Crítica de ‘Mía y Moi’: Obra de cámara para cuatro actores y una masía

Las críticas de José F. Pérez Pertejo : 
Mía y Moi
 

Llega a las salas de cine, tras su paso por el D’A Film Festival de Barcelona, Mía y Moi, el debut en la dirección de Borja de la Vega tras una larga trayectoria en la distribución cinematográfica y la representación de actores. Y es precisamente esta última labor, en estrecho contacto con intérpretes, la que ha debido influirle para que su primera película sea, fundamentalmente, un film de actores. De hecho, de la Vega, autor también del guion, sitúa su historia en un único espacio: una masía aislada de la civilización (apenas hay cobertura telefónica) en la que presenta a sus (únicos) cuatro personajes.

A los hermanos Mía (Bruna Cusí) y Moi (Ricardo Gómez) que dan título al film, les acompaña el novio de este último, Biel (Eneko Sagardoy) en lo que se supone que será una estancia terapéutica pasando unos días de tranquilidad y sosiego para recuperarse (al menos parcialmente) del dolor de la reciente pérdida de su madre y, en el caso de Moi, de un cuadro psiquiátrico que supera claramente el ámbito clínico de la depresión.

Borja de la Vega compone un primer acto en el que, además de presentar a sus tres personajes centrales, esboza sutilmente, a pinceladas, el trasfondo vital de cada uno de ellos, apoyándose especialmente en el vínculo afectivo entre los dos hermanos que se aleja de ciertos convencionalismos para ir un poco más allá de lo fraternal. El personaje de Eneko Sagardoy asiste, como espectador invitado, a este duelo íntimo, a este proceso de reconstrucción en el que ambos hermanos se lamen las heridas sin atreverse demasiado a escarbar en un pasado que sigue latente en su estado emocional.

Superado este primer tercio del film, Borja de la Vega introduce a un cuarto personaje, Mikel (Joe Manjón), el ex novio de Mía, que, desde un punto de vista dramático, funciona como el detonante de la acción, el elemento que romperá el clima de estabilidad creado entre tres personajes bien avenidos y cuya única pretensión era el retiro y la calma. Las respuestas que despierta este personaje de naturaleza agresiva, violenta incluso, en los otros tres, ocupará la parte central del film. Los vínculos afectivos entre todos los personajes se alteran por la presencia de este elemento distorsionador y, cada uno sacará a relucir, en mayor o menor medida, sentimientos y pulsiones latentes que permanecían ocultas.

Finalmente, tras estos dos actos clásicos y en cierto modo preparatorios, Borja de la Vega desata los acontecimientos y el drama en un tercer acto potente y perturbador que, sin abandonar del todo su naturaleza de drama intimista, coquetea con el thriller de género. Como es lógico no resulta conveniente hablar de lo que ocurre en este acto final, pero a pesar de un mayor peso de la acción, Mía y Moi sigue siendo una película de personajes, casi una obra de cámara, sustentada por el buen hacer de sus protagonistas que sostienen incluso los momentos más pausados y anodinos del film gracias a la naturalidad y credibilidad de sus interpretaciones.

Bruna Cusí (Verano 1993), única presencia femenina, ejerce el peso de tres vínculos totalmente diferentes con cada uno de los tres personajes masculinos, desde el amor fraternal, un tanto opresivo, que mantiene con su hermano hasta el amor tóxico teñido de deseo con Mikel pasando por la complicidad de la amistad con Biel. Cusí, como en casi todos sus personajes, interpreta de dentro a fuera con una naturalidad y autenticidad que son, sin duda, su mejor baza. Algo parecido ocurre con Eneko Sagardoy (Handía) en un papel con ciertas similitudes (más allá de su sexualidad) con el que interpretó en Patria en el que, nuevamente, hace valer su dulzura y su sensibilidad para resultar empático al espectador en todo momento. A Ricardo Gómez (1898. Los últimos de Filipinas) le toca bailar con la más fea pues su papel es, incuestionablemente, el más difícil. Gómez sale airoso del envite sin caer en los estereotipos interpretativos de los enfermos psiquiátricos a pesar de que, en algunos momentos aislados, su interpretación se acerque más a registros teatrales que cinematográficos. Joe Manjón sí que, por el contrario, interpreta un claro estereotipo durante la mayor parte del film aunque se deba, más que nada, a cómo está concebido su personaje en el guion.

Mía y Moi es un film intimista sobre el peso de la herencia familiar en su doble vertiente material y emocional, sobre el dolor de la pérdida, sobre los miedos y las inseguridades emocionales con las que hemos de afrontar las relaciones afectivas y sobre los diferentes tipos de amor. Borja de la Vega ha escrito una obra sutil y delicada, en los que los ecos del pasado se intuyen más que se muestran de modo explícito, que ha situado en un hábitat de aislamiento y filmado con sensibilidad y buen oficio. Un debut más que notable.


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Mia y Moi

6.5

Puntuación

6.5/10

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