25 FESTIVAL DE MÁLAGA. Isósceles y Llenos de gracia. Balance final.

Cobertura realizada por Daniel Farriol:
25 Festival de Málaga 2021


No es cine todo lo que reluce
se ha desplazado hasta el 25 Festival de Málaga 2022. Cada día os contaremos nuestras primeras impresiones sobre todas las películas que tengamos la oportunidad de ver, así como todas las cosas interesantes que sucedan en esta gran semana dedicada al cine español y latinoamericano. Hoy os hablamos de las películas: Isósceles y Llenos de gracia. También os invitamos a leer nuestras reflexiones y el balance final sobre esta edición.


Llenos de gracia
Llenos de gracia

Dirigida por: Roberto Bueso
Intérpretes: Carmen Machi, Paula Usero, Anis Doroftei, Pablo Chiapella, Manolo Solo, Nuria González, Dairon Tallon
País: España
Sección
 Oficial (Clausura)

Sinopsis: Marina, una monja muy atípica, llega en el verano de 1994 a El Parral, un colegio amenazado de cierre. A pesar de que los internos, chicos sin familia, la reciben con mil trastadas, Marina tiene una idea que cambiará todo: formar un equipo de fútbol.

Nuestra opinión: Llenos de gracia ha sido la película escogida este año para clausurar la Sección Oficial del 25 Festival de Málaga 2022. Como es costumbre en este festival y otros muchos, se suele optar por una película agradable y de estilo comercial de cara a satisfacer al gran público, aunque no siempre se acierta como pudimos comprobar el año pasado con la casposa comedia García y García (Ana Murugarren, 2021). Por suerte, la nueva película del valenciano Roberto Bueso, tras la estupenda y minusvalorada La banda (2019), es una feel good movie que sabe equilibrar muy bien sus dosis de comedia, ternura y emoción, en un trabajo que ofrece todo aquello que se puede esperar tras leer la sinopsis.

Y es que esta historia, inspirada parcialmente en hechos verídicos sobre el futbolista Valdo y la hermana Marina, nos sitúa en El Parral, un orfanato abocado al cierre donde acuden niños conflictivos sin ninguna motivación por aprender ni labrarse un futuro esperanzador. Las monjas que se ocupan de los chavales también han perdido la fe en ellos y en la propia institución que regentan hasta que llega al lugar la peculiar hermana Marina (Carmen Machi), en principio, para cubrir el periodo estival. Es una mujer religiosa, pero muy moderna, que no piensa rendirse ante el descaro insolente de los niños ni el desapego de sus compañeras, encontrando una idea perfecta para atraer la atención de todos: crear un equipo de fútbol.

A partir de ahí, las peripecias de las monjas con los niños combinan la comedia con trasfondo social con la comedia deportiva, consiguiendo hacer reír y emocionar a partes iguales a la mayoría de los espectadores sobre todo gracias a unos personajes entrañables y estupendamente caracterizados. Eso sí, no esperes algo demasiado original, el guion escrito por el propio director junto a Óscar Díaz utiliza los recursos más mecánicos de este tipo de películas y es bien fácil saber todo lo que irá ocurriendo paso por paso, así que es de admirar que se consiga mantener nuestra atención y ante todo hacernos pasar un buen rato. Para hacerse una idea más clara, el aplauso tras la finalización del pase matinal de prensa con público ha sido uno de los más sonoros que he tenido la oportunidad de escuchar durante toda mi semana festivalera y eso dice mucho del buen rollo que desprende esta película.

Isósceles
Isósceles

Dirigida por: Ignacio Nacho
Intérpretes: Salva Reina, Ignacio Nacho, Mara Guil
País: España
Sección Zonazine

Sinopsis: Enrique y Víctor eran íntimos amigos durante su etapa universitaria. Un absurdo contratiempo, asociado a la inmadurez, provocó un distanciamiento entre ambos que se prolongó durante años. Enrique ha decidido romper el hielo y ha contactado con su viejo amigo, citándolo en su casa.

Nuestra opinión: La sección Zonazine normalmente alberga propuestas más arriesgadas, radicales o que se salen de lo llamado «comercial». En el caso de Isósceles, nos encontramos con una pequeña sorpresa puesto que combina la comedia con clara apertura comercial con un tratamiento estético del encuadre que sí se sale de lo normativo. Ese juego a dos bandas acaba siendo muy atractivo. El título hace referencia a un triángulo con dos lados iguales en ángulos opuestos y una base que los une con diferente medida. Los lados opuestos son Enrique (Ignacio Nacho) y Víctor (Salva Reina), dos amigos de juventud que llevan sin verse muchos años y se reencuentran cuando el primero cita al segundo en su casa de forma inesperada. El encuentro allí resultará desde el primer momento extraño y tenso, convirtiéndose en un duelo intelectual con trasfondo psicoanalítico realizado por Ignacio Nacho con mucho cachondeo y mala baba. Poco después descubriremos que la base del triángulo que les une es una mujer (Mara Guil) que lo complicará todo aún más.

Isósceles cautiva a través de una puesta en escena irreverente con planos/contraplanos de los personajes que buscan romper con lo académico. Si dividiéramos la película en bloques, cada uno de ellos tendría una determinada manera de acercarse a los personajes para dotar al espacio donde se desenvuelven de una nueva dimensión emocional. Ese juego artificioso aquí funciona a las mil maravillas si lo unimos a un texto inteligente que sabe exprimir el jugo de una situación única con diálogos llenos de ocurrencias y contrasentidos que te sacarán más de una carcajada. Es una pena que tras la incorporación del tercer personaje el desarrollo se alargue más de la cuenta con bromas sexuales llenas de tópicos que hacen caer el ritmo en la segunda mitad hasta conseguir remontar con un cierre previsible pero perfecto. Un filme de estas características no sería lo mismo sin un plantel de intérpretes a la altura, todo el guion gira en torno a ellos filmados casi siempre en planos cortos, así que la participación de Salva Reina, Ignacio Nacho y Mara Guil, es fundamental para alcanzar el éxito, aunque como siempre me gustaría destacar al primero ya que tengo la impresión de que siendo un actor muy conocido no es valorado en la industria como merece, tal vez, al decantarse mayoritariamente por hacer comedia.

Resulta también curioso que Isósceles, teniendo una rompedora puesta en escena, podría ser perfectamente una obra de teatro filmada y, de hecho, en muchos momentos tenemos esa sensación dicho aquí sin el tono peyorativo que se utiliza cuando nos referimos a una película teatral. Todo lo contrario. Desconozco cuál fue la manera de rodar, pero debido a la fluidez permanente de los diálogos, en muchas ocasiones, tenía la sensación de que los diversos bloques se grabaron del tirón y a una sola toma, aunque parece imposible si tenemos en cuenta que los cambios de posición de cámara y de apertura de planos son constantes. Si estás buscando una comedia original y divertida, no dudes en ver Isósceles.

Festival de Málaga 2022 - Cine Albéniz

Balance final. Reflexiones festivaleras.

La edición del 25 Festival de Málaga 2022 ha sido un aniversario extraño por dos motivos principales. El primero era un comentario generalizado y se debía a las condiciones metereológicas que hemos experimentado toda la semana y que se asemejaban más a San Sebastián que a Málaga. Frío fuera y dentro de las salas (esto sería evitable, no tiene mucho sentido tener que asistir a algunas proyecciones con abrigo), a lo que se sumó la llegada de la lluvia y la calima que otorgó a la ciudad un aspecto embarrado con cielos apocalípticos que hubieran hecho las delicias de Denis Villeneuve y Roger Deakins en Blade Runner 2049 (2017). Fue mala suerte, pero el comentario generalizado es que el festival y la ciudad se disfrutan más cuando se celebra en el mes de abril o incluso junio como sucedió el año pasado. Por desgracia, ya está confirmado que la edición 26ª incluso se adelantará una semana para celebrarse del 10 al 18 de marzo donde, por cierto, ya se conoce que el país invitado protagonista será Perú tomando el relevo de Costa Rica.

El segundo motivo que antes comentábamos que hacía extraño este festival ha sido la ausencia de celebraciones especiales que destacaran las Bodas de Plata al haber alcanzado las 25 ediciones, se esperaba algo que diferenciase esta edición del resto. Más extraño me resulta tras conocer de primera mano que algún ilustre acreditado de los más veteranos del lugar había ofrecido grabaciones inéditas de incluso las primeras ediciones. Hubiera sido bonito hacer algo especial.

En cuanto al palmarés poco a reprochar. En la Sección Oficial, descartada Alcarràs por haberse llevado el Oso de Oro en Berlín, la gran favorita para todos era Cinco lobitos de la vasca Alauda Ruiz de Azúa que merecidamente ha arrasado en premios oficiales y paralelos. También era mi favorita desde el mismo instante que la vi y quedé conmovido por tanta verdad. En cuanto a cine latinoamericano también estaba Utama de Alejandro Loayza Grisi entre las que más habían gustado, no en vano venía con buenas referencias del Festival de Sundance. Nada que decir, es una película brillante y preciosa, aunque sí echo en falta cierto protagonismo en el palmarés de la ecuatoriana Lo invisible de Javier Andrade, que despertó más odios que aplausos, pero que para mi fue la gran sorpresa inesperada de este festival. Poco puedo decir de los premios The Gigantes o Mensajes privados ya que no pude verlas (luego me referiré a este asunto), aunque a priori el premio a montaje a esta última chirría un poco dadas las características que tiene el proyecto.

Cinco lobitos (rueda de prensa Málaga 2022)

De los premios a las mejores interpretaciones tampoco puede decirse mucho, Leonardo Sbaraglia está asombroso en Almost in Love (Ámame), aunque la película no me gustase nada, mientras que el ex aequo de Laia Costa y Susi Sánchez por Cinco lobitos es indiscutible y ambas optan desde ya al Goya del próximo año. Otras interpretaciones que me han llamado especialmente la atención este año han sido las de Patricia López Arnaiz por La cima y Anahí Hoeneisen por Lo invisible, por citar algunas ya que en general han destacado más las actuaciones femeninas que las masculinas aunque me gustaría nombrar también a Ramón Barea que hace un trabajo extraordinario y no debería quedar a la sombra de sus compañeras en Cinco lobitos.

De los premios en Zonazine he aplaudido mucho los de Lugares a los que nunca hemos ido de Roberto Pérez Toledo, mejor película y ex aequo en interpretación masculina para Pepe Ocio y Sergio Torrico que debe verse como un premio a todo el colectivo de actores y actrices que aparecen en tan hermosa peli. El ex aequo a Milena Smit y Olivia Baglivi por su interpretación en Libélulas también estaba claro, son el motor que hace que funcione el filme. Más discutible me parece premiar a Mostro con la que no conecté nada (aunque hay que agradecer el buen encaje de los autores que leyeron mi crítica negativa y en lugar de enfadarse me dijeron que les había gustado mucho leerla). El premio a mejor dirección para Meritxell Colell por Dúo, película que me dejó algo frío, tampoco me parece nada mal ya que la considero una directora de enorme proyección y con un universo muy particular que me encantará seguir explorando en sus nuevos trabajos.

Y ahora toca abrir un melón o, mejor dicho, varios. Voy a hablar de cosas que se comentan en privado en los corrillos durante toda la semana y luego casi nunca leo en las crónicas que se hacen sobre el festival. Son 25 ediciones de las que yo he tenido la oportunidad de asistir a 13, más de la mitad ya, y en todos estos años sigo teniendo la misma sensación de que el festival sigue estancado y no acaba de crecer como merecería por detalles fácilmente mejorables y errores de los que parece no querer aprender. El director del Festival, Juan Antonio Vigar, suele apelar en sus discursos a que la peculiaridad del Festival de Málaga es no estar adscrito a un género ni a un tipo de cine concreto sino que es capaz de aglutinar todo tipo de cine. Lo que él ve como una característica singular yo lo veo como una debilidad que le impide competir, por ejemplo, con la selección anual de películas españolas en el Festival de San Sebastián. Muchas veces se prefiere apostar por cine comercial, comedias de dudoso gusto o proyectos que no tienen la calidad mínima exigida para estar en un Festival de Cine. Supongo que hay intereses y presiones de productoras, distribuidoras y espónsors varios que condicionan estas decisiones, pero también son las ansias que tiene Málaga por atraer a un público más de alfombra roja que verdaderamente cinéfilo.

Pedro Olea

Eso nos lleva a un segundo melón. Ese enfoque hacia el faranduleo también se contagia entre la prensa acreditada donde muchos compañeros parecen más pendientes de los lugares donde se va a celebrar la próxima fiesta o en hacerse una fotografía con el famoso de turno que en ir a las salas a ver las películas. Uno cree de forma ingenua que te acreditan para escribir, currar, ver películas y dar visibilidad a los trabajos que se presentan. Lo demás también es compatible, pero tendría que ser secundario no lo principal. Creo que el nivel de exigencia con el trabajo de los acreditados debería ser mayor, hay gente que se pasa la semana sin escribir una sola línea ni dar ninguna información sobre lo que hace, mientras que otros no pasarían un test básico de conocimientos sobre cine español. Y lo que es aún peor, ¡muchos ni van a ver las películas! Un ejemplo sangrante, en el pase de los maravillosos cortos restaurados Anabel y El parque de juegos de Pedro Olea estuvimos presentes solo ocho personas, contando entre ellos a Fernando Méndez-Leite, cuando, para mi, fue uno de los «momentazos» inolvidables que ha habido en esta edición del Festival.

Tercer melón. ¿Quién demonios se encarga de organizar la parrilla de programación cada año? Es absurdo las trabas que se ponen para que los que queremos trabajar podamos hacerlo. Es cierto que en todos los festivales resulta imposible ver todo lo que se proyecta, pero no es de recibo asignar horarios que se solapan en pases de prensa únicos de secciones distintas cuando varios días quedan horas muertas sin nada que ver. Con un poquito más de sentido común podríamos haber asistido (los que hubiéramos querido) a todos los pases de Sección Oficial y Zonazine, incluso a los de Pases Especiales o Internacionales, en cambio hemos tenido que renunciar a hablar de varias películas por imposibilidad de verlas en un pase de prensa ni tampoco tener una alternativa para verlas en otro pase. Cuánto más cine veamos los acreditados más repercusión mediática hay para el festival y para las propias películas que concursan. No lo entiendo y cada año sucede. Aún peor es la imposibilidad de asistir a ruedas de prensa como las de Pases Especiales o Zonazine sin perderse a cambio una película de Sección Oficial. Un sinsentido cuando hay ruedas de prensa ante un auditorio semi vacío.

En fin, voy a dejar de abrir melones que esto es una página de cine y no una frutería. Para otro año dejo el tema de la impuntualidad, el controlar la presencia de móviles dentro de las salas (sí, también gente acreditada) y otras cuestiones. Ojalá algunas de mis reflexiones festivaleras transcritas, todas ellas compartidas en voz alta con muchos compañeros estos días, lleguen a oídos de quiénes pueden cambiar las cosas para hacer aún más grande al Festival de Cine de Málaga, hay margen para hacerlo. Lo que sí tiene este Festival que tanto nos desespera a muchos es que produce una extraña adicción, tal vez, por la ciudad, por sus gentes, por su comida y por la buena vibra que se respira siempre entre los habituales y nuevos amigos que se hacen cada año. ¿Nos vemos en la edición 26ª?


25 Festival de Málaga 2022

Festival de Málaga 2022

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