25 FESTIVAL DE MÁLAGA. Las niñas de cristal, La voluntaria y Lugares a los que nunca hemos ido.

Cobertura realizada por Daniel Farriol:
25 Festival de Málaga 2021


No es cine todo lo que reluce
se ha desplazado hasta el 25 Festival de Málaga 2022. Cada día os contaremos nuestras primeras impresiones sobre todas las películas que tengamos la oportunidad de ver, así como todas las cosas interesantes que sucedan en esta gran semana dedicada al cine español y latinoamericano. Hoy os hablamos de las películas: Las niñas de cristal, La voluntaria y Lugares a los que nunca hemos ido.


La voluntaria
La voluntaria

Dirigida por: Nely Reguera
Intérpretes: Carmen Machi, Hamam Aldrarweesh – Almanawer, Itsaso Arana, Arnau Comas, Dèlia Brufau
País: España, Grecia
Sección
 Oficial

Sinopsis: Marisa, una doctora recién jubilada, decide viajar a un campo de refugiados donde, a su parecer, necesitan a gente exactamente como ella. Al llegar allí, se hace evidente que no tiene nada que ver con los demás. Cuando conoce al pequeño Ahmed, los límites entre la necesidad de cuidar y de sentirse útil empiezan a desdibujarse.

Nuestra opinión: Ahora estamos todos muy felices con la incorporación al mercado audiovisual de un grupo de mujeres jóvenes que realizan su primera película, sin ir más lejos, la ópera prima de Alauda Ruiz de Azúa Cinco lobitos ha sido la gran triunfadora de esta edición del 25 Festival de Málaga 2022, pero eso no debe ocultar la dificultad que tienen después para seguir demostrando su talento. Es por eso que tenía especial curiosidad en la segunda película de la barcelonesa Nely Reguera tras su aclamado debut María (y los demás) (2016) del que ya habían transcurrido 6 años sin tener noticias de la realizadora más allá de su trabajo en episodios de distintas series de televisión. La voluntaria acaba siendo un trabajo menos inspirado que el anterior, pero que igualmente consigue plantear cuestiones muy interesantes sobre la dependencia emocional y el altruismo, poniendo en valor también cuáles son las dificultades existentes en los campos de refugiados.

La narrativa de La voluntaria podría dividirse en dos partes diferenciadas. La primera es brillante y nos muestra la llegada a Grecia de una enfermera jubilada (Carmen Machi) que para sentirse útil decide pasar una temporada colaborando en un campo de refugiados para cuidar de niños que lo están pasando mal. Sin embargo, sus presuntos ideales altruistas irán chocando con las reglas establecidas en el campo que no le permiten actuar y entrar en contacto con los niños del modo que ella esperaba. En especial se vuelve tirante su relación con Caro (Itsaso Arana) que está al cargo de los voluntarios en el campo y le va impidiendo realizar tareas a priori humanitarias como curar las heridas de un niño que se ha caído. Me parece fantástica a la par que sutil la manera en que se construye esta confrontación que obligará al espectador a ir reposicionándose en sus postulados éticos. La buena voluntad de la mujer es en realidad producto de su propia necesidad afectiva al buscar en uno de los niños refugiados la figura de un nieto que no tiene.

Eso nos lleva a una segunda mitad donde se pone el foco exclusivo en esa mujer y se pierde todo el trasfondo de las malas condiciones de los campos y del sentimiento de estancamiento en unas ayudas humanitarias que son como una tirita en una herida que necesitaría operarse. Esta parte recuerda demasiado a la maravillosa The Kindergarten Teacher (Nadav Lapid, 2014), que ya tuvo un remake americano La profesora de parvulario (Sara Colangelo, 2018), lo que le perjudica en la comparación. La voluntaria es irregular, pero valiente y nada complaciente, además contiene una de las mejores interpretaciones dramáticas de Carmen Machi.

Las niñas de cristal
Las niñas de cristal

Dirigida por: Jota Linares
Intérpretes: María Pedraza, Paula Losada, Mona Martínez, Marta Hazas, Ana Wagener, Olivia Baglivi
País: España
Sección
 Oficial

Sinopsis: Después de que la estrella del Ballet Clásico Nacional se suicide trágicamente, Irene es seleccionada para ocupar su lugar en la mayor producción de ballet de la compañía. Ahora, siendo el blanco de todos los celos y la crueldad de sus compañeras, Irene encuentra una amiga en la nueva bailarina, Aurora. Aisladas y presionadas por el sacrificio que supone triunfar en la danza, juntas emprenden una huida hacia adelante en busca de sí mismas.

Nuestra opinión: Las niñas de cristal de Jota Linares combina los universos de Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010) y Criaturas celestiales (Peter Jackson, 1994) para hablarnos de la exigencia del artista en un mundo tremendamente competitivo donde el único oasis de felicidad se halla en la amistad y en la conexión emocional con las personas que de verdad te aprecian. Producida por Netflix y con una hinchada duración de 138 minutos, el autor de ¿A quién te llevarías a una isla desierta? (2019) escribe el guion a cuatro manos junto a Jorge Naranjo, apostando por un intenso drama con fugas oníricas que, al menos a mi, me ha traído a la memoria muchas referencias cinéfilas, especialmente del cine de terror, tanto en la descripción de ambientes opresivos como en la de personajes manipuladores.

Por ejemplo, sin que el filme tenga nada que ver con el giallo, la academia de baile me resulta igual de terrorífica que la de Suspiria, solo que aquí las brujas son de carne y hueso, aunque la relación entre las bailarinas recuerda más a la de Showgirls, sustituyendo zancadillas en las escaleras por cristales en la duchas. Por otro lado, tenemos una madre terrible para el personaje interpretado por la debutante Paula Losada, que está encarnado por una inesperada Marta Hazas, es un símil de la controladora madre que tenía Carrie, quitándole toda la iconografía religiosa, pero con actitud igualmente espeluznante en la constante anulación de la personalidad de la chica.

Con todos esos elementos de género, Jota Linares opta por decantarse hacia el drama psicológico como catarsis personal de sus propias experiencias en el mundo del cine. El arte debería ser un refugio para disfrutar y el éxito puede llevarte al dolor cuándo no se sabe gestionar. El nivel de producción de la película es muy potente y tanto el trabajo de cámara con Gris Jordana en la fotografía como, especialmente, el meticuloso tratamiento del sonido, te transportan dentro de la pantalla del mismo modo que las dos bailarinas protagonistas consiguen crearse un mundo propio donde nadie puede hacerles daño. Es una experiencia inmersiva con secuencias de danza espectaculares en que las actrices brillan y no son dobladas, María Pedraza hace un trabajo espléndido en ese sentido para darle credibilidad a los ensayos y la posterior representación escénica del conocido ballet «Giselle».

Dicha obra sirve también como modelo para la estructura de la película que se divide en dos actos. El primero es mucho más luminoso donde vemos la relación de amistad entre dos bailarinas que deben lidiar con sus propios demonios, la autoexigencia y bulimia, en un caso, y la sobreprotección e inseguridad, en el otro. El segundo acto es más oscuro, comparece en escena la tragedia como elemento de ruptura motivando la deriva psicológica de los personajes hacia una espiral autodestructiva. Están muy bien descritos todos los roles secundarios y el reparto brilla de forma espectacular.

En mitad del tercer acto, por ejemplo, tenemos un duelo dialéctico de más de 10 minutos entre Mona Martínez, que es una coreógrafa que haría buenas migas con el salvaje Terence Fletcher de Whiplash (Damien Chazelle, 2014), y Ana Wagener, madre algo despreocupada y jueza de profesión que adquiere una relevancia inusitada en esta segunda mitad. Es una escena incorporada en un momento clave que podría hundir la tensión dramática acumulada hasta entonces y hacer caer el ritmo conseguido, pero al final resulta todo lo contrario, el texto es muy bueno y las dos actrices se comportan como leonas defendiendo su espacio. Es una gozada verlas y acaba siendo una de las escenas que quedarán en el recuerdo. Las niñas de cristal es un drama poderoso y muy bien filmado sobre las víctimas de un mundo individualista y competitivo que nada tiene que ver con la sublimación el arte.

Lugares a los que nunca hemos ido
Lugares a los que nunca hemos ido

Dirigida por: Roberto Pérez Toledo
Intérpretes: Belén Fabra, Francesc Corbera, Pepe Ocio, Ana Risueño, Verónika Moral, Emilio Buale
País: España
Sección Zonazine

Sinopsis: Elena ha pedido cena a domicilio, pero cuando abre la puerta, descubre que el repartidor es Manu, el que fue su gran amor. Javier es un director de casting a punto de poner a prueba a un actor con el que mantiene algo más que un vínculo profesional. Eva se dispone a ser infiel por primera vez a su marido, mientras Carol y Orestes se conocen en una fiesta de abrazos. Cinco lugares y unos personajes enfrentados a sí mismos y a sus sueños no cumplidos.

Nuestra opinión: Lugares a los que nunca hemos ido es la película póstuma de Roberto Pérez Toledo que murió inesperadamente poco después de finalizar el montaje. Se trata de un filme precioso, inteligente y divertido sobre las relaciones humanas. Está formado por cinco historias independientes que podrían verse como cortometrajes individuales, pero que en su conjunto adquieren una mayor dimensión psicológica del carácter humanista y vital que tenía el director para analizar a una generación vencida por la desesperanza en el momento de enfrentarse al espejo y ver que no sean cumplido los sueños de juventud. Todas las historias menos una están protagonizadas por hombres y mujeres alrededor de los 40 años, en una etapa de madurez donde ya no hay cabida para pensar en quiénes queremos convertirnos sino para asumir lo que en realidad somos. Solo una de las historias pertenece a una generación más joven, la de dos veinteañeros que, en definitiva, han entrado en una etapa vital también repleta de cambios al decidir dar el paso de irse a vivir juntos a un apartamento hipotecado por 30 años.

Lo prodigioso de Roberto Pérez Toledo es conseguir hablar de cosas profundas desde la sencillez. La puesta en escena de todas las historias es bastante diáfana en un escenario único y con dos personajes afrontando un pequeño conflicto como detonante para sacar a relucir todas esas frustraciones y anhelos como acto descriptivo de toda una generación. La acción se reduce a los diálogos, magistralmente escritos e interpretados por un elenco en estado de gracia. A menudo las películas que se dividen en episodios carecen de una uniformidad o falta de equilibrio entre los distintos segmentos. Eso no pasa aquí.

Más allá del interés particular ante cada historia, según sea la vinculación emocional del espectador con lo que se explica, todos los fragmentos están a un mismo nivel y ningún intérprete desentona en esos primeros planos cortísimos con los que el director explora el alma de sus personajes en un entorno naturalista que hace que te creas todo lo que digan. Por destacar a alguien me quedo con Belén Fabra, Ana Risueño y Sergio Torrico, pero que nadie se me enfade porque me he enamorado de cada uno de los actores y actrices que aparecen en este filme, en los que hay intérpretes consagrados con otros que afrontaban su primera película. Lugares a los que nunca hemos ido es tan emotiva como divertida, tan sincera como amarga, una de esas películas pequeñitas que se quedan a vivir en tu corazón para siempre. Nadie que la vio entendió que estuviera en Zonazine de 25 Festival de Málaga 2022 cuando era una propuesta que merecía competir en Sección Oficial, siendo muy superior a un gran número de películas que pudieron verse allí.


25 Festival de Málaga 2022

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