AMFF 2021. Crítica de ‘El chico más bello del mundo’: El elevado precio de la fama

Las críticas de David Pérez “Davicine” en el AMFF 2021:
El chico más bello del mundo

Cincuenta años después de su debut en el cine, nos reencontramos con Björn Andrésen o, lo que es lo mismo, el icónico Tadzio en Muerte en Venecia. El chico más bello del mundo es una película sobre la mitomanía, el abrasivo poder devorador de la fama y, en definitiva, sobre el precio de la belleza. Sin duda alguna, uno de los documentales más esperados del año. Dirigido por Kristina Lindström y Kristian Petri, podemos ver en él a Björn Andrésen, Luchino Visconti, Annike Andresen, Silva Filmer, Riyoko Ikeda, Margareta Krantz, Ann Lagerström, Johanna Lidén, Robine Román y Masatoshi Sakai, entre otros. La película se proyecta en el AMFF 2021 el día 28 de julio de 2021 y se puede ver a través de Filmin desde la misma fecha.

Un doloroso regreso al pasado

En 1970, el cineasta Luchino Visconti viajó por toda Europa en busca del chico perfecto para personificar la belleza absoluta en su adaptación de Muerte en Venecia de Thomas Mann. En Estocolmo descubrió a Björn Andrésen, un tímido adolescente de 15 años, a quien llevó a la fama internacional de la noche a la mañana y llevó a pasar un corto pero intenso tramo de su turbulenta juventud entre el Lido de Venecia, Londres, el Festival de Cine de Cannes y el tan lejano Japón.

Cincuenta años después del estreno de Muerte en Venecia, Björn nos lleva a un viaje extraordinario hecho de recuerdos personales, historia cinematográfica, polvo de estrellas y eventos trágicos en lo que podría ser el último intento de él para finalmente volver a encarrilar su vida.

Un casting que cambió su vida

Björn Andrésen saltó a la fama al ser elegido como Tadzio, el atractivo joven que despierta una profunda pasión en Gustav von Aschenbach, interpretado por Dirk Bogarde, en Muerte en Venecia. La obsesión de este adulto a menudo se ha podido interpretar como pederastia, pero el propio Visconti dejó claro que no había riesgo de caer en lo sexual, pues eso seria una falta grave, siendo una historia de amor puro, ni sexual ni erótica, una forma de amor superior, la perfección en el amor, y en el contexto de la película Tadzio representa mucho más que un objeto de lujuria.

La película nos muestra cómo fue la elección de este joven actor. En una sesión de casting, un chico de 15 años llega ante la atenta mirada de Visconti. Es guapo, tranquilo y casi delicado, y Visconti lo imagina como Tadzio en su mente, le pide que se quite la parte de arriba y pasee por la habitación. La reacción del joven es la que cabría esperar en ese momento, haciendo una pausa, inseguro de lo que se le pide, y preguntando si realmente quieren que se quite el jersey y se quede semidesnudo. Finalmente pasea por la habitación sin nada arriba, con una sonrisa tímida. Visconti considera su belleza, físico y edad, pues es mayor de lo que esperaba para la película, e incluso más alto, pero quedó cautivado por este tímido adolescente.

La presión que este joven de 15 años debió sentir al ser elegido por Visconti como “el chico más bello del mundo” es algo que incluso en aquel momento era evidente que sucedería. Su imagen ya no era suya, se convirtió en el rostro de una película rodeada de polémica y adoración, y durante tres años sería la imagen que el cineasta quería para su película. El chico más bello del mundo señala el casting de Andrésen como el momento que cambiaría su vida para peor, y efectivamente vemos los efectos dañinos que tuvo pero, años después de ser elegido para la película de Visconti, una tragedia le cambió aún más la vida.

Un juguete roto, como tantos otros

La vida de Andrésen, como la de muchos juguetes rotos, estuvo plagada de tragedias. Los efectos del circo mediático que sobrevino fueron devastadores para un joven tímido que todavía intenta encontrar su lugar en el mundo. El documental se recrea y consigue los mejores momentos cuando vemos cómo Andrésen fue decepcionado por los adultos en su vida, especialmente su abuela, una mujer egoísta y hambrienta de fama. En un momento particularmente cruel, unas imágenes de archivo de una rueda de prensa de Cannes muestran a Visconti bromeando sobre cómo Andrésen, en ese momento de 16 años, ya no es tan hermoso. Los periodistas se ríen mientras el joven parece perdido al no entender el idioma. Considerar a las personas como objetos generadores de dinero es algo de lo que la industria ha sido culpable durante décadas.

Andrésen hoy está irreconocible, transformado en un tranquilo y vulnerable hombre de más de 60 años, al borde de las lágrimas en muchas situaciones, y sigue siendo en parte como ese niño dependiente pero con un halo de fantasma de pelo blanco que vaga por el pasado. Es duro ver cómo nos lo muestran viviendo en un piso mugriento, en riesgo de desalojo, que su novia, con quien tiene una completa relación, le ayuda a evitar.

La primera imagen de la versión adulta de Björn en su pequeño apartamento es impactante. Para Björn, este desorden de su caótica casa representa un trauma no resuelto. Nos llevan a conocer mejor su mundo, su propia identidad y sus emociones, todavía atormentadas por Tadzio, bajo la permanente sombra de la desaparición y muerte de su madre, y aún más hundido por un fallido matrimonio fallido y la muerte de su segundo hijo.

Un viaje por el mundo y por su interior

Es complicado conseguir ciertos planos y declaraciones, siendo evidente que existe una profunda confianza entre Björn y las codirectoras Kristina Lindström y Kristian Petri, y queda patente una profunda valentía por parte de Björn al dejar que las cámaras entren en su vida. Sorprende que, a pesar de ser un documental que aborda su vida, es bastante reservado, y debemos llenar los vacíos, particularmente sobre su tiempo como un joven ya adulto en París (donde fue mantenido por un hombre con motivos, cuanto menos, dudosos), y sus dos últimas décadas (de las que casi no sabemos nada y tampoco nos lo cuentan).

De la época que más nos cuentan es cuando Andrésen se convirtió en una estrella en Japón, donde grabó varios temas musicales, hizo muchos anuncios promocionales para diferentes marcas e incluso inspiró una serie de anime bishonen. Recuerdos que revive de primera mano el protagonista y así podemos ver el reencuentro con su manager Max Seki o una charla con la dibujante de shôjo manga Riyoko Ikeda, quien popularizó la serie La rosa de Versalles con una protagonista a semejanza de Andrésen, incluso en la parte emocional.

Si bien los detalles sórdidos apenas son necesarios para mostrar a Andrésen y sus experiencias, es curioso ver cómo eluden sus sentimientos reales sobre Visconti o cómo pudo hacer frente a las atenciones de los hombres durante muchos años, pero sí que nos muestran que algo más quedó marcado en él a través sus problemas íntimos con una pareja mucho más joven. Es un documental profundamente personal que no rehúye abordar temas delicados, aunque muchas de las piezas de este complejo puzle las debamos completar nosotros.

Su carrera como actor posterior a Muerte en Venecia, que continúa hasta nuestros días, apenas se menciona, aunque tampoco es que haya trabajado demasiado en el cine y televisión, pero al menos vemos trabajos recientes a través de imágenes de producción, como en el éxito de terror Midsommar (2019). Al darnos cuenta que habían pasado casi cincuenta años en la vida de Björn Andrésen entre Muerte en Venecia y Midsommar despertó un renovado interés por él, y ahí es donde encaja este documental para que conozcamos mejor lo qué ha pasado por la cabeza de Björn en estos años más que por su propia vida.


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El chico más bello del mundo

8.5

Puntuación

8.5/10

David Pérez "Davicine"

Informático de profesión, cinéfilo de afición. Bloguero, tuitero y todo lo que me permita comunicarme. En mis ratos libres escribo en esta web, y me dejo ver en RTVCyL. Twitter e IG: @davicine79.

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