Crítica de ‘El método Williams‘: Will Smith se luce con el ascenso de Venus y Serena Williams

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
El método Williams

Antes de ver El método Williams uno tiene que hacer un doble ejercicio de abstracción: en primer lugar hay que olvidar que la película ha sido producida por las hermanas Venus y Serena Williams y que, por tanto, todo va a estar lo suficientemente edulcorado para servir de homenaje a la vida de su padre, Richard Williams, auténtica razón de ser del film (el título original, King Richard, lo dice todo); en segundo lugar hay que tratar de dejar a un lado la permanente (y fundada) sensación de que la película ha sido concebida, escrita, dirigida y montada para el absoluto lucimiento de Will Smith con el objetivo de que gane de una vez el Óscar de la Academia de Hollywood tras sus dos fallidas nominaciones por Alí (Michael Mann, 2002) y En busca de la felicidad (Gabriele Muccino, 2007).

No tengo nada en contra de Will Smith, suelo ser muy agradecido con la gente que me hace reír y recuerdo con agrado la divertida serie El príncipe de Bel-Air aunque las mayores carcajadas se las deba a quien interpretaba a su primo Carlton (Alfonso Ribeiro), pero no me parece un gran actor dramático. Como muchos actores surgidos de la televisión ha mejorado con el tiempo, pero sus interpretaciones “serias” me parecen demasiado esforzadas, no tengo la sensación de que se encuentre en su salsa como cuando le veo haciendo el gamberro en, por ejemplo, Aladdin.

El caso es que una vez superada la primera media hora (la película, como la mayoría de las actuales producciones hollywoodienses es innecesariamente larga), en cuanto las niñas Venus y Serena Williams empiezan a jugar al tenis y a transitar de la mano de su padre en busca de entrenador, superando desaires por los elitistas clubs de tenis norteamericanos, no es difícil sentirse atrapado por un film enormemente entretenido.

El guion de Zach Baylin, como he apuntado más arriba, no repara en recrear todo tipo de anécdotas y momentos peculiares para ofrecer a Will Smith la oportunidad de sacar partido a todos sus registros. Tampoco falta algún intento de poner alguna sombra muy matizada en la personalidad de un hombre que, tal y como está descrito, debía ser el típico tío obstinado que acaba consiguiendo lo que se propone por pesado. Su vida, absolutamente consagrada a hacer triunfar a sus hijas en el mundo del tenis sirve para engendrar el enésimo film sobre el sueño americano con discurso racial incluido.

El director, Reinaldo Marcus Green, que ya se ocupó en su anterior película (Joe Bell, 2020) de la titánica lucha de un padre para defender a su hijo gay del bullying en el instituto, repite en El método Williams un núcleo narrativo centrado en un padre absolutamente entregado a conseguir que dos de sus hijas consigan seguir “el plan” que, desde pequeñitas, ha diseñado para convertirlas en estrellas del tenis. Su dirección, tan convencional como eficaz, consigue los dos propósitos principales que enumeré en el primer párrafo: ensalzar la figura de Richard Williams y que Will Smith se luzca. En el momento de escribir estas líneas ya ha ganado el Globo de Oro al mejor actor dramático y en unos días sabremos si consigue su (más que probable) tercera nominación al Óscar.

Pero a pesar del absoluto protagonismo de Smith, la película da suficiente margen para que Aunjanue Ellis brille en el papel de la madre de las Williams y para que las jovencísimas Saniyya Sidney (Venus) y Demi Singleton (Serena) resulten muy carismáticas en sus respectivos papeles. Queda, además, espacio para que entre los secundarios encontremos un puñado de buenas interpretaciones. Especialmente bien está Tony Goldwyn (el malo de Ghost) como el primer entrenador de Venus Williams a la que aceptó entrenar gratis tras la insistencia del pelmazo de Richard en presencia de John McEnroe y Pete Sampras. También brilla Jon Bernthal como Rick Macci el descubridor de Jennifer Capriati que fue el entrenador de ambas hermanas durante varios años.

El método Williams sigue a la perfección muchos de los mecanismos del género de películas de deportes a pesar de que la competición no toma protagonismo hasta el cénit final, cuando Venus Williams disputó en Oakland su primer torneo profesional frente a Arantxa Sánchez Vicario que en aquel momento era la número dos del ranking de la WTA (aunque la película la presente como la número uno del mundo). Arantxa es interpretada por una tenista mexicana, Marcela Zacarías, que, aunque el parecido físico es solo relativo, recrea muy bien los movimientos y los gestos de la campeona española.

La película termina en el momento en el que empieza la historia conocida: el meteórico ascenso de las dos hermanas hacia la élite del tenis, los siete Grand Slams de Venus y los veintitrés de Serena que la convierten en la tenista con más títulos de la historia, lideratos del ranking de la WTA, medallas olímpicas y demás méritos innumerables en una crítica de cine.


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El método Williams

6.5

Puntuación

6.5/10

2 comentarios en «Crítica de ‘El método Williams‘: Will Smith se luce con el ascenso de Venus y Serena Williams»

  • el 29 enero, 2022 a las 11:37
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    A pesar de que es de las pocas películas que está en la cartelera del cine de mi pueblo con ésto que nos cuentas se me han quitado las ganas de verla

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