Crítica de ‘Sweat’: La vida artificial

Las críticas de Daniel Farriol:
Sweat
 
Sweat es un drama polaco escrito y dirigido por el sueco Magnus von Horn (Después de esto (The Here After)). Es la historia de Sylwia Zając, una motivadora de fitness que se ha convertido en toda una celebridad en las redes sociales donde tiene miles de followers. Sin embargo, en su vida cotidiana, busca encontrar una intimidad verdadera que no tiene. Está protagonizada por Magdalena Kolesnik (Marygoround, Kamienie na szaniec), Julian Swiezewski, Aleksandra Konieczna (Corpus Christie), Zbigniew Bielawski, Lech Lotocki, Magdalena Kuta, Wiktoria Filus y Katarzyna Cynke. Tras su paso por el Festival D’A 2021 se ha estrenado en salas de cine españolas de la mano de Elamedia el día 21 de Mayo de 2021. 
 

Las dos caras de la influencer

Sweat es un filme que hace un acercamiento poco habitual al mundo de internet y de las redes sociales, evitando caer en la mera demonización sobre los peligros de su uso en las relaciones sociales. La protagonista de la película es Sylwia Zając, lo que vendría a denominarse hoy día como una influencer. Su trabajo consiste en vivir enganchada las 24 horas del día a su móvil. Allí tiene que ofrecer contenidos atractivos a diario para su fiel legión de fans que la admiran tanto por su aspecto físico como por sus ejercicios de fitness. También la siguen realizando otras tareas más cotidianas como prepararse un zumo energético o abrir en directo regalos que recibe por parte de los patrocinadores. Tiene más de 600.000 seguidores en Instagram, pero cuándo llega a su lujoso apartamento y apaga su smartphone, la única compañía que tiene es la de su fiel perro Jackson. Se podría decir que la obsesión por los likes le llevan a desatender otros aspectos de su vida.
 
En su segunda película como director, el sueco Magnus von Horn, no realiza ningún juicio de valor sobre su protagonista. Todo lo contrario, busca acercarse y traspasar más allá de la pantalla del móvil para ver quién es en realidad. Y lo que descubrimos no sería demasiado diferente a cualquier otra persona con la que nos cruzamos por la calle. Las convenciones sociales o nuestras propias inseguridades, desde siempre, han hecho que interactuemos con una máscara que no siempre se corresponde con nuestra verdadera personalidad. Los nuevos tiempos y las nuevas formas de relacionarse a través de las redes, muchas veces desde el anonimato, han potenciado esa dicotomía entre lo que somos y lo que aparentamos ser. 
 

La honestidad es un don preciado

En Sweat acompañaremos durante tres intensos días a una motivadora de fitness. La veremos entrenar duro, comer sano, hacer directos para contestar las preguntas de su fans o asistir a eventos como si fuera una estrella de Hollywood. Siempre con una sonrisa, siempre con una apariencia perfecta, siempre feliz. Cuando un día tiene un bajón y se graba confesando que se siente sola y que necesitaría a alguien a su lado con quién compartir su vida, el vídeo se hace viral. Las marcas que la patrocinan se ponen nerviosos porque no da la imagen que necesitan para su producto. Ella en sí misma se ha convertido en un producto de marketing donde no caben las fisuras emocionales. Vemos que la crítica implícita en la película no va dirigida tanto a las personas que deciden vender su intimidad si no a quiénes les juzgan o utilizan por ello. Una clara muestra es el patrocinador de comida sana que le entrega sus productos en recipientes de plástico y ella muestra un actitud de rechazo por considerarlo una contradicción.

Ahí radica otra de las cuestiones que se desarrolla en la película. Si te has convertido en alguien seguido por miles de personas nunca debes perder la honestidad en lo qué haces. Eso sirve para youtubers e instagramers como referentes de las nuevas generaciones y cuyas acciones muchos no entendemos, pero hay que reconocer que nosotros también tuvimos nuestros referentes motivacionales en actores, cantantes u otros famosetes de los que nos importaban sus opiniones al margen del trabajo que realizaban. Tampoco ha cambiado tanto la cosa, son los avances tecnológicos los que lo magnifican todo, para bien y para mal.   

El rechazo familiar

El director Magnus von Horn nos sumerge en la mente de la influencer haciendo un seguimiento exhaustivo con su cámara al rostro y cuerpo de Magdalena Kolesnik. La actriz polaca está espléndida. Realiza un trabajo complejo en el que desnuda un gran abanico de emociones internas que pocas veces expresa a través de la palabra. Los constantes primerísimos planos de ella pueden resultar abrumadores e incluso irritantes. La belleza de la chica se desdibuja y se transforma con el movimiento. Hay un trabajo estético muy directo e interesante que transmite los cambios emocionales del personaje a través de la puesta en escena. El tratamiento colorista de la fotografía por parte de Michal Dymek (Nocturnal, Un atardecer en la Toscana) también contrasta con la tristeza interior y la sensación de abandono que siente la protagonista.

Existen dos subtramas esenciales en Sweat. La primera es la relación de la influencer con su madre, una fantástica Aleksandra Konieczna, que queda culminada con la secuencia de la fiesta de cumpleaños. Sylwia busca el cariño maternal a través de regalos materiales, pero está claro que a su progenitora no le hace demasiada gracia la profesión que tiene y la menosprecia en ese sentido. Son mentalidades que pertenecen a generaciones distintas, algo que vemos con claridad al abordar el tema del acosador y esa culpabilización de la víctima. Hubiera sido interesante explorar más en profundidad esta relación de la que solo recibimos un esbozo. La frustración para la influencer es no ser venerada por su madre tal y cómo sucede con sus fans.  

El acosador nocturno

La otra subtrama que adquiere gran importancia es la del acosador que tiene la influencer. Un hombre solitario y patético que se obsesiona con la chica y decide seguirla más allá de sus publicaciones en redes. Suele aparcar su coche enfrente del portal dónde vive la chica. Un día cuando ella saca a pasear al perro descubre que el hombre la observa fijamente y que se está masturbando en el interior del vehículo. Una acción repulsiva que posteriormente tendrá su contrapunto en un momento de gran violencia física y emocional. El cuerpo de la mujer reducido a un mero objeto sexual. La imagen sexualizada y violable sobre la que pergeñar nuestras fantasías más íntimas. Precisamente, el otro día, leía estupefacto en un hilo de twitter cómo muchas chicas (amigas y conocidas virtuales) comentaban el número de veces que habían tenido que enfrentarse a experiencias parecidas tan desagradables y en los lugares más insospechados. 

Lo curioso (y controvertido) de la película es que el director tampoco realiza un linchamiento a ese personaje. Es alguien con quién la protagonista incluso tiene un acercamiento que le reconforta para reencontrarse así misma. El discurso final en el plató de televisión destripa la moraleja de la película. Sweat es una experiencia sensorial que te sacude y te obliga a replantearte temas incómodos. Solo por eso ya vale la pena. Además, es un filme enérgico que muestra una realidad actual desde un punto de vista diferente al habitual. Y sobre todo, nos encontraremos ante una interpretación impecable de Magdalena Kolesnik, en su primer papel importante, una actriz que habrá que seguir muy de cerca.

 

¿Qué te ha parecido la película?

Sweat

7.5

Puntuación

7.5/10

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: