o pagar facturas. Hubiera sido conveniente explorar los distintos ámbitos en lo que se mueve el personaje para ver con mayor claridad cuál es, por ejemplo, su entorno laboral donde sí parece una persona respetada. Leonardo Brzezicki prefiere decantarse por mostrar una deriva de alcohol, drogas y sexo (Sbaraglia se desnuda integralmente en cuerpo y alma para este papel) como verdadero anzuelo de una puesta en escena epatante que busca en la transgresión de sus imágenes su manera de ser. Para mi gusto, el director se pasa de frenada, en especial, durante la primera mitad de la película en la que asistimos impertérritos a una concatenación de escenas de fiestas y discusiones que ni siquiera alcanzan para que podamos profundizar un poco en las preocupaciones, necesidades y anhelos del personaje principal. Eso hace que resulte muy complicado empatizar con el dolor de Santiago, al menos, hasta el final.

La vida como paraíso de confusión

Todos los personajes que aparecen en Ámame son seres solitarios que se hallan hundidos en la desesperación emocional, pero ninguno de ellos está suficientemente bien construido para que de verdad nos importen. Es una película de catarsis interna en la que probablemente haya puesto mucho de sí mismo el guionista-director, por eso algunas claves se nos escapan. En lo que no hay duda posible es en destacar el entregado trabajo que realizan los actores principales, en especial Leonardo Sbaraglia, absolutamente prodigioso, algo que le valió el Premio a Mejor Actor en el Festival de Málaga, y la joven Miranda de la Serna, que no se empequeñece a su lado. Los exagerados duelos dialécticos que mantienen podrían haber caído en la pura telenovela, pero el buen hacer de los intérpretes transmite mucha verdad a través de sus miradas dolientes.

Además del amor, sea correspondido o no, Ámame es también una película muy física que explora sin tapujos el deseo y la sexualidad. Sin embargo, el retrato que se hace de la homosexualidad o de las carencias afectivas en el seno familiar se aborda siempre desde el artificio, lo que reduce la psicología de algunos personajes secundarios a meros clichés. Estamos ante una película tan excesiva como suele serlo el comportamiento de Santiago en plena caída libre existencial y, sin embargo, el emotivo renacer del desenlace nos provocará una sensación agridulce francamente reconocible de quién ha superado un duelo o una etapa oscura en su vida, por desgracia, todos las hemos tenido porque irremediablemente forman parte de la existencia humana. Los reproches y salidas de tono de Santiago son solo una búsqueda de atención, una llamada de socorro de alguien que tiene el agua al cuello. Y ahí, aunque no comprendamos exactamente de dónde procede ese dolor, es cuando a través de nuestros propios recuerdos podemos sentir cierta afinidad con su torpe manera de asimilar los sentimientos que le confunden. ¿Qué es la vida sino un eterno paraíso de confusión?


¿Qué te ha parecido la película?

Ámame

6

Puntuación

6.0/10

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